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«El verdadero amor»: Dar lo que no se tiene

Una película -que se estrena este jueves 10 de octubre en la cartelera local- donde todas las generaciones participantes maduran: lo mejor del amor, la incerteza, la fuerza del cambio, la posibilidad en la crisis, con una directora ( Claire Burger) que sabe lo que es el buen cine y las buenas y siempre personales, clásicas y universales historias dramáticas.

Por Alejandra Boero Serra

Publicado el 9.10.2019

El verdadero amor (C’est ça l’amour, 2018) es la ópera prima de la reconocida guionista de Party Girl y, ahora, montajista y directora Claire Burger. En tiempos de deconstrucción de la masculinidad patriarcal, Claire logra, narrando/pintando «desde su aldea» -una ciudad del noreste francés, Fobach- mostrar la debacle de Mario sin recurrir a clichés ni a golpes de efecto políticamente correctos. Estamos frente a una historia que conmueve desde la honestidad de las emociones de una vida común, real en donde los sentimientos se muestran, en donde la vulnerabilidad de los protagonistas se inscribe como potencia de encuentros en el devenir de una separación de pareja y el reacomodamiento de las hijas con sus padres.

Claire Burger, desde la experiencia autobiográfica, nos lleva a mirar el momento de madurez que se inscribe en la crisis que genera todo cambio. Y viceversa.

Mario -Bouli Lanners-, luego de dos décadas de un matrimonio feliz con Armelle, deja que su esposa se vaya -aunque le ruega que vuelva pronto- y con ella acoge la frustración de sentirse mal esposo y no mejor padre -aún cuando se haga cargo de cuidar de Frida -Justine Lacroix- de 14 años y de Nikki -Sarah Henochsberg- de 18, ambas con conflictos propios de la edad -el primer tropiezo amoroso de una y la búsqueda de independencia de la otra.

Solo, aturdido y sin respuestas, Mario comienza a comprender que hay que reinventarse y aprender en el camino. De la rutina de su oficina de empleado público a una performance teatral -excusa para estar cerca de Armelle- y a la cotidianidad de los quehaceres hogareños junto a la problemática de dos adolescentes, las estructuras ceden y en ese resquebrajamiento afloran los sentimientos más reprimidos y los miedos más acendrados. Y desde allí, desde esa supuesta debilidad, se reconstruye como padre y como hombre.

Esta película acierta desde la contundencia y claridad temática -conflictos y duelos que se van resolviendo a medida que los personajes mutan- hasta el planteo actoral -con escenas de una ternura y un padecer de una verosimilitud que hacen temblar la pantalla- y tomas en donde la cámara llega a las vísceras -cercana, empática, amorosa- y donde la iluminación y la música juegan un dueto digno de la mejor de las óperas o del ballet -afines a la sensibilidad de Mario, el gran agonista de este filme.

C’est ça l’amour nos hace tocar fondo y saber que de allí se sale mejores a través de lo mejor del cine francés (Rohmer es una cita constante). Hay belleza en los diálogos directos, en los traspiés de los protagonistas, en las actuaciones que resuelven lo más genuino y díficil de afrontar en un ser humano: su vulnerabilidad. Y una única certeza: que el amor tiene muchas derivas, una de las más importantes -encarnadas en este cuarteto familiar- que es aprender. Aprender y reaprender aún en los desencuentros, en las despedidas, en los finales.

Una película en que todas las generaciones maduran. Lo mejor del amor. La incerteza. La fuerza del cambio. La posibilidad en la crisis. Una directora que sabe lo que es el buen cine y las buenas y siempre personales-clásicas-universales historias.

Esta co-producción franco-belga se estrena mañana jueves en los cines de Santiago. Nadie saldrá defraudado de esta coming of age protagonizada por Bouli Lanners, Justine Lacroix, Cécile Rémy-Boutang, Antonia Buresi, Célia Mayer, Lorenzo Demanget, Tiago Granda, Laure Ballarin y Sarah Sénéchal.

 

Alejandra M. Boero Serra (1968). De Rafaela, Provincia de Santa Fe, Argentina, por causalidad. Peregrina y extranjera, por opción. Lectora hedónica por pasión y reflexión. De profesión comerciante, por mandato y comodidad. Profesora de lengua y de literatura por tozudez y masoquismo. Escribidora, de a ratos, por diversión (también por esa inimputabilidad en la que los argentinos nos posicionamos, tan infantiles a veces, tan y sin tanto, siempre).

 

 

Tráiler:

 

 

Imagen destacada: Bouli Lanners y Justine Lacroix en C’est ça l’amour (2018).

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