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Antes de la noche eterna: Comentario a la película «El sabor de las cerezas», de Abbas Kiarostami

La obra que reseñamos es uno de esos filmes que perduran, porque más allá de la alienación o el milagro de vivir el valor de este título radica en el silencio que el director nos regala para que nos demos el tiempo para contemplar y pensar cómo nos conducimos antes de llegar a la oscuridad permanente y propia de la muerte.

Por Jorge Cocio Sepúlveda

Publicado el 17.7.2018

Alguien una vez dijo que es imposible concebirnos como no existentes. Que la idea de la nada no era más que una paradoja o ilusión, porque nuestra carne y alma siempre van a la vida. Pero pareciera que no todos piensan de ese modo y van a contracorriente por alguna razón. Porque sea como fuere prefieren decidir el cómo y cuándo a esperar que la naturaleza de su sentencia definitiva. Por eso siempre es extraño escribir sobre la muerte desde la vida. Porque las palabras siempre son inútiles ante las cosas importantes y ante eso sólo nos quedan las imágenes. De ahí que me parece interesante viajar al pasado y comentar una de las cintas del director iraní Abbas Kiarostami: El sabor de las cerezas (1997).

 El sabor de las cerezas es una de sus cintas más significativas, dado que nos muestra que sólo es necesario contar bien una historia para hacerla interesante. Aunque con obras como Y la vida continúa, A través de los olivos, El viento nos llevará o Copia certificada tenemos otros ejemplos para visitar su filmografía.    

A través de una simple trama Kiarostami (1940 – 2016) nos relata el último día de un hombre que busca la muerte, y aunque no entrega un punto de vista del tema; nos deja fluir al paso de las horas entre diálogos cotidianos y planos poéticos.

Como ver un árbol florido solo en el desierto.

Una bandada de aves en el atardecer.

O el sabor de una cereza.

Porque pareciera que lo más importante que este autor nos pretende entregar no es un mensaje moral o perfil psicosocial, ni menos ver una víctima de sus circunstancias, sino tan solo ir a las vísceras de lo que todos denominan vivir, pero nadie sabe realmente lo que significa.

De esta forma El sabor de las cerezas es uno de esos filmes que perduran, porque más allá de la alienación o el milagro de vivir el valor de esta obra radica en el silencio que el director nos regala para que nos demos el tiempo para contemplar y pensar cómo nos  conducimos antes de llegar a la noche eterna.

 

El actor iraní Homayoun Ershadi encarna al personaje de Mr. Badii en «El sabor de las cerezas» (1997)

 

 

 

 

 

Tráiler:

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