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«Chiloé y Galicia, confines mágicos», de Edmundo Moure: Las voces de las tierras húmedas

Poco amigo de esa servidumbre de los agentes (del cine), estetas y periodistas culturales que se hincan con rapidez ante el menor atisbo de un poder político que paga con creces y granjerías una sumisa adhesión, la obra del escritor chileno adquiere cada día una mayor relevancia en nuestro país e incluso en Europa, donde sus grandes ensayos y crónicas acerca del inagotable tópico de los mitos y su preponderancia en el imaginario común de la humanidad, vuelven a despertar la atención de los más diversos estudiosos e investigadores literarios.

Por Jordi Mat Amorós i Navarro

Publicado el 19.7.2020

«Los humanos no morimos, sólo estamos cubiertos por el tiempo y el silencio. Cada voz sigue viviendo en el lugar donde ha nacido, allí permanece».
Ana María Matute

«Voces antiguas y amadas hablan por nuestra boca y mueven la pluma de quien escribe».
Edmundo Moure

 

Pórtico

El premiado escritor, poeta y cronista chileno que dirige este Diario nos ofrece un estudio riguroso de la cultura de dos tierras similares en los oestes de continentes distintos. Un ensayo que se apoya en el saber del polifacético poeta chilote Renato Cárdenas con el que el autor conversa en su estancia en el archipiélago. Y además en trabajos y relatos firmados por diversos autores como el propio Cárdenas, Catherine Hall, Rof Carballo, José Rodríguez, Manuel Romo, Carmelo Lisón, Antonio Bórquez, Narciso García Barría, Manuel Murguía, Xavier Costa… Voces todas a las que Moure cita y que de alguna manera dialogan también con él en su búsqueda de los significados de estas culturas hermanas. El autor aborda distintos aspectos definitorios (geografía, historia, economía, cultura, lenguas…) haciendo especial hincapié en los tesoros del acervo popular con componentes mágicos apuntando que hablar de ellos junto al fuego —el calor del hogar, la proximidad afectuosa— ayuda a despojarse de: “ciertas gestualidades analíticas que pudieran esfumar la fascinación de sus misterios”.

En la introducción del libro —cuyo sugerente título es el de Pórtico reproducido en homenaje en el encabezado— nos dice: “Me sumerjo en esos espacios, reales e imaginarios a la vez, para entenderlos a partir del coloquio interminable con sus habitantes, hermanos en la lengua y en el gesto, compañeros en el fuego y el vino… Aquí ofrezco, en mesa dispuesta y convocada por manos amigas, algo de aquellos manjares, como si volviera a traspasar el portal de viejas casas solariegas, como si alguien me regalara el hilo mágico del reencuentro en las riberas del mar y en la matriz húmeda de los valles profundos”, un bello expresar del sentirse en el acogedor gran hogar común de la fraternidad atemporal de un pueblo cuyas raíces son femeninas.

 

Cosmovisión matriarcal: Las meigas

La cultura de las tierras húmedas está presente especialmente en la vida de las aldeas, allí nació la sabiduría popular basada en la observación de la naturaleza. Son gentes que predicen el comportamiento de esa naturaleza de la que dependen para su sustento. Así: “La influencia magnética de la luna en las siembras, las mareas, el medio ambiente en general, ha desencadenado todo un complejo de creencias donde resulta confusa la distinción entre lo mágico y lo científico, precisamente porque esto último, al parecer, no ha incursionado suficientemente en el tema”, son palabras de Cárdenas que dejan claro la dicotomía existente entre la poderosa ciencia y el humilde saber popular.

Este saber del pueblo abarca otros ámbitos como la medicina con remedios a base de hierbas curativas y tratamientos mágicos. Y también distintas facetas de las necesidades humanas con todo tipo de mecanismos para favorecer la prosperidad, el amor, la atracción del amado, la fertilidad… Sabiduría controvertida al estar teñida de superstición, no todo ese saber es eficaz y quizás por ese motivo Moure evita calificar lo mágico como sabiduría. En todo caso la mayoría de sus remedios y consejos tienen bien poco de científico, lo cual a mi entender tampoco significa su descalificación. A pesar del innegable peso específico de la ciencia en nuestro bienestar, la ciencia no lo es todo.

