El legado de Carrasco no solo reside en sus libros de versos, sus crónicas o en sus agudas reseñas, permanece también en su voz particular al leer, en el amor casi religioso por su oficio y asimismo porque nos enseñó a mirar el barrio con ojos de poeta y a entender que en la literatura como en la vida, hay que saber remar contra la corriente.
Por Jorge Sabaj Véliz
Publicado el 18.2.2026
El primer encuentro: La generación de los 90
La primera vez que vi a Germán Antonio Carrasco Vielma (1971 – 2026) fue en un recital —o más bien, un ciclo de lecturas— allá por 1998. En distintos puntos culturales de Santiago se presentaban oficialmente los poetas más representativos de la generación del 90, una camada que venía a refrescar la lírica chilena tras la dictadura.
Escuché a Germán junto a otros cuatro poetas jóvenes en el auditórium del Centro Cultural de España. Recitaba poemas de su primer libro, La insidia del sol sobre las cosas (1998).
Aquel título, editado por Dolmen en una colección dirigida por el poeta Armando Uribe Arce, se convirtió rápidamente en un faro para nosotros por su frescura y su capacidad para retratar los barrios de Santiago. En sus versos aparecían la ropa tendida, los blocks, las fachadas continuas y personajes como Rita y Julián, elementos que se volverían sus leitmotivs.
Gracias a esa serie de recitales, el mapa de la poesía joven se abrió ante mí: conocí a Rafael Rubio en La Chascona y a Javier Bello y a Yanko González en la Facultad de Letras de la Universidad de Chile.
El taller en el Di Giotto’s
Diez años después, en 2008, supe que Germán ofrecía un taller personal. Vi la oportunidad perfecta para conocerlo de cerca y que me dedicara sus libros, así que lo contacté y nos citamos en el Di Giotto’s, un boliche clásico de la Avenida Independencia.
La dinámica era sencilla pero bohemia: nos reuníamos una hora, conversábamos, nos servíamos algo y yo pagaba la cuenta más el honorario en efectivo. Nos vimos unas tres o cuatro veces. Me dedicó sus primeros libros y me dio un cumplido que guardo con cariño: decía que mi poesía era fresca y divertida, algo poco común en esa época.
Sin embargo, sus consejos eran rigurosos:
Limpieza de textos: Me instaba a corregir y «limpiar» los poemas.
Prohibición de adverbios: Debía evitar a toda costa los adjetivos terminados en «mente».
La búsqueda de la perla: Me entregó ejercicios de la poeta estadounidense Bernadette Mayer y me enseñó que siempre debía buscar «la perla» del poema para encontrar el título.
Hablamos mucho sobre la destreza corporal y el cuidado del físico, temas que parecían obsesionarlo en ese entonces.
Me prestó un libro de entrevistas a narradores norteamericanos que, confieso, nunca le devolví. Irónicamente, aunque me fascinaba su figura, sus críticas tuvieron un efecto inesperado: me paralizaron.
En ese tiempo yo creía que la poesía era algo salvaje e intuitivo, y su rigor técnico me hizo dejar de confiar en mis instintos; pasé un largo tiempo sin escribir.
El último adiós en Lastarria
La última vez que lo vi fue en 2016, durante el lanzamiento de su antología Imagen y semejanza (Lumen) en un restaurante del Barrio Lastarria. Fue la única antología de su obra publicada en vida.
Fue un evento significativo. Entre los presentadores estaban la poeta Elvira Hernández —a quien Germán admiraba profundamente— y un joven político que ya destacaba por su gusto por la poesía de Carrasco: Gabriel Boric. De esa tarde queda el registro en YouTube de su lectura del poema «Porque tanto depende».
No compré la antología porque ya tenía casi todos sus libros, pero le llevé Mantra de remos para que lo firmara. Me escribió una dedicatoria que hoy resuena como un testamento: «Para remar y resistir».
El legado
El legado de Germán Carrasco no solo reside en sus libros de poesía, sus crónicas o sus agudas reseñas.
Reside en su voz particular al leer, en el amor casi religioso por su oficio y en la huella que dejó en poetas más jóvenes que aprendieron de él, como Juan Carreño o Francisco Ide.
Germán nos enseñó a mirar el barrio con ojos de poeta y a entender que, en la poesía como en la vida, hay que saber remar contra la corriente.
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Jorge Sabaj Véliz es un poeta, crítico musical y abogado formado en la Universidad de Chile.
Jorge Sabaj Véliz
Imagen destacada: Germán Carrasco Vielma.

