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Apología de la barbarie: Un análisis al «cine» de Nicolás López

El siguiente texto complementa en su vertiente estética y audiovisual las fuertes observaciones psicológicas y morales formuladas por su autor en el alegato crítico, «Nicolás López: La caída de un ‘zar’ del cine desechable», aparecido en este mismo Diario, a raíz de las acusaciones por presunto acoso y abuso sexual en contra del famoso realizador nacional, y que han remecido gravemente al circuito cinematográfico local.

Por Rodrigo Torres Quezada

Publicado el 19.7.2018

En un artículo anterior habíamos analizado el contexto dentro del cual el “cineasta” Nicolás López ha desarrollado su cinematografía. Así, expusimos que estaba inserto en la corriente actual de lo que se ha denominado la alt-right y el movimiento Incel. Asimismo, había una tercera línea a la que caracterizamos como “la cultura de la basura”. En esta quedamos al debe en cuanto a hacer un análisis más exhaustivo. De esto se tratará el siguiente artículo.

Cuando se habla que Nicolás López alimenta una cultura de la basura, y es parte de ella, hay que remitirse a su obra. En este caso, a las películas que ha hecho y confrontarlas al cine en general. Existen diferentes criterios para realizar un análisis sobre un filme. Este puede ir desde detalles tan técnicos como si se usó contrapicado en una escena hasta otros más generales como si la película dejó o no algún legado que inspirase a otros cineastas. Aquí analizaremos tres criterios:

-La construcción de diálogos: la base de un guión está en el poder de la conversación. Incluso el cine mudo presentaba un fuerte desarrollo en sus diálogos (baste ver Metrópolis). Las películas de López muestran un conjunto de inconsistencias, haciendo uso de clichés sociales que solo sirven para normalizar situaciones que pudiesen haber servido para poder realizar una crítica o reflexión. Basta ver Promedio rojo donde las conversaciones de los protagonistas son insulsas y hacen ver a los escolares como idiotas. Los “winners”, los “losers” y la protagonista “femme fatal” tienen diálogos tan estereotipados como ellos mismos. Es como escuchar a personajes de películas adolescentes estadounidenses. ¿Acaso no hay nada más profundo en los escolares o que se pueda sacar partido de ellos? En cuanto a la “saga” de Qué pena, la frase que mejor define todas las películas es: Me cagaste la vida, conchetumare. Nada más qué decir al respecto.

-El legado cultural que una obra transmite: a alguien le pueden gustar o no las películas sobre superhéroes. Estas también se podrían tomar como parte de una industria cinematográfica cargada por el signo peso. Sin embargo, hay algo en lo que se puede estar de acuerdo: Batman, the Dark Night, dejó en su género un legado que siguieron otros cineastas. Estamos hablando de una película comercial. O mejor dicho, que se insertó a través de lo comercial y usó ese nicho para desarrollar una nueva idea de lo que es cine de superhéroes. Tanta fue su originalidad que se creó el término Nolanizar en referencia al director Christopher Nolan. Él dejó a su haber excelentes diálogos y una tensión que se respira de principio a fin. ¿Qué legado deja Nicolás López al cine, o específicamente a su propio género que se supone sería el del humor? ¿Hay algo que se pueda rescatar como un elemento que sea digno de tomarse y utilizar para otras creaciones? ¿Se podrían imitar sus diálogos? ¿Hay en la dirección de cámara algo novedoso u original? ¿Son los actores y actrices fetiches de López un ejemplo de actuación? En este punto podemos detenernos y pensar en la idea de lo comercial que impera en la obra de López: una oda a lo desechable; un tomar, hacer y botar a la vez que se recibe dinero. Así de simple: una lógica capitalista que en su momento le reportó bastantes dividendos.

-El cine de humor puede ser inteligente: si tomamos el artículo anterior y el actual, se podría pensar que hay una tendencia a la gravedad. Se podría aducir que no hay para qué complejizar un cine que parte de una base cómica (bueno, para quienes haya hecho reír). Sin embargo, quienes plantean que el humor no es necesario de analizar, están denostando el género. Existen películas y series cómicas tremendamente inteligentes. O sea, que llevan a un ejercicio reflexivo. En el primer caso mencionemos a After Hours de Scorsese y La cena de los idiotas (en su original francés) de Veber. After Hours utiliza situaciones graciosas y extrañas para hablar de cómo la sociedad estadounidense raya en la locura. Incluso mezcla diálogos de libros de Kafka en algunas escenas. La cena de los idiotas, por su parte, es una de las películas más entretenidas que existen y es totalmente absurda. Ver al “idiota” arreglándoselas para arruinarle el día a su anfitrión, es estar frente a una verdadera clase de cómo hacer buen humor. En el segundo caso, las series, tenemos a Peep show, obra inglesa que muestra a dos amigos que comparten departamento. Una idea básica y hasta muy utilizada. No obstante, cada situación y diálogo, por más absurdo y ridículo que sea, siempre hace reír a la vez que hace pensar. El “humor” de Nicolás López carece de estos elementos. Es un humor básico, claro está. Pero ese no es el problema. Como hemos visto en este criterio, la cuestión radica en cómo dotar a ese humor, por más simple que sea, de algo más profundo y de peso (o por último que divierta). Claro que para ello se necesita talento. Y mucho.

 

 

«¿Qué pena tu vida» (2010)

 

 

«Sin filtro» (2016)

 

Rodrigo Torres Quezada (Santiago, 1984) es egresado del Instituto Nacional “General José Miguel Carrera” y licenciado en historia de la Universidad de Chile. Ha publicado los libros de cuentos Antecesor (2014) y Filosofía Disney (2018) bajo el sello Librosdementira. También ha dado a conocer distintos relatos de su autoría en La Maceta Ediciones (2017) y la novela titulada El sello del pudú (Aguja Literaria, 2016). Lanzó, asimismo, el volumen de ficción Nueva narrativa nueva (Santiago-Ander, 2018), y obtuvo el primer lugar en el concurso V versión Cuéntate algo de Biblioteca Viva (2012). El año 2016, en tanto, se quedó con el primer lugar en el I Concurso Literario del Cementerio Metropolitano.

 

 

Imagen destacada: El director de cine chileno Nicolás López Fernández, por La Cuarta (http://www.lacuarta.com/)

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