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«City Plaza Hotel»: El documental sobre refugiados que retrata la nacionalidad del dolor

La realizadora nacional Violeta Paus es responsable, junto a la argentina Anna Paula Hönig, del sutil e inquietante cortometraje sobre una niña afgana refugiada en Grecia. En el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) la obra formará parte de la sección Generation Kplus. Mientras que en el certamen francés de Clermont-Ferrand -el más importante en su género audiovisual-, la cinta se proyectará todos los días hasta el próximo 9 de febrero.

Por Cine y Literatura

Publicado el 2.2.2019

La cineasta chilena Violeta Paus (31) estrenará el cortometraje documental City Plaza Hotel (2019)-co-dirigido junto a la realizadora alemana-argentina Anna Paula Hönig- en la nueva edición de Clermont-Ferrand, el festival de cortometrajes más importante del mundo que se llevará a cabo hasta el 9 de febrero (comenzó este viernes). Además, formará parte de la sección Generation Kplus en el próximo Festival Internacional de Cine de Berlín, que se realizará del 7 al 17 de febrero.

Mirada honesta y lúcida al desarraigo, la cinta sigue a una niña afgana de 12 años llamada Zhenos Persad que está transitando de la infancia a la adolescencia. Vive con sus hermanas en el Hotel City Plaza, dirigido por refugiados en el centro de Atenas. Ella escapó junto a su familia del conflicto armado en Afganistán. Se encuentran muy lejos de su hogar, enfrentados a un futuro incierto.

Paus y Hönig entran a su mundo con una cámara inquieta y, además de recrear atmósferas y emociones, replican incluso sus sueños, marcados por la crueldad de la guerra.

 

“En nuestra película el horror está muy presente”

Paus nació en Santiago en 1987, estudió Cine en Buenos Aires y Artes Visuales en Chile. Filmó su primer documental «Ajawaska, fragmentos de un viaje a las alturas» en los Andes Peruanos. En Francia realizó la instalación multimedia «Sin panteón», y actualmente trabaja en «Siluetas de agua» un proyecto sobre contaminación de aguas dulces en Chile.

La idea de “City Plaza Hotel” nació cuando ella vivía en París.

 “Mi compañero de piso era un español que había ido a realizar trabajo voluntario a Grecia con los refugiados”, cuenta la directora al Diario Cine y Literatura. “Él fue el primero que me habló de un hotel ocupado por refugiados, que durante la crisis griega quebró: el City Plaza Hotel. Este lugar ‘ocupa’ tiene la particularidad de que es auto gestionada por los mismos inmigrantes, no por ONG’s o proyectos caritativos. En él conviven nacionalidades muy diversas como Siria, Irán, Pakistán, Kurdistán, Irak, Afganistán, entre otros. Vivir en este lugar es mejor que estar en carpas en los campos de refugiados, en donde están expuestos a la violencia física y psicológica, lo que implica hallarse aún más hacinados y en carpas. El hotel esta siempre «fully booked» por la alta demanda, y si no se cumplen con los deberes colectivos como limpiar y cocinar para todos, las personas deben dejar su pieza a otros refugiados. Sin embargo, en el City Plaza Hotel, siempre está el riesgo que sea evacuado por la policía. El hotel, que parecía un lugar de esperanza, en realidad era un parche y no un lugar donde rehacer la vida. La gente ahí no estaba para vivir ya que Grecia es un pasaje, un limbo para llegar a otros países”, afirma la realizadora nacional.

Las cineastas y su equipo se instalaron en el hotel durante un mes. Ahí conocieron a Zhenos.

“Vivía junto a sus padres y sus tres hermanos menores en una de las piezas del hotel. Cuando llegamos ellos llevaban más de seis meses a la espera de tener papeles para poder ir a vivir a un país en el norte de Europa, pero hasta el día de hoy (un año y medio después) siguen viviendo en el mismo limbo”, relata la artista.

“En nuestra película el horror está muy presente pero siempre fuera de campo, en este filme se busca mostrar el lado más humano de la situación, porque antes que refugiados y de volverse ‘migrantes’ tenían una vida e ideas sobre el mundo, gente con sueños, angustias y aspiraciones, como todos. Es ahí donde queríamos aproximarnos, a recordar la humanidad detrás de esta situación. Zhenos, nuestra protagonista, es afgana, pero ella podría haber sido de cualquier nacionalidad. Le dimos mucha importancia a ser sutiles con la imagen, a convertir la obra en un objeto sensible a través de los planos, los colores y las texturas para que se transmitieran las emociones que estábamos sintiendo en el momento que decidimos embarcarnos en este proyecto”, agrega Violeta Paus a este medio.