La sabiduría mágica está ligada a las mujeres por la tradición matriarcal de estas tierras húmedas con sabor celta. Tradición matriarcal subyugada por el patriarcado dominante, en palabras de Moure: “La mujer gallega entregada a la carga gravosa e incierta de procurar el sustento y defender la prole. La mujer gallega —y también la mujer chilota— será la responsable que los valores morales y las normas de la sociedad se cumplan en la vida cotidiana”. Y el autor nos da cuenta de que las mujeres han adoptado un comportamiento servil impuesto por el patriarcado que implica una ética contradictoria en la que ante una “falta” dada no se mide igualmente a unas y a otros, una desigualdad histórica aceptada y que hoy en día afortunadamente tiende —lentamente— a equilibrarse.

Son las mujeres, las sabias, son ellas las que curan. De este modo es la figura de la meiga gallega o la meica chilena —las féminas brujas o curanderas expertas en medicinas— quienes buscan ayudar a los aldeanos con sus conjuros y pócimas. Sólo existen algunos pocos hombres brujos en las comunidades de las tierras húmedas que suelen estar asociados a maleficios y desgracias. Simbólicamente es la feminidad la que sana tanto exceso masculino propio del patriarcado aún vigente.

Y se cita en el libro a Carmelo Lisón quien apunta que la bruja es: “virtuosa de la vaguedad y de la ambigüedad, no legitima, no indoctrina ni ordena: se atiende a su específico rol de hábil ‘conectadora’ de complicados hilos, esto es, de signos, emblemas, símbolos, analogías y metáforas, pero siempre en el interior y desde el interior de un universo cultural común”. Una forma de entender abierta que prioriza el sentir y no teme al caos —a menudo necesario como germen de lo nuevo— frente a la forma preponderante que entiende el mundo como orden estricto mediante el control distante.

También la religión católica dominante está influenciada por la cosmovisión matriarcal pagana: “el gallego impregna sus manifestaciones religiosas de un sentido dionisíaco de la existencia: el goce de los sentidos acompañará hasta las más piadosas expresiones de fervor religioso, y toda festividad sacra derivará, indefectiblemente, en exaltación y disfrute de placeres carnales”, nos comenta Moure.

La brujería, la bruja (que entiendo como imagen arquetípica de la feminidad salvaje emparentada con lo dionisíaco) es vista como mal a erradicar por el patriarcado y el fundamentalismo religioso no sólo católico. La dualidad religión/Dios/bien/día versus brujería/Demonio/mal/noche que resulta lamentablemente irreconciliable para tantos. Como bien apunta el autor: “En la doctrina céltica la noche precede al día”, es decir subyace en ella la idea de que —en palabras de Moure—: “Las eternas tinieblas del caos, la larga noche de la creación, sólo pudo ser disipada por la luz todopoderosa del Sol”. Y es sabido —aunque tristemente no comúnmente asumido— que la Luz deshace equívocos desde la comprensión del Co-razón que lo abraza todo. La solución al conflicto dual a mi entender no es la interminable lucha de la razón ciega de tendencia uniformadora propia del patriarcado. No es lucha de enemigos, es danza y abrazo de diferencias.

 

Mitología

En estas tierras húmedas de feminidad y magia: “vuelven a mirarnos viejos mitos: ojos asombrados de remotos predecesores intentando develar el mundo a través de ritos arcaicos”, en palabras del autor chileno. El mito está vigente y es útil porque tal y como bien expresa la cita de Rof Carballo que encabeza el capítulo dedicado a ellos: “Los mitos son condensaciones de verdades enormes, tan enormes que los hombres no podemos asimilarlas completamente”.

