“GAZ”: Una herida entre la vida y la muerte

La presente obra es el relato íntimo de la madre de un terrorista, una reflexión sobre la vida y la muerte de su hijo, en un intento lúcido por comprender tanto por qué éste hizo lo que realizó, como las motivaciones que lo llevaron a hacerlo. Es una pieza dramática que nos apela respecto de la relación entre padres e hijos, que invita a reflexionar en relación a la condición humana, acerca del motor que nos mueve, y en torno al camino que transitamos en la época actual.

Por Jessenia Chamorro Salas

Publicado el 7.1.2018

Vuelve esta temporada el último montaje de la compañía Teatro Magdalena, GAZ, dirigida por Guillermo Ugalde, director de obras tales como Clavo crudo a dos centavos (2014) y Lamedero (2016), protagonizado por la destacada actriz y también directora, Heidrun Breier (Banal 2015, Delirio 2016, Marx 2017), quien interpreta con profunda sensibilidad y expresividad el texto escrito por el premiado escritor flamenco, Tom Lanoye, autor de algunas de las obras Fortunate Slaves 2013, La fortaleza Europa 2005, entre otras.

GAZ es el relato íntimo de la madre de un terrorista, una reflexión sobre la vida y la muerte de su hijo, en un intento lúcido por comprender tanto por qué éste hizo lo que hizo, como las motivaciones que lo llevaron a hacerlo. Un intento elocuente por construir un hilo conductor que “explique” las circunstancias biográficas que envuelven el accionar de su hijo. La madre nos hace transitar por la vida de su único hijo, desde su nacimiento por medio de una cesárea, herida que marca su separación y los une de por vida, pasando por su niñez, los problemas clásicos de la adolescencia, la juventud impetuosa e intrépida, hasta su muerte en un enfrentamiento con la policía, luego de que diera muerte a centenares de personas a causa de una bomba de gas venenoso.

Tal recorrido va configurando la bildungsroman [1] de un héroe contemporáneo con características trágicas y románticas, sin evidenciar un juicio moral o ético, sino solo mostrando la perspectiva de una madre que no entiende qué llevo a su hijo a realizar tal acción, una madre que tras el violento alumbramiento en donde ella y su hijo estaban unidos, fue sintiendo cómo poco a poco, su hijo se fue distanciando de ella, hasta ya perderlo por completo tras su muerte. Solo le queda a esta madre, una breve carta de despedida, y el recuerdo de la imagen de su hijo muerto, cuya estática belleza la sobrecoge.

¿Por qué su hijo se convirtió en terrorista? ¿Qué hizo o dejó de hacer la madre que pudiera haber afectado a tal punto a su hijo? Su relato afronta críticamente múltiples especulaciones, cuestionando a los medios de comunicación, cuyo carácter incisivo los ha llevado incluso a culpar a la cesárea por la que ha nacido y que habría marcado su destino, y que escudriñan cuales aves carroñeras la biografía de su hijo muerto. Además, cuestiona al sistema educativo que coarta las subjetividades, así como también, al exceso de información, usos y abusos del internet, que llenaron la cabeza de su hijo de íconos e ideologías problemáticas, sin que ella pudiese siquiera hacer algo al respecto. De esta manera, el relato que realiza esta madre del terrorista cuyo nombre desea mantener en silencio, tensiona los relatos externos que demonizan y/o sacralizan la figura de su hijo, pues para ella él no fue un emblema de luchas ni ideologías, ni un terrorista que asesinó a centenares de personas solo por una maldad y perversión antinaturales, él era simplemente su único hijo, al cual crió sola, con las ventajas y desventajas que aquello implica, en un contexto álgido que, habría determinado a su hijo, según las especulaciones que han realizado los periodistas e historiadores.

El relato del personaje interpretado hondamente por Breier, se va transformando en el cuasi evangelio de una María que narra el Vía Crucis de su hijo, desde su nacimiento hasta su deceso, problematizando el recorrido existencial que éste realizó, el ímpetu de su juventud exacerbada e (in) consciente del peligro que implica su lucha; así como también, enfrentándose al espejo de su propia maternidad, la relación que estableció con su hijo y la influencia positiva o negativa que pudo haber tenido en su recorrido. De este modo, el relato se torna testimonial, entrecruzando biografía, contextos y temporalidades en una crítica sociopolítico y cultural, íntima y dolorosa, envuelta en una reflexión sobre la maternidad como umbral entre la vida y la muerte.

Ahora bien, técnicamente, la realización escénica se nutre de una multimodalidad que la enriquece, utilizando tanto la proyección de imágenes, como sonidos que dotan a la escena de una intimidad conmovedora a través del micrófono que cuelga sobre una mesa a modo de radiotransmisor, el que se convierte en un amplificador del sonido que produce la actriz con un arco de violín. Otro aspecto que resulta fundamental de considerar es la iluminación, la cual enfoca a la actriz de manera tal que enfatiza el carácter testimonial de su relato. Por último, el trabajo realizado con el vestuario y caracterización que va realizando la actriz, implica una arista que se aborda de soslayo, el de una teatralidad consciente de sí misma y del trabajo escénico que realiza, sugiriendo una doblez en la corporalidad de la actriz.

GAZ, causa y consecuencia tanto de la muerte del hijo como del relato de la madre, es una obra que nos apela respecto de la relación entre padres e hijos, invita a reflexionar sobre la condición humana, el motor que nos mueve, y el camino que transitamos en la época actual.

 

[1] Se refiere al subgénero narrativo de formación y aprendizaje, en donde el protagonista, usualmente masculino, se desarrolla y aprende a desenvolverse en las normas sociales, usualmente envuelta en máscaras e imposiciones, alcanzando finalmente la madurez.

 

 

Ficha técnica:

Sala: Teatro Taller Siglo XX Yolanda Hurtado
Fecha de las funciones: Desde el 4 hasta el 14 de enero 2018
Horarios: Jueves, viernes y sábado a las 21:00 horas, domingo a las 19:30 horas
Entradas: $6.000 General y $4.000 Estudiantes y tercera edad

Dirección: Calle Ernesto Pinto Lagarrigue Nº 131, Barrio Bellavista, comuna de Recoleta, Santiago

Autor: Tom Lanoye

Compañía: Teatro Magdalena

Dirección: Guillermo Ugalde

Elenco: Heidrun María Breier

Diseño Sonoro: Pablo Aranda y Guillermo Ugalde

Diseño Integral: Toro

Diseño Gráfico: Javier Pañella

Fotografía: Alvaro Hoppe

Traducción: Micaela Van Muylem

Producción: Inés Bascuñán

 

Crédito de las fotografías: Teatro Taller Siglo XX Yolanda Hurtado