Icono del sitio Cine y Literatura

[Aniversario] «Agua viva»: Las confesiones musicales de Clarice Lispector

Esta novela de la escritora brasileña —la cual acaba de reeditar Siruela en castellano, a modo de homenaje por el centenario de su nacimiento— es un paseo por las manifestaciones artísticas que se tienen como apoyos existenciales y afectivos, y una exploración del espíritu creativo a través de sus formatos.

Por Nicolás Poblete Pardo

Publicado el 18.11.2020

“Mucho más allá del pensamiento tengo un fondo musical”.
Agua viva, Clarice Lispector

Agua viva (1973), de Clarice Lispector (1920 – 1977) , es una de sus narraciones tardías y, en ella, la brasileña que este diciembre cumpliría 100 años, vuelve a recurrir a la experimentación para poner a prueba los límites de su ficción, en un profundo análisis del ‘it’, la búsqueda de esa elusiva e inclasificable chispa, que es la que insufla de animación a nuestro misterio, un enigma impersonal y trascendente que se revela a modo de iluminaciones.

Agua viva resiste la noción de trama; se trata de una carta y reflexión que tampoco es exactamente un ensayo. A través de esta carta de una mujer a un hombre (esa es una de las pocas marcas claras que nos proveen un contexto —también hay una distante empleada doméstica en las inmediaciones donde la mujer escribe su misiva—) la voz narrativa se sumerge en una indagación espiritual.

Desde su centro, la creadora concibe la conformación de su propio, particular universo, que es el de su propia existencia, así como de las conexiones posibles de establecer con otros seres. Como esta es elusiva, el arte abstracto le sirve de base para poner en marcha su investigación, pero, prontamente, vemos que tampoco él resulta un mecanismo fidedigno.

Gran parte de la novela es este cuestionamiento respecto al arte como herramienta para alcanzar a cristalizar un sentido. La música, por ejemplo, es uno de los acercamientos que ameritan admiración: “No se comprende la música, se escucha. Escúchame entonces con todo tu cuerpo”.

Una serie de analogías son ejercitadas para transformar la representación pictórica en lenguaje escrito: “¿Lo que he pintado en esa tela es susceptible de ser fraseado? Tanto como la palabra muda puede estar implícita en el sonido musical”.

Y, poco a poco, como es habitual en la narrativa de Lispector, vemos que los intentos resultan imprecisos, muchas veces frustrantes o imposibles, dando espacio para la instalación del silencio. La voz reconoce: “Mis desequilibradas palabras son el lujo de mi silencio”. O: “Profundizo en las palabras como si pintase, más que un objeto, su sombra”.

El aprendizaje es silencioso, ocurre en la introspección más secreta, una idea explorada en toda su obra, notablemente en su novela experimental Aprendizaje o el libro de los placeres. A pesar de que la trama se deposita en la relación de una pareja, Lori, su exquisita heroína, se proyecta en un camino de singularidad.

Ella es una criatura “más lunar que solar” que goza dándose baños de rayos lunares, tal como “había quienes tomaban baños de sol”. Solo después de estos íntimos baños lunares, “quedaba profundamente límpida”.

En Agua viva, la creadora dice: “Nadie sabrá nada, lo que sé es tan volátil y casi inexistente que queda entre mí y yo”. Y, a pesar de esto, su esfuerzo consiste en comunicarse con este hombre que ha irrumpido en su historia: “Te transmito no una historia, sino sólo palabras que viven del sonido”.

Agua viva es un paseo por las manifestaciones artísticas que tenemos como apoyos, una exploración del espíritu a través de sus formatos. Y es una incursión hacia terceras dimensiones; hacia la consideración de otros seres donde el arte se presenta como mera presencia física, convocando formas que se organizan como unidades misteriosas, insondables y portadoras de símbolos.

La lectura de estos símbolos es incluso una desventaja de la mente analítica, que no puede sino pesquisar, mientras que la perfección de los organismos radica en su mera sencillez, donde no caben dudas ni especulaciones. Cuerpos activos, pulsantes, cuya energía es puro tiempo presente.

Con alucinante lucidez, la voz se lamenta: “No haber nacido animal es mi secreta nostalgia”. Esta identificación con el reino animal, con su comunicación vital, en estado actual, también es un sello de Lispector y va acompañado de un tránsito hacia el ser–en–el–mundo como un individuo autónomo. Es lo que le hace escribir: “Ahora lo sé: soy sola”.

Lispector modula con virtuosismo sus reflexiones existenciales, haciéndolas caer al escenario terrenal y aproximándonos a un dilema del que todos somos parte. ¿Qué vemos cuando nos miramos al espejo? ¿Qué es un espejo?:

“Un espejo no es una cosa creada sino nacida. No son necesarios muchos para obtener la mina centelleante y sonámbula y uno refleja el reflejo de lo que otro reflejó, con un temblor que se transmite como un mensaje telegráfico intenso y mudo, insistente, una liquidez en la que se puede sumergir la mano fascinada y retirarla chorreando reflejos de esa dura agua que es el espejo”.

Agua viva nos da otra entrada al particular abismo que es la escritura de Lispector. En la novela vemos panteras también, ritos, rituales con fuego, animales: son los ingredientes de un hechizo. En esta dimensión no hay conclusión posible.

Las últimas líneas dicen: “Aquello que será después es ahora. Ahora es el dominio del ahora. Y mientras dura la improvisación yo nazco”. Y: “Lo que te escribo continúa y estoy hechizada”.

 

***

Nicolás Poblete Pardo (Santiago, 1971) es periodista, profesor, traductor y doctorado en literatura hispanoamericana (Washington University in St. Louis).

Ha publicado las novelas Dos cuerposRéplicasNuestros desechosNo me ignoresCardumenSi ellos vieranConcepcionesSinestesia, y Dame pan y llámame perro, y los volúmenes de cuentos Frivolidades y Espectro familiar, y la novela bilingüe En la isla/On the Island. Traducciones de sus textos han aparecido en The Stinging Fly (Irlanda), ANMLY (EE.UU.), Alba (Alemania) y en la editorial Édicije Bozicevic (Croacia).

Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

 

«Agua viva», de Clarice Lispector (2020)

 

 

Nicolás Poblete Pardo

 

 

Imagen destacada:  Clarice Lispector en 1972.

Salir de la versión móvil