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Documental «Human»: La humanidad que somos

Este largometraje de no ficción -que data de 2015- está dirigido por el fotógrafo y cineasta francés Yann Arthus-Bertran. Durante dos años el realizador galo filma paisajes, capta rostros y recoge vivencias de personas de lugares muy diversos del planeta. Las imágenes están acompañadas de la música del maestro Armand Amar con voces tan destacadas como las del cantante y compositor senegalés Youssou N’Dour. La cinta impacta por su autenticidad y belleza.

Por Jordi Mat Amorós i Navarro

Publicado el 14.6.2018

«El mundo es un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende».
Eduardo Galeano

 

Belleza

El documental agrada por su cuidada sensibilidad. La maravillosa banda sonora de Armand Amar está en armonía plena con las imágenes que muestra el filme. Las voces de los temas son cantos que calan en lo más hondo de cualquier persona que aprecie el arte musical. Y la fotografía a vista de pájaro es todo un goce visual. El realizador parisino Yann Arthus-Bertran (1946) consigue estimular gratamente nuestro oído y nuestra vista haciéndonos desear poder oler, tocar y saborear tanta belleza. Con la salvedad de algunas localizaciones desagradables como el gran vertedero, bellamente rodado, donde nadie querría verse (y en cambio es la dura realidad de tantas personas necesitadas de todas las edades en demasiadas partes de nuestra tierra).

Vemos paisajes de todo el planeta y masas humanas de distintos lugares. Gentes en casamientos multitudinarios, una piscina con olas atestadas de bañistas, desfiles militares de diferentes naciones, caravanas de hombres en el desierto, niños jugando al fútbol en lugares poco comunes, mujeres recolectando en el campo, hinchas en un estadio, ganaderos con sus rebaños…

Como catalán me satisface que el realizador haya plasmado nuestros castellers. Esta tradición patrimonio cultural de la UNESCO está emparentada con la muixeranga del País Valencià y podría tener su origen en el ámbito cirquense árabe. Es una de las más bellas expresiones del valor de la unión y la solidaridad de la gente en un proyecto común. Todos tienen su importancia: el público ayuda a amortiguar posibles caídas y a dar estabilidad a la torre humana, los castellers conforman la torre y las niñas o niños la coronan. Las generaciones locales unidas en un acto festivo para alzarse y casi “tocar el cielo”.

Impacta el contraste del “tocar el cielo” que nos ofrecen los rascacielos de una mega ciudad (la escogida es la simbólica Nueva York). La gran urbe con sus imponentes edificios se nos presenta como la desconexión total, el aislamiento de la naturaleza. No es casual que esté rodada de noche a modo simbólico de reflejar la tendencia a la oscuridad anímica y como denuncia al derroche energético que dominan en nuestra “civilización”. Vemos los cubículos en los que viven y trabajan tantas gentes en donde los televisiones, ordenadores, teléfonos móviles y otros aparatos dominan; la comunicación se produce fundamentalmente desde la distancia con poco contacto en vivo y en directo. Así, en estas ciudades las personas suelen vivir demasiado aisladas de los demás, del mundo real y de ellas mismas; una lástima.

 

Vivencias humanas

Las historias que nos cuentan las personas en la película están relatadas desde la verdad. Se nota que el director ha creado un ambiente confortable que permite que cada persona se exprese con total libertad, como olvidando que las están filmando. Hay lágrimas de dolor y alegría, risas, rabia, gestos, silencios… y rostros que transmiten sinceridad. Muchos de estos relatos consiguen emocionarnos hasta el punto de provocarnos llantos y sonrisas. Visionando el documental uno se sumerge en las vidas de sus personajes, resulta muy fácil empatizar con esas mujeres, esas niñas, esos niños y esos hombres. Hablan del amor, de la familia, de la sexualidad, de las costumbres, de las religiones, de sus problemas, de sus felicidades, de la guerra, de la enfermedad, de la muerte, del sentido de la vida… Además el documental nos ofrece el testimonio de todo un referente de humanidad, el ex presidente urugayo José Mujica, siempre tan auténtico y consecuente.

De la multitud de vivencias destaco:

El caso inicial de un hombre preso de por vida por matar a su mujer y a su hijo. Nos explica su dura infancia, su padrastro le pegaba y maltrataba diciéndole que le quería, que hacerlo le dolía aún más que a él. Así malentendió lo que es el amor, creyó que tenía que doler y por eso hizo daño a los que más quería. Aprendió lo que significa amar de verdad en prisión con el ejemplo de la madre de su mujer que le visitaba a pesar de lo ocurrido, nos dice que gracias a ella pudo ver más allá de su problema. Le vemos llorar con absoluta sinceridad al relatar que tenía todo el derecho a odiarle pero le dió amor. Ella le enseñó con su ejemplo lo que en realidad es amar.

