«La escena de la corona invertida»: El regreso de Margarita Dittborn

El fotomontaje digital en pantalla -inspirado en el personaje histórico de Javiera Carrera Verdugo- fue realizado por la artista visual chilena para un proyecto individual llamado «Seamos los mismos huesos», el cual se encuentra en proceso de gestación y será próximamente enseñado al público. Esta obra en particular se exhibe hasta el martes 2 de julio en la Fundación Cultural de Providencia.

Por Cine y Literatura

Publicado el 1.7.2019

El proyecto de la emblemática artista visual de la Generación del Bicentenario, Margarita Dittborn Valle (nacida en Santiago en 1981) gira en su totalidad desde lo autobiográfico -en torno a las problemáticas de la maternidad contemporánea-, y se gesticula en esa idea a través de una propuesta concreta, en pro de la fusión entre las figuras de la madre proveedora y la madre presente, unidas mediante un engarce estético y personal por la figura histórica y trascendental de la denominada -por el historiador Juan Luis Espejo- como la «matrona de la independencia de Chile», Javiera de la Carrera y Verdugo (1781 – 1862).

El fotomontaje digital La escena de la corona invertida (que recuerda al óleo sobre tela En el balcón, de Pedro Lira) es un adelanto creativo vital de lo que será la futura exposición de Seamos los mismos huesos, un trabajo individual que se encuentra en pleno período creativo, y el cual será mostrado al público dentro de un tiempo cercano, por parte de Dittborn Valle.

A continuación, transcribimos el texto curatorial escrito por su misma autora a raíz de la exhibición del citada obra inspirada en el bordado de la primera bandera nacional, la de la Patria Vieja (1810 – 1814), efectuado por Javiera Carrera, y cuyo contenido escritural puede apreciarse asimismo -y distribuido de manera gratuita en un folleto- en las instalaciones de la Fundación Cultural de Providencia:

«Javiera Carrera es un retrato hablado que podemos encontrar -tanto en escritos de carácter romántico, como en la historia documentada- descrita como una mujer que parece fuera de su época, como quien desciende de una nave, proveniente de quién sabe dónde, pero evidentemente otro lugar distinto al lugar y tiempo en los cuales habitó», explica Dittborn en su ensayo.

«Esta mujer se adapta a la vida de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, en el lugar que entonces aún era -aunque Patria en período de gestación- también parte del Reino de España; un lugar que pertenecía a otro lugar. Si le era ajeno el Chile criollo, ¿cómo no iba a serle también ajeno un Reino lejano?», se pregunta la artista visual.

«Esta Javiera no entiende mucho cual es el rol en la sociedad de ese momento, Y es que, ¿a qué sociedad pertenecía? Se pregunta eso. Y a a pesar de reconocer que cada cosa es única y corresponde a cierta naturaleza propia, también entiende la cultura del mestizaje. Eso que eran y no eran, lo que querían ser y no podían. Culturalmente hablando, nuestra sociedad era la de los hijos de padres distintos, por decirlo de alguna forma», argumenta en su texto la creadora.

«Pese a que cada logro histórico -grande o pequeño- debe ser entendido en su contexto, hoy Javiera se sitúa frente a sus ojos con los ojos míos, ojos de artista con una visión -probablemente tergiversada y cargada de carácter emotivo- como una Javiera de ahora», anuncia Margarita Dittborn.

«A esta Doña Javiera le parece absurdo bajarse de una nave para bordar la primera bandera Patria. Una bandera patria, claro, pero con hilos importados desde España, sobre telas también traídas desde España».

«Esta Javiera hila como las mujeres mapuche, para posteriormente tejer desde cero. Y mientras hila, decide usar la chaqueta de su hermano y así sentir -desde el disfraz del poder del Patriarcado- que está hilando Patria (o bien Matria, como se dice actualmente)», se aventura la autora.

«Lo que se conserva como repetición de otros retratos de ella es el velo; en esta caso la poética de lo oculto, la idea gestándose desde un espacio íntimo y libre, una estrategia de no develar el plan hasta llevarlo a cabo».

«La señora Carrera en su nave de ideas, desciende ahora, para quedarse estática frente a ustedes; y con esto, darles tiempo de observarla en la escena. Nos hace un maravilloso regalo; y este regalo que nos ha hecho no es solamente la belleza de sus rasgos y la feminidad de sus gestos (bajo una mirada contemporánea, eso la reduciría a un objeto). Ella nos ofrece ideas. Si observamos con cuidado cada pequeña situación en la imagen, nos daremos cuenta de que ella es una idea en sí misma», recalca con énfasis la creadora nacional.

«El regalo es una Javiera pensante, descolonizada, anti imperialista, medianamente travestida y feminista», reflexiona la también artista visual comprometida.

«Existe un tiempo para mirarla, también para dejar de verla y reencontrarse alguna vez con la misma imagen».

«¿Será que viviremos para cuando todas estas luchas, incipientes en el siglo XIX -y ahora más efervescentes y elaboradas en sus discursos- sean más propositivas y por lo tanto sean luchas ya ganadas?», concluye interrogándonos Dittborn Valle en el texto.

El fotomontaje digital en pantalla La escena de la corona invertida se exhibe en la Fundación Cultural de Providencia hasta este martes 2 de julio.

 

Fotografía distribuida con el texto curatorial al reverso en la Fundación Cultural de Providencia

 

 

«La escena de la corona invertida»

 

 

«La escena de la corona invertida»

 

 

«La escena de la corona invertida»

 

 

«La escena de la corona invertida»

 

 

Crédito de las fotografías utilizadas: Diario Cine y Literatura.