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[Ensayo] «Creatura»: Del deseo y la sexualidad femenina

El segundo filme de la actriz y realizadora catalana Elena Martín Gimeno acaba de ser estrenado en la cartelera de las salas españolas, precedido de una gran expectación, luego de haber sido premiado y galardonado en la última versión del Festival de Cannes (2023).

Por Jordi Mat Amorós i Navarro

Publicado el 19.9.2023

«Dentro de la educación emocional está la educación sexual. Y en estos tiempos que corren es todavía más importante reivindicarla porque es absolutamente necesaria para el crecimiento de una, pero también para el crecimiento social y para evitar violencias sexuales y machistas».
Elena Martín

En los míticos cines Verdi del barcelonés barrio de Gràcia tuvo lugar este martes 12 de septiembre la presentación del segundo filme como realizadora de la actriz catalana Elena Martín quien asistió al acto y tras la proyección respondió con brillantez a las preguntas del numeroso público.

De esta manera, una sala repleta acogió con expectación a la ganadora del premio a la Mejor Película Europea (Quincena de Realizadores) en la reciente edición del Festival de Cannes.

Para nada se defraudaron esas expectativas a juzgar por los sonoros aplausos al finalizar la proyección y asimismo por los comentarios del público en la rueda de preguntas.

Y es que Creatura es una película respetuosamente atrevida y sensiblemente valiente que nos sumerge con autenticidad y rigor en un tema muy delicado: el deseo y la sexualidad femenina.

 

La ambivalente mar

Martín nos sumerge literalmente en su amada mediterránea en una Costa Brava que le remite a los veranos de su infancia y adolescencia. Una mar omnipresente de principio a fin del filme.

De hecho, son varias las escenas en que la propia cámara se hunde junto a la protagonista a lo largo de las aguas saladas de los tiempos históricos evocados.

Un tiempo evocado en ficción porque, tal y como nos aclaró en el coloquio, la película no es un relato autobiográfico aunque sí un recuerdo de los lugares comunes familiares que pretende honrar la saga femenina de la que ella procede y a la cual pertenece.

La mar, esa savia salada vital emparentada —simbólicamente y físicamente— al útero materno. Y la mar según entiende Martín como potente símbolo ambivalente:

Por un lado y especialmente en sus playas durante el estío como favorecedora de mayores libertades. Y asimismo generadora de miedo, el miedo que ella siente a la mar más profunda cuando se aleja de la costa.

Así pues, para Martín la mar es placer en la piel y liberación personal de cuerpo y mente con el reverso oscuro del vértigo que le produce el simbólico inmenso océano profundo cuando ella siente que no «toca pie» en tierra.

Ella sintiendo vértigo y también esa sensación en Mila, la protagonista de esta historia en clave femenina.

No tocar pie o la imagen de la inseguridad de una mujer —Mila— que siendo niña y adolescente dependía —como suele suceder— de la aprobación de los demás y que ahora está en la senda de desprenderse de juicios y perjuicios —propios y ajenos— para mostrarse en ambivalente desnudez que es autenticidad, que es búsqueda de la sana y necesaria identidad.

No obstante, Martín —pese a no hablar de sí misma— en el coloquio se mostró consciente de la inevitable influencia de su historia personal en la mirada de Creatura. De alguna manera busca hablar —a través de su personaje— de las mujeres en general, y de cómo la infancia y la adolescencia vivenciadas condicionan sus relaciones sexuales adultas.

 

El cuerpo y la identidad, urticaria

En este sentido nos explicó que la película nació de una performance sobre el cuerpo y la identidad que le despertó la necesidad de hablar de la sexualidad femenina, un tema que en pleno siglo XXI y especialmente en lo que se refiere al deseo infantil sigue siendo un pesado tabú.

Han sido seis años desde ese impulso inicial hasta la conclusión del filme, años en los que Martín ha investigado sobre el tema en medios profesionales y paralelamente estudiando casos reales a través de entrevistas a distintas mujeres.

