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[Crítica] «Bosques horizontales»: El retrato de una voz que añora

En este volumen, el poeta chileno Santiago Barcaza Soto nos sumerge en un cuarto donde las palabras y los versos funcionan como la tenue luz para develar lo que es la imagen de un hablante que recuerda con nostalgia, y el cual no tiene otro sitio más allá de estas páginas.

Por Alberto González Riquelme

Publicado el 10.3.2023

Este segundo poemario de Santiago Barcaza Soto (1974) nos lleva a un mundo que pareciera estar en sus negativos. El lector se introduce en una sala de revelado como un oficio digno de rescate.

Así, Bosques horizontales (Ediciones Tácitas, 2014) nos sumerge en un cuarto donde las palabras y los versos funcionan como la tenue luz para develar lo que es el retrato de una voz que añora, que no tiene sitio más que en las mismas letras que se van leyendo.

Cada verso va cobrando así una importancia en la que su brevedad paulatinamente crea un imaginario que resulta un placebo para la voz por la que nos guía Barcaza.

Este imaginario, sin más, ayuda a esa voz ha sobreponerse a pesar de ella misma: reconstruye así tradiciones cristianas, prehispánicas, incluso griegas, con el fin de fundar su propio tiempo y espacio, delimitado sólo por la duda del sueño o la realidad, o del recuerdo, donde a la memoria no le interesa si es uno o lo otro.

Nada si prefieres
O la vaga idea que se tiene
Del árbol no plantado
Que creció y conoció
El peso de la tierra
Mucho antes de la Tierra.

 

Las ilusiones aparentes

Lo anafórico es una puesta en abismo de lugares y de sensaciones cotidianas que terminan siendo casi epifanías de la remembranza. Es un mundo inverso, como ya el mismo título lo adelanta, donde la imposibilidad es alcanzada y a la vez rechazada. Es la inmensidad de los paisajes del desierto y del agua el escenario para seguir con esta levedad a la que somos transportados.

Allá te lanzas
Camino abajo
Por entre los bosques que construyeron este mundo
Los bosques horizontales
El sur verdadero.

Es la latencia de una imagen, de un podría ser, de una fotografía, de un fresco para enmarcar, que se diluye y que nos hace girar la cabeza para preguntarnos si hemos podido haber hecho un buen revelado de nuestras aparentes ilusiones.

 

 

 

***

Alberto González Riquelme (Viña del Mar, 1992) es licenciado en literatura y master of fine arts in creative writing por la New York University. Actualmente se desempeña como editor independiente.

 

«Bosques horizontales» (Tácitas, 2014)

 

 

 

Alberto González Riquelme

 

 

Imagen destacada: Santiago Barcaza Soto.

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