El libro del autor esloveno guarda 36 piezas breves para entender el incendio global en curso, pues rebobinar un poco de su mano resulta una buena medida con el propósito de afinar el desengaño y de esa manera prepararse a objeto de enfrentar la hecatombe con los ojos bien abiertos.
Por Alfonso Matus Santa Cruz
Publicado el 28.3.2026
«Nunca hemos sido tan conscientes de lo que no sabemos y de las limitaciones de actuar y vivir en la incertidumbre».
Estas palabras preclaras de Jürgen Habermas (1929) que diagnosticaban la situación global durante la pandemia del COVID en 2020 se propagan como ecos en una cámara de resonancia que parece infinita, porque la incertidumbre y los límites de la acción humana han avanzado exponencialmente desde ese punto de inflexión en el guion de la cultura global durante este siglo XXI.
Con todo, estamos en la prehistoria del futuro, al filo del abismo, en lo que seguramente más adelante será señalado como el inicio de la Tercera Guerra Mundial.
Quien hace la vista gorda de la situación está demasiado perdido entre los reels y su metro cuadrado de realidad. Quien convoca la cita de Habermas no es otro que el filósofo y crítico cultural Slavoj Žižek (1969), uno de los pocos pensadores de la izquierda actual capaz de sondear tanto las falencias del progresismo liberal como del tecnofeudalismo entrante, procurando analizar los nudos cardinales en las tramas geopolíticas, porque entre el caos alguien tiene que tratar de hallar un orden o proponer alternativas.
De eso va la última colección de ensayos del pensador esloveno, El cielo en desorden, 36 piezas breves editadas en la colección Argumentos de Anagrama, que sondean los puntos álgidos del debate político global, las distintas crisis y las disputas de poder en curso durante 2019 y 2021.
El paseo que propone Žižek es vertiginoso e iluminador: desde las revueltas en Hong Kong y Chile del 2019 hasta la toma del capitolio de la escolta trumpista en 2021 tras perder la elección, pasando por las implicancias psíquicas y económicas de la pandemia hasta los episodios de violencia que auguraron la escalación del actual conflicto entre Irán y Estados Unidos e Israel.
Con guiños a la cultura chilena y sus avatares
Un observador perspicaz capaz de entramar las líneas narrativas de la geopolítica global con soltura y elocuencia, Žižek nos sorprende al elucidar las incongruencias e hipocresías que atraviesan el espectro político.
En uno de sus textos más agudos, Tres posturas éticas, comienza utilizando una novela de Philip K. Dick, Tiempo desarticulado, como analogía de la cómoda ignorancia de los académicos y científicos en las cúpulas de las universidades financiadas por el poder privado, que resuelven ecuaciones y estiran los límites de la genética, la IA, la física y la bioingeniería, entre otras materias, sin considerar las consecuencias globales, la potenciación del complejo militar industrial y el capitalismo de la vigilancia digital, entre tantos otros males modernos.
Así, el ensayo continúa con otra analogía que desmenuza la tibieza del progresismo descafeinado y sus manifestantes y activistas de sofá, y lo hace ocupando como punta de lanza la canción de Los Prisioneros, «Nunca quedas mal con nadie», un guiño más, entre otros, a la cultura chilena y sus avatares durante estos últimos años.
La letra de la canción sirve a Žižek para llamar a los judíos israelitas a tomar postura contra la barbarie genocida que llevan a cabo en Palestina, a que tengan el coraje de oponerse y avergonzarse de las políticas de Trump y Netanyahu, porque: «Esto es lo que nos dicen Los Prisioneros con ‘Nunca quedas mal con nadie’ y otras canciones: a veces, avergonzarte de tu país es la única manera de pertenecer plenamente a él y luchar por él».
Esta obra funciona como una cartografía afilada y contingente del pensamiento de Slavoj Žižek, que acaso peca del que mucho abarca, poco aprieta, ya que, en algunos pasajes, por ejemplo, al abordar las situaciones de Chile frente al plebiscito constitucional o de Bolivia y la persecución a Evo Morales, se inclina por un optimismo de izquierda que acabó siendo arrancado de cuajo por el avance de las derechas populistas.
Por el contrario, sus análisis sobre la eficacia discursiva y los forados evidentes del neopopulismo de derechas cada vez más extremas no dejan de ayudarnos a comprender el problema en el cual estamos metidos.
Aunque la mayoría de estas piezas fueron compuestas antes de explosión radical de la IA y la monopolización del discurso sobre el diseño del futuro global entorno a las transformaciones energéticas, económicas y laborales que este fenómeno implica, la lucidez de los análisis geopolíticos, discursivos y sociológicos de Žižek nos entregan un fresco de crítica cultural global a prueba de cegueras y sesgos ideológicos.
Su postura neocomunista está clara, Žižek sigue siendo Žižek, pero la relevancia de su pensamiento, la elocuencia filosófica y capacidad asociativa (las referencias cinematográficas, literarias y musicales, entre otras) nos desglosan el panorama global como pocos pensadores los pueden hacer.
En efecto, se trata de un agudo libro para entender el incendio geopolítico en curso: rebobinar un poco de su mano es una buena medida para afinar el desengaño y prepararse para enfrentar la hecatombe con los ojos bien abiertos.
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Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.
Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.
«El cielo en desorden», de Slavoj Žižek (Editorial Anagrama, 2025)
Alfonso Matus Santa Cruz
Imagen destacada: Slavoj Žižek.