Mila se nos presenta como una mujer adulta que tiene problemas para excitarse sexualmente. Y que paralelamente sufre una aparatosa urticaria que se le manifiesta a menudo desde que tenía cinco años.

Veremos como ella rememora —estando en la casa familiar de la Costa Brava junto a su pareja Marcel— los veranos de su adolescencia e infancia que sin ser expresamente traumáticos condicionaron su modo de ver y entender el deseo sexual.

Con exquisitez, Martín nos muestra la incomodidad del padre —un hombre amoroso y cercano pero con dificultades para gestionar las emociones— cuando Mila niña juega a frotarse sobre su sexo entre sábanas y pijamas o le pide que le remueva el «culete». El rechazo del progenitor ante el inocente juego de la niña que aún no sabía lo que era el pudor que en ambivalencia represiva caracteriza a la edad adulta.

En consecuencia, Mila —y desde la perspectiva infantil— descubre que esos juegos molestan y de alguna manera llega a proyectar su culpa en la piel, una piel desnuda que hay que cubrir ya sea con ropas o mediante simbólica urticaria.

El recorrido a los orígenes de la pesada culpa impuesta —y que aflora de nuevo en la adultez de Mila— se completa con la ambivalente etapa adolescente en la que ella y una amiga son calificadas como guarras por los chicos por experimentar en libertad su sexualidad; ellas guarras y nunca ellos guarros, así es la cosmovisión patriarcal que ha dominado nuestra sociedad y que se espera pronto deje paso definitivamente a un mundo más igualitario.

La culpa autoimpuesta de Mila —en reacción a la necesidad de ser aceptada por el padre y la sociedad— se agranda tras esa etiqueta impuesta por sus «amigos».

 

La incomodidad masculina

Paralelamente, Martín nos ofrece un retrato de la incomodidad masculina ante la mujer que se muestra en ambivalencia emocional.

Marcel cree que su relación con Mila cuesta demasiado asegurando que debería ser fácil: «hay momentos en que me pierdo», le confiesa.

Lo vemos en la misma mesa que se sentaba el padre, Marcel como él concentrado en sus tareas y con pocas ganas de atender las mareas femeninas en su incapacidad de entender un sentir que va más allá de lo racional.

Un sentir y un lenguaje de mujer —de feminidad en mujeres y hombres— que ellos dos —como desafortunadamente tantos hombres— prefieren no atender porque les incomoda y les pone en evidencia. Mejor «lo fácil» aunque sea a costa de estancarse en su limitada visión.

Un sentir femenino irracional primario que tiene mucho de salvaje en el buen sentido de la palabra —lo salvaje como la animalidad que encarnamos y no como sombras tras las máscaras— y que busca el abrazo sincero.

De hecho, Mila quiere jugar con Marcel a juegos ambivalentes donde ser «mala» no sea reprimido y fantasea con experiencias sexuales en las que «devorar» es juego cómplice. Busca jugar ella —entiendo— para en el juego redimir de culpa a su niña y a su adolescente.

En el coloquio, Martín nos habló de ello poniendo énfasis en que el deseo sexual es una necesidad humana. Y añadiendo que el peligro está en la violencia y asimismo en el juicio a la expresión individual de la sexualidad.

Por todo lo expuesto, les invito a visionar esta excelente película —actualmente en la cartelera española— que destaca por su guion —firmado por Martín y Clara Roquet—, su cuidada puesta en escena y el buen trabajo del elenco actoral que encabeza la propia directora junto a Oriol Pla, Clara Segura, Álex Brendemül y la pequeña Mila.

 

 

 

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Jordi Mat Amorós i Navarro es un pedagogo terapeuta titulado en la Universitat de Barcelona, España, además de zahorí, poeta, y redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Jordi Mat Amorós i Navarro

 

 

Imagen destacada: Creatura (2022).

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