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«El valor de una mujer»: Yo acuso

El largometraje del realizador italiano Marco Tullio Giordana es un escalón más hacia la visibilización y denuncia de un sistema cooptado por normas que tienen que caer. Nina en la ficción y Cristiana Capotondi (la actriz que encarna el rol protagónico) ameritan que el filme sea visto y discutido. La cinta se exhibe en la cartelera de la sala El Biógrafo de Santiago.

Por Alejandra Boero Serra

Publicado el 13.1.2020

«Desbaratar el patriarcado es un trabajo diario».
Rita Segato

Marco Tullio Giordana, prestigioso director de I cento passi y La meglio gioventú, en Nome di donnaEl valor de una mujer, en la traducción al castellano-, construye un drama sobre el acoso en sintonía con los movimientos que se consolidaron a partir del Me too. Una puesta en escena -maniquea a pesar de su valor de denuncia- de la lucha que emprende una mujer en contra de todo un sistema dominado por hombres. Giordana en la dirección y en el guión, junto a Cristiana Mainardi, muestra que el abuso tiene distintos niveles y la indefensión y desamparo que acompañan a la víctima desde el minuto cero en el cual da el paso en la búsqueda de reparación y de justicia.

Nina (Cristiana Capotondi), madre soltera, sale de Milán y se muda a una pequeña localidad lombarda junto a su pequeña hija para trabajar en una clínica para ancianos -clínica de prestigio que está bajo la égida de la Iglesia Católica- que contrata mujeres vulnerables no por «caridad cristiana» como se verá en el transcurso de la historia. Cada empleada sabe que el código, la omertá, no se rompe y es seguir con un secreto a voces para no perturbar el «buen funcionamiento y financiamiento» de la institución. Cuando desde la oficina del director (Valerio Binasco) se llama a una asistente nadie ignora que allí cambia la historia. Y el abuso empieza. Y va más allá. Hasta que la citada es Nina. Y Nina no es como las demás.

La película tiene dos partes bien definidas. La primera con la entrevista para entrar a ser parte del personal de servicio donde el sacerdote responsable (Bebo Storti) no hace más que incomodar con sus preguntas y sus sugerencias moralistas y, desde el vamos, machista. Él será, junto al director, otro abusador y cómplice de lo que sucede puertas adentro. Y con su poder institucional, puertas afuera.

Las compañeras de Nina no van a facilitar la vida de ésta y van a seguir siendo parte del encubrimiento por miedo. Son mujeres sometidas que han naturalizado los malos tratos y el acoso. De sororidad, ni noticias. La segunda, las investigaciones y el juicio para poner en evidencia y castigar a los culpables. Es en esta segunda parte cuando la película se ralentiza y se hace más didáctica/ejemplificadora y pierde fuerza la complejidad del tema tratado.

De todos los protagonistas -Capotondi, Binasco y Storti- será Capotondi quien tenga un personaje con espesor dramático. En general todas las actuaciones son dignas pero quien sobresale es quien se pone en la piel de Nina. Marco Tullio Giordana, en un reportaje, deja claras sus intenciones: «No quería hacer una película de denuncia militante sino simplemente presentar a un personaje femenino valiente y contar también lo que les ocurre a las mujeres que la rodean». Y aunque sea fundamental el rol del cura, según el director del filme: «la película no quiere mostrar a la Iglesia Católica como responsable de estos comportamientos, problema que afecta a muchas instituciones de todo el mundo. Pero la religión católica tiene mucha presencia en el poder de algunas instituciones, sobre todo en la asistencia médica. Por eso la película escoge a este sacerdote que, antes de sacar a relucir todo lo que está sucediendo, prefiere encubrir a toda la cadena de poder». Como espectadora diría: no aclare, que oscurece…

Lo mejor de la cinta está en mostrar las gradaciones del acoso, la valentía de su protagonista, la escena final en donde a pesar de las batallas ganadas hay algo que continúa y será cuestión de persistir y seguir luchando porque ninguna otra mujer tenga que pasar por estos trances y lo que sucede en el sistema judicial italiano como dice Giordana: «Lo interesante es que en Italia la legislación sobre acoso es muy avanzada. Italia fue el primer país en admitir que el acoso era un delito contra la persona y no contra la moral. Desde los años setenta, la ley italiana ya refleja todos estos conceptos. Las leyes son buenas y existen, pero el problema es que luego hay que aplicarlas, hay que respetarlas. Eso requiere un cambio de mentalidad muy profundo, las familias tienen que enseñar unas reglas, unos valores. Y cuando hablo e familias hablo de padres y madres. Este proceso puede ser muy largo y quizás no basten tres, cuatro o cinco generaciones para llevarlo a cabo». Y repito, esto se ve muy bien en la última escena. Por todo esto Nome di donna es un escalón más hacia la visibilización y denuncia de un sistema cooptado por normas que tienen que caer. Nina en la ficción y Cristiana Capotondi -firmataria junto a un centenar de actrices italianas del documento «Dissenso comune» y nominada al Nastro d’Argento for Best Supporting Actress- ameritan que el filme sea visto y discutido. Y en algún momento el grito de «¡Se va a caer!», será una realidad.

 

Alejandra M. Boero Serra (1968). De Rafaela, Provincia de Santa Fe, Argentina, por causalidad. Peregrina y extranjera, por opción. Lectora hedónica por pasión y reflexión. De profesión comerciante, por mandato y comodidad. Profesora de lengua y de literatura por tozudez y masoquismo. Escribidora, de a ratos, por diversión (también por esa inimputabilidad en la que los argentinos nos posicionamos, tan infantiles a veces, tan y sin tanto, siempre).

 

 

 

Tráiler:

 

 

Imagen destacada: Nombre de mujer (Nome di donna, 2018).

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