Así, para la audiovisualista chilena, el encuentro con Zhenos fue “amor a primera vista”.

“Ella tenía en ese momento 12 años, y estaba viviendo todas las contradicciones de dejar de ser una niña para volverse adulta en tanto que refugiada. La decisión fue crear una verdadera comunicación con ella, enfocarnos en ella. A diferencia de otras niñas ella era mucho más madura, y al mismo tiempo tímida. Zhenos se hacía cargo de sus hermanitos y también traducía a sus padres para cuando había que comunicarse en inglés, ya que ella aprendía muy rápido», confiesa.

«En ella queríamos mostrar su cambio de cuerpo, su mundo interno, sus pesadillas, sus ganas de estar sola en un lugar hacinado como la pieza de hotel y a cargo de sus hermanos. A Zhenos la observábamos y la filmábamos en este espacio que se volvía muy opresivo, pero que al mismo tiempo tenía momentos de juego y de simpleza. Zhenos tiene sueños como todas las niñas: le gusta la música, hablar con sus amigas y quiere de adulta ser profesora de matemáticas”, dice Paus a Cine y Literatura.

 

“El tema de las migraciones nos tocaba de cerca”

Violeta Paus estaba de vacaciones en Grecia al momento del clímax de conflicto de la crisis de refugiados. De regreso en París, donde vivía, comenzó a ver familias viviendo en la calle.

“Junto a mi gran amiga y co-realizadora Anna Paula nos sentíamos muy afectadas por cómo se trataba el tema de los refugiados, se hablaba de ‘enfermedades’ y ‘violencia’ que llegaban a Europa junto con los inmigrantes, todo eso me parecía surrealista. Recuerdo que hicimos una analogía a los zombis: el terror que se difundía en los medios que mostraban una ‘ola de refugiados’, como una invasión. Todo eso nos parecía alejado de la realidad, absurdo. Yo soy chilena, y Anna es alemana-argentina, la migración la vimos en nuestros cercanos por las dictaduras de América Latina, entonces el tema de las migraciones, fuera cual fuera, nos tocaba de cerca. Así fue como empezamos a pensar una película que fuera más humana. Yo siempre había hecho documentales y Anna siempre había hecho ficción, entonces era una mezcla muy interesante de unir nuestros conocimientos y experiencias en este nuevo desafío, aprendiendo de la otra. Por otro lado, nunca hubo dudas de que la protagonista tenía que ser una niña. Hay que pensar que somos dos mujeres directoras y nos parecía natural filmar una mujer, y reflexionar sobre la manera de representar a las mujeres sin victimizarlas, como hacían los medios. Hablamos con un productor francés, escribimos el guion y nos fuimos las dos para Grecia, solo acompañadas por un camarógrafo”, relata la directora.

“La película se grabó toda en farsi (persa), una lengua que ninguno de nosotros hablábamos”, agrega la cineasta. “Fue muy interesante hacer las traducciones y descubrir los diálogos”, añade.

Para la creadora es importante visibilizar el conflicto a través de una historia íntima.

“Queríamos buscar maneras de comprender el mundo a través de los ojos de una niña volviéndose mujer. El arte puede darnos una visión más humana de las cosas y conectarnos con el amor. Me gustaría que este filme permita al espectador sentir de una manera más íntima y al mismo tiempo que sea más natural relacionarse con el tema de los inmigrantes, producir ideas que permitan cambiar y sensibilizar sin reproducir los sistemas reaccionarios. Esa es una de las herramientas del cine: mostrar otras realidades, acercar mundos a una pantalla, buscar apaciguar los prejuicios de lo desconocido. Si bien estoy consciente de que vivimos en una sociedad donde salir de los paradigmas es muy difícil, es importante cuestionarse y criticarse las ideas, los modelos”, describe.

Las realizadoras pretenden que el cortometraje logre que Zhenos, quien actualmente vive en Bremen, Alemania, se reencuentre con sus padres, los cuales siguen en Grecia.

“El hecho de que el filme se presente en estos dos festivales tan importantes, le dará mucha visibilidad al caso”, destaca Violeta Paus. “Estamos en contacto con abogados de Bremen ya que justo el hecho de que el festival sea en Berlín nos acerca un poco al asunto mismo”, finaliza la autora para el Diario Cine y Literatura.

 

 

 

 

 

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