Moure apunta que: “A través de todos los grandes mitos, el hombre busca su identidad más secreta, se remonta a los orígenes en procura de su esencia maternal” y desarrolla a partir de esta premisa su análisis del mito de la Tierra Madre propio de las tierras húmedas o “tierras verdes” con sus mensajes en clave femenina que han subsistido y subsisten a pesar del monoteísmo de las religiones, especialmente la católica.

En el mito son innumerables los dioses y personajes cargados de significación, en este sentido el autor comenta que: “un mismo personaje puede ser tomado como prototipo de distintos grupos de motivación anímica, pues algunos de ellos están destinados a cumplir varios objetivos a la vez, y esta característica no implica una condición necesariamente contradictoria. Es sencillamente una justificación más de la tendencia manifiesta a identificar personajes míticos tal y como se personifica a seres y cosas del medio con su propia personalidad, asignándoles cualidades temperamentales y humanas. De esta manera, esos seres adquieren mayor realismo en la conciencia de quienes creen en ellos, y de paso atenúan el fuerte sentimiento de culpa judeo–cristiano, que actúa con mayor eficacia como freno represor que como panacea didáctico–moral”.

Y describe varios de esos entes míticos ya sean gallegos o chilotes, se observa que muchos de ellos son monstruos temibles reflejo de miedos ancestrales. A menudo esos monstruos son: “formas y voces que sugieren mensajes de ultratumba”, según nos explica Moure. Porque los muertos están muy presentes en el día a día de las tierras húmedas…

 

Más allá de la muerte

Las gentes de esas tierras entienden que los muertos: “están en una especie de plano contiguo con el que es factible comunicarse mediante determinados códigos y mínimos rituales cotidianos”, en palabras del escritor chileno.

En este sentido en ambas culturas tienen leyendas animistas: el barco Caleuche chilote y la Santa Compaña gallega. El autor nos ilustra al respecto: “El Caleuche como la Santa Compaña, está integrado por seres que traspasaron el umbral de la muerte, pero cuyas ánimas no encuentran el descanso. Viven en un constante peregrinaje, en busca de otros espíritus humanos que les sirvan de compañía o de relevo en este deambular eterno y sin aparente puerto de arribo. A través de la leyenda del Caleuche, el chilote muestra su disposición a afrontar el enigma del más allá con una actitud gregaria, colectiva. Al igual que el gallego ante la Santa Compaña, esa procesión de espectros que recorre con sus luces los caminos aldeanos de Galicia, el sencillo habitante de Chiloé se rehúsa a enfrentar la muerte como un proceso individual y solitario”.

Los muertos son respetados e invocados, son escuchados y son vistos. En el libro se nos recuerda las bellas palabras del gran poeta Miguel Hernández en torno al importante papel de los que se fueron en nuestras vidas: “Y los pueblos se salvan por la fuerza que sopla desde todos sus muertos”.

 

Diálogos

Moure finaliza su excelente ensayo fiel al espíritu que ha avivado su labor. En la localidad chilota en la que Antonio Cárdenas le acoge y en el amable charlar alrededor del fuego del hogar, el autor invita a su amigo poeta y a la periodista Micaela Souto a dialogar sobre distintos temas tratados en Chiloé y Galicia, confines mágicos. Son los que él denomina Diálogos Calenos en los que hablan en torno al más allá, el fuego, el agua, el tiempo, el matriarcado, el amor, la brujería, el humor, el lenguaje…

Bello colofón de un libro que para el escritor según nos confiesa es muy querido. Probablemente lo sea porque huele a hogar, porque rezuma sabiduría popular que nos sumerge en la magia de las tierras húmedas en las que las voces de los tiempos suenan en agradable clave femenina.

 

Dedicado a Zulema y María, dos mujeres de potentes raíces gallegas.

 

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Jordi Mat Amorós i Navarro es pedagogo terapeuta por la Universitat de Barcelona, España, además de zahorí, poeta, y redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«Chiloé y Galicia. Confines mágicos» (Grupo de Comunicación Galicia en el Mundo, Vigo, 2009)

 

 

Jordi Mat Amorós i Navarro

 

 

Imagen destacada: Edmundo Moure Rojas (1941).

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