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«Cine y Literatura»: La mirada de Alejo Carpentier al lente

Al igual que otros grandes escritores latinoamericanos contemporáneos suyos, tales como el uruguayo Horacio Quiroga o el argentino Roberto Arlt, el narrador cubano, creador de la estética literaria de lo «real maravilloso», también se sintió cautivado por el género audiovisual: en este artículo se revisa su labor como periodista y crítico cinematográfico.

Por Yesenia Ramírez Fuentes

Publicado el 10.1.2019

Es destacable la madurez crítica con que Alejo Carpentier se acercó a esta manifestación artística, su capacidad de estudiar y valorar las interioridades de un arte en progreso y la competencia con que asumió el ejercicio, unas veces de periodista (cuando publicaba artículos, crónicas, reseñas), y otras de ensayista, investigador y crítico. Sus trabajos fueron publicados en diferentes órganos de prensa y ofrecen de conjunto una vastísima información sobre el desarrollo del cine, principalmente entre 1925 y 1955, e indican la manera en que evoluciona el pensamiento carpenteriano con respecto al séptimo arte.

Su primer artículo sobre el tema lo publicó en el periódico habanero El País el 3 de julio de 1925 con el título El cine, décima musa. Apenas a treinta años de la génesis del cine, Carpentier señala que es equívoco pensar que el teatro es superior al cine o que la predilección por el segundo equivale a traicionar la tradición escénica. Reconoce que se trata de manifestaciones artísticas diferentes “situadas en planos diferentes” y que el cinematógrafo iriá desenvolviéndose rápidamente y vería sus mayores posibilidades en la capacidad para utilizar “trucos”.

Cuatro años después, recién llegado de París, se pronuncia ante el gran dilema al que se enfrenta el hasta entonces cine mudo: el sonido. De esto es ejemplo el importante artículo Los problemas del vitaphone enviado desde París y que publica la revista cubana Carteles el 2 de junio de 1929. Aquí la polémica incide en la validez artística que ya ha ganado el cine silente, amenazado por la intromisión del sonido. Carpentier reconoce los problemas técnicos que aún tiene la sonorización, pero como siempre proyecta su pensamiento hacia el futuro. Declara que “oponerse al advenimiento del filme sonoro es no comprender su importancia”.

 

Charles Chaplin y Virginia Cherrill en «City Lights» (1931)

 

En su artículo La amarga verdad del 26 de julio de 1951 en El Nacional de Caracas señala que la creación cinematográfica se alzará cuando la película sea obra de un solo hombre, de un hombre de talento que lo piense todo: argumento, ambiente, música, vestuario, elección de intérpretes, y se reduzca en lo posible la pléyade de “especialistas” que le imprimen su rutina técnica a una cinta. Dice que todas las películas que se recuerdan (Ciudado Kane, las de Chaplin, El acorazado Potemkin, La bella y la bestia de Cocteau, Hamlet de Laurence Olivier) y que han marcado una fecha en la historia del cine han sido el resultado de un solo hombre.

En su artículo El cine, décima musa está presente Chaplin como figura paradigmática: “el prototipo del artista que adquirirá cada vez más importancia en un arte que se aleja de la escena a pasos agigantados”, pues basándose en la mímica logra satirizar la tragedia humana de la “miseria que quiere ser decente”. La asistencia a París a un festival de películas de Chaplin, a fines de 1928, lo lleva a profundizar en su valoración del artista. Comenta que el conjunto de su obra forma: “la más grande y auténtica picaresca de nuestra época”, pero su devoción por la figura de Chaplin no le permite cegarse en sus juicios y tiene algunas reservas hacia filmes como Luces de la ciudad que aunque nos puede conmover, el argumento no deja de ser banal, con un personaje tan convencional como el de la florista ciega.

En 1941 en la publicación periódica El Tiempo comenta el estreno del Ciudadano Kane en La Habana, película de Orson Welles. Expresa que es una obra maestra, una de las realizaciones: “más logradas, más profundas, más perfectas, que nos haya dado el arte contemporáneo”. El respeto que siente por Orson Welles lo lleva a dedicarle otros siete artículo entre 1951 y 1958 en su sección Letra y Solfa de El Nacional de Caracas.

 

Orson Welles en «Ciudadano Kane» (1941)

 

Al cineasta ruso Eisenstein, Carpentier lo conoció en París en 1930 y sobre este encuentro volvió por lo menos en tres ocasiones: en una entrevista en Social de ese año, en un artículo en El Nacional en 1958 y otro en el habanero El Mundo en 1960. Habla de su cultura universal, de sus ambiciosos proyectos y de su visión de “ojo de cámara”. El acorazado Potemkin considerada por Carpentier y por otros muchos la consagración del cineasta y una obra maestra en la historia del cine: “ejemplo de una película de masas, sin protagonista verdadero, sin necesidad de estrellas”.

También habla sobre la influencia del cine en la literatura contemporánea. En su artículo titulado De una supuesta influencia del cine (El Nacional, 1954) se vale del ejemplo de Ramón del Valle Inclán, quien desde antes de la invención del nuevo arte utilizaba: “rapidez de acción, mutación de planos, cuando nadie utilizaba los términos de montaje”.

La vinculación del cine con otras artes no pasó inadvertido para Carpentier y su relación con la pintura le motivó varias crónicas. No se limita a los comentarios sobre filmes acerca de artistas plásticos como los dedicados al pintor venezolano Armando Reverón o a Picasso, también se interesa por la búsqueda de nuevas relaciones y creaciones entre ambas artes. En una crónica publicada en El Nacional en 1955, al contemplar los móviles (un modelo abstracto que tiene piezas móviles, impulsadas por motores por la fuerza natural de las corrientes de aire) del escultor estadounidense Alexander Calder llega a la evidencia de que: “el movimiento ha comenzado a penetrar en el dominio de las artes plásticas”.

Las últimas referencias de Carpentier sobre cine tuvieron lugar en el periódico Granma por la década del ’70. En este sentido es significativo su artículo dedicado a la película Páginas del Diario de José Martí de José Massip en el que expresa que el cine cubano con ella se enriquece con un logro excepcional en los planos de la factura, la técnica y la labor de intérpretes.

Quizás su último artículo publicado sobre la temática lo concibió como un reconocimiento al cine cubano y por eso encontramos, bajo el título En el vigésimo aniversario del ICAIC publicado en el periódico Granma el 21 de marzo de 1979, un trabajo en el cual concluye que el cine cubano se ha integrado en el panorama del cine mundial en virtud de sus propios méritos.

 

Yesenia Ramírez Fuentes, cubana, titulada en letras por la Universidad de La Habana, Cuba. Ejerció como profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y editora-redactora de la revista de cultura cubana La Jiribilla. Actualmente se encuentra cursando el magíster en letras en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sus intereses se vinculan con las artes y las literatura en general, aunque se ha especializado en los estudios lingüísticos.

 

 

 

Imagen destacada: El escritor Alejo Carpentier y Valmont (Lausana, 26 de diciembre de 1904​ – París, 24 de abril de 1980).

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