Una mujer indígena nos cuenta con rostro alegre que tiene buena vida. Se siente muy feliz cuando llueve, cuando bebe leche, cuando come lo que le gusta, cuando está en una cabaña bonita que le protege de la lluvia y cuando se acuesta con el hombre que quiere y éste le dice cosas dulces.

Un niño preadolescente explica que hace años que no tiene miedo a la muerte, igual que hacía su padre ya fallecido. Nos dice que si él estuviera vivo, entonces sí que tendría miedo a la muerte. Ahora lo que quiere es reunirse con su padre o volver a su país, Siria.

Un hombre que durante la guerra hirió a una niña árabe que se le acercaba y que no se detuvo aunque se lo ordenó repetidas veces en su idioma. Nos relata que cuando disparó y la niña cayó al suelo al tiempo se paró, fue el momento más corto y largo de su vida. Explica que si un adulto dispara a un niño algo muere en su interior, él sintió una vergüenza dolorosa y la mala sensación del instante en que su dedo pulsó el gatillo.

Una niña nos habla al final del filme como si lo estuviera haciendo a sus padres, pide que la escuchen y que si pueden dejen ya las drogas. Se los ha dicho muchas veces, les hacen mal, les están destruyendo. Afectada, dice que recuerden que es su hija y que paren, que lo hagan por ella.

Un hombre relata que cuando fue soldado en la guerra de Irak hiririeron a un amigo. Recuerda que su pelotón persiguió al que había activado la bomba, estaban llenos de odio y querían matarlo. Entraron en un campo de naranjos y llegaron a un claro; en aquel momento él sintió que el cielo azul le golpeaba y vió a un anciano vestido de blanco con un niño labrando el campo, eso le devolvió a la realidad y se preguntó qué estaba haciendo diciéndose “soy un ser humano y no un instrumento de venganza”.

José Mujica nos explica que: “o logras ser feliz con poco o no logras nada, la felicidad está dentro de cada uno, no es loar la pobreza es vivir con sobriedad, en la sociedad de consumo gastamos el tiempo de vida en trabajar para comprar y comprar más, pero la única cosa que no se puede comprar es la vida, y es miserable gastar la vida para perder la libertad de vivir”.

Y muchas historias más como la de un anciano soltero que nos cuenta que nunca tuvo novia porque no sabe bailar, lo intentó pero al final se rindió. O el de un hombre que relata con pasión cómo se sintió cuando pudo comprarse una moto, la guardó en su habitación e incluso probó de ponerla en su cama para acostarse con ella.

Pero no se trata de explicar todos los casos, lo recomendable es ver y disfrutar este excelente documental sobre la condición humana.

 

¿Por o para qué vivimos?

Diversos testimonios hablan sobre el sentido de la vida de forma más o menos directa…

Un niño se pregunta por qué está en la tierra, dice que cada uno tenemos nuestra misión y que él también la tiene pero aún no sabe cual es. A mi entender, es una acertada reflexión que sorprende al ser hecha por un niño. Mucho se puede aprender de los niños que viven sin los condicionamientos y absurdidades de nuestra sociedad.

Un padre con un hijo discapacitado, muy emocionado nos explica que siempre le dice: “eso es una hoja y eso son las flores, toda la felicidad de la vida”, y por la noche le señala el cielo comentándole: “¡esas son las estrellas!”; su hijo las mira y le mira con ojos de adulto, y le da la impresión que éste es mucho más fuerte que él (es un hombre creyente y habla de su espíritu), es su hijo quien le guía a él y a toda la familia. Nos dice que su hijo le ha hecho entender lo que es y significa amar: “para vivir juntos debes quererte a ti mismo, amar a tu pareja, amar a tus hijos grandes y pequeños, a tus padres, a todos los seres humanos por lo que son. Sólo por el amor de las personas se puede salvar el mundo”. Para este hombre, como para muchas otras personas entre las que me incluyo, el sentido de la vida es aprender a amar para mejorarse y mejorar.

 

 

 

 

El realizador Yann Arthus-Bertrand durante la filmación de su documental «Human» (2015)

 

 

Tráiler:

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