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«Don Giovanni», elenco estelar en el Municipal de Santiago: Bajo la estrella de una doña Anna de nivel mundial

La versión «nacional» del montaje dramático preparado por la dupla compuesta entre Pierre Constant (régie) y Roberto Platé (escenografía) evidenció quizás mejores pasajes vocales que su par «internacional», aunque menores acordes de calidad musical en el total orquestal, en una presentación marcada por la destacada rúbrica actoral y sonora de la soprano rusa Oksana Sekerina en el rol femenino principal (exhibiendo una gran variedad de recursos tímbricos), y seguida en su desempeño cualitativo por las personificaciones de Leporello, a cargo del barítono chileno Sergio Gallardo y por la doña Elvira de la cantante santiaguina Pamela López.

Por Jorge Sabaj Véliz

Publicado el 24.4.2018

La función de estreno del primer título de la temporada de ópera 2018, del Teatro Municipal de Santiago, en su versión de ópera estelar, fue Don Giovanni (1787) del compositor alemán Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756 – Viena, 5 de diciembre de 1791) y se escenificó el pasado sábado 21 de abril en el escenario de calle Agustinas.

La conducción musical estuvo a cargo del director residente de la Orquesta Filarmónica de Santiago, Pedro Pablo Prudencio, la régie de Pierre Constant, la escenografía de Roberto Platé, el vestuario de Jacques Schmidt y Emmanuel Peduzzi y la iluminación de Jacques Rouveyrollis.

Sobre la escenografía cabría agregar a lo ya señalado en relación a la función internacional el inteligente uso de cuerdas para apresar y castigar al libertino al final del primer acto y como elemento fatal al terminar la ópera.

El vestuario destacó los perfiles dramáticos de cada personaje, desde el por momentos ridículo sombrero con plumas gigante de doña Elvira a las capas, sombrero de copa y trajes elegantes de don Giovanni.

La régie exhibió como novedad, el comienzo de la acción dramática ya desde la obertura, sugiriendo los innobles actos perpetrados por el protagonista en contra de doña Anna. También cabria agregar a lo ya dicho al uso del telón como un elemento más de la escenografía cerrándolo cuando el protagonista quería ocultar sus pecados o bien utilizándolo como un escondite por Zerlina.

La dirección musical de Pedro Pablo Prudencio se mostró enérgica desde el primer movimiento y le dio una mayor fluidez a la música sin tantos efectos. Tuvo sus problemas en el tempo de ciertas arias y concertados, sobre todo en la primera parte de la ópera. Luego se preocupó de conectarse más con los cantantes, asistiéndolos.

 

En cuanto al elenco por orden de aparición:

Leporello, de Sergio Gallardo, comenzó un tanto nervioso abusando de los efectos del sforzando y remarcando en demasía ciertas frases, tuvo un descuadre de casi un compás en la primera parte de su aria Madamina il catalogo e questo, pero en el global del área la voz supo afirmarse en sus exigencias y con un acabado estudio y trabajo de ensayo, amén de una gesticulación y carismas inherentes al cantante, supo salvarla más que decorosamente. Su mayor virtud fue la dedicación, el estudio y la capacidad de dotar al personaje de una personalidad servil, cómica, a ratos cobarde, ingenioso y divertido, en características que aportaron un pilar fundamental para el desarrollo dramático del personaje de don Giovanni. Destacó más en los recitativos y en el aria que en los concertados, dúos, tríos o sextetos.

Don Giovanni en los pantalones de Daniel Miroslaw, apeló sobre todo, dramáticamente, al carácter aristocrático, inmoral, completamente infantil e inmaduro, osado en su inocencia, menos carnal y lujurioso que el de Bakirci, pero más elegante y superfluo. En lo vocal estuvo preciso en los tempos y tonos demostrando un dominio completo de la parte musical, sin embargo la voz careció de la garra o cuantía requeridas en ciertos pasajes adicionando a esto una emisión que tendía al vibrato al forzarla, lo cual pudo apreciarse incluso en el aria casi “desnuda” Deh, vieni, alla finestra, esto lo suplió con un uso corporal y desplazamientos sobre el escenario que realzaron su ya de por sí atractiva e imponente figura.

