“Viento salvaje” (“Wind River”): La incombustible voluntad de vivir

El largometraje dirigido por Taylor Sheridan -estrenado mundialmente en el Festival de Cine de Sundance- nos conmueve, y no solo por tratarse de un thriller con características de drama, sino por los diferentes niveles de análisis y reflexión que trae consigo.

Por Francisco Marín-Naritelli

Publicado el 5.12.2017

“Es necesario aquí dejar todo recelo; toda cobardía es necesario que aquí muera”.
Dante Alighieri

Nieve. Silencio. Y más nieve. Un cuerpo congelado en pleno invierno. La determinación por vivir a pesar de todo. “Viento salvaje” (2017), la película dirigida por Taylor Sheridan,  estrenada mundialmente en el Festival de Cine de Sundance, nos conmueve, y no solo por tratarse de un thriller con características de drama, sino por los diferentes niveles de análisis y reflexión que trae consigo.

Un lugar casi inaccesible, agreste, indómito. La Reserva Indígena Wind River en Wyoming (USA). La muerte de Natalie Hanson (18 años), una joven nativo americana, que es encontrada congelada y sin zapatos. Una investigación, una búsqueda en la que se vuelve indispensable la ayuda de Cory Lambert, un agente del Servicio de Pesca y Vida Silvestre, azotado por los recuerdos (y la culpa) de su hija muerta.

Pero vamos por parte. Partamos por el contexto. Aquí lo consideramos en una doble condición, física y social. El contexto físico, claro está, opera como un enclaustramiento, una prisión insoslayable, ya que se trata de un paisaje desolado, frío, nada benigno, un verdadero “infierno blanco” rodeado de montañas, árboles y animales salvajes. El contexto social, en correspondencia con lo anterior, presenta un mundo marginal, que convive entre aquellos que aceptan su destino, y hacen lo posible por sobrevivir; y los que sobreviven sin aceptar su destino (por ejemplo, los empleados de una refinería de petróleo, o los traficantes de droga).

En segundo lugar, la muerte de  Natalie Hanson se enmarca en el interés manifiesto del director Taylor Sheridan, quien ganó la Palma de Oro al Mejor Director, por retratar la vida, las condiciones adversas y el olvido de la población nativa americana, más aún en un EE.UU que bien sabe de tensiones raciales. La historia de Natalie Hanson es también la historia de una voluntad superior, la voluntad de vivir. De hecho, 10 kilómetros alcanzó a correr Natalie en medio de la nieve y el frío, descalza y sin las provisiones necesarias, luego de ser atacada y violada por los compañeros de trabajo de Matt, su novio, también asesinado.

Finalmente, la investigación no es posible sin la intervención de Cory Lambert, protagonista de la película, quien junto a la novata agente del FBI, Jane Banner y la policía local, emprenden el camino para dilucidar las muertes de Natalie y Matt. Cory es un cazador, y como tal, sabe qué buscar y dónde buscar. Con el agregado de la culpa, la culpa por la muerte de su propia hija, amiga de Natalie. En una de las escenas finales, Cory le asegura a Jane, lo que a la postre representa el sentido del largometraje, “la suerte no existe aquí… Aquí sobrevives…o te rindes. Eso lo determina tu fuerza y tu espíritu”.

 

Diez kilómetros alcanzó a correr Natalie en medio de la nieve y el frío, descalza y sin las provisiones necesarias, luego de ser atacada y violada por los compañeros de trabajo de Matt, su novio, también asesinado

 

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