La doña Anna de Oksana Sekerina logró algo que a simple vista se veía difícil de igualar y por momentos superar a su colega internacional Michelle Bradley. Ambas fueron sin lugar a dudas, al menos en lo vocal, las estrellas de ambas versiones de la ópera. Oksana Sekerina nos mostró una versión dramáticamente más contenida y menos exuberante que la de Michelle, pero igualmente efectiva en demostrar los sentimientos de indefensión, pena y venganza, y en su caso lo logró con un efectivo uso de sus apreciables recursos vocales, pianísimos, crescendos súbitos, coloraturas, fortísimos redondos con un tono metálico, gran control del fiato, legatos, y un timbre que se proyectaba perfectamente emitido en todo el ámbito del registro de soprano lírica. Tendremos la suerte de escucharla nuevamente esta temporada como Adalgisa en Norma, de Vincenzo Bellini.

El Comendador de Soloman Howard falló solamente en ser demasiado joven y atlético como para representar al anciano padre de doña Anna. En cuanto a lo vocal superó incluso su desempeño del estreno internacional. Su voz llenó la escena de la condenación de don Giovanni en la cena final, con una grave profundo, timbrado y con una inusitada potencia que remarcó aún más el dramatismo de la música de Mozart al desempeñar el papel del padre castigador o del juez implacable que sentencia al pecador antes de su muerte.

Don Octavio fue interpretado por el tenor trasandino Santiago Bürgi, quien junto con el tenor español Joel Prieto fueron una dupla solvente que supieron representar el papel del único tenor en la ópera. Además de su presencia y elegancia escénica Bürgi agregó un timbre reconocible de tenor más lírico que ligero, el cual supo salvar las dificultades de cantar Mozart en sus arias Dalla sua pace y en Il mio tesoro intanto: en la primera tuvo dificultades por lo difícil del aria y por optar, en la re exposición, por una voz pianísima casi en falsete que logró controlar las coloraturas en tempo pero sacrificó mucho del volumen y timbres de su bella voz. En la segunda, tomada en forma más ligera y con menos volumen pudo salvar las coloraturas no sin algunos desajustes rítmicos. Eficiente en los recitativos y en los concertados en los cuales participó.

La Doña Elvira de Pamela Flores fue todo un reto para la soprano chilena. El papel exige una gran versatilidad a la cantante, desde las virtudes etéreas de una ligera al poder total de una lírica spinto dependiendo del momento y circunstancia, además de lo requerimientos de sus arias Mi tradì quell’alma ingrata y  Ah, che mi dice mai… La voz de Pamela Flores posee gran parte de los atributos requeridos con un timbre oscuro de mezzo y un centro y agudos grandes con los cuales tiene la capacidad de variar hacia el piano cuando lo necesita, sin embargo se escuchó por momentos irregular, sin darle continuidad y legato a sus frases, por lo que la voz brillaba en un instante y enseguida se apagaba, no sabemos si por razones técnicas o por nerviosismo. Su presencia escénica fue adecuada aunque un tanto rígida: le faltó olvidarse un poco más de la régie y entregarse a la naturalidad de la acción misma.

La pareja conformada por la soprano chilena Yaritza Véliz como Zerlina y el barítono cubano Eleomar Cuello, como Masetto, lograron aportar credibilidad y calidez a sus personajes campesinos, con la brutalidad, celos, obediencia de Masetto y la dulzura, inocencia, picardía y sensualidad natural de Zerlina. Yaritza con un sentido rítmico excepcional y un material cálido, bellamente timbrado, sustancioso, redondo y voluminoso de una soprano típicamente lírica nos mostró ese tipo de voz que tienen la virtud de que mientras más trabajas en ellas más te entregan y, desde ese punto de vista, una voz en plena formación para asumir protagónicos netamente líricos en un futuro próximo para lo cual debe mejorar su desplante actoral. A su vez Eleomar sorprendió con una presencia escénica templada, no desbordada, de movimientos bien administrados, que buscaba y no rehuía el escenario y una voz baritonal perfectamente asentada, de atractivo y profundo timbre, la cual requiere de más exigencias para encontrar sus límites.

 

Don Giovanni en los pantalones del barítono polaco Daniel Miroslaw apeló sobre todo, dramáticamente, al carácter aristocrático e inmoral, completamente infantil del rol protagónico

 

Tráiler:

 

 

Crédito de las imágenes: Marcela González Guillén, del Municipal de Santiago, Ópera Nacional de Chile

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