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[Ensayo] «Filosofía de la canción moderna»: Con una claridad de mañana brumosa

Esta es una obra sinuosa, desigual, con más apariencia de híbrido reflexivo, de ejercicio retrospectivo sobre el gusto musical del propio Bob Dylan, al modo de un ajuste de cuentas con los vaivenes y mezclas de los géneros sonoros que marcaron a la segunda mitad del siglo XX.

Por Alfonso Matus Santa Cruz

Publicado el 23.4.2023

Nadie duda de que Bob Dylan (1941) es uno de los artistas vivos más relevantes, sobre todo por su larga estela de pistas folk que reinventaron, en cierto modo, la fusión entre poesía y música, la canción de protesta y esas baladas en las cuales el misterio de la vida a la deriva se expresa con una claridad de mañana brumosa, de ir de una parte a otra sin saber qué hacer, pero con la perplejidad y la belleza aunadas en el equipaje.

Luego llegaron sus crónicas y el Premio Nobel de literatura, sorpresa para algunos, no tanto para otros, como Nicanor Parra, que ya lo había anticipado.

Esa etapa post Nobel había sido más silenciosa, quizá por la natural discreción con que ha llevado su vida privada, quizá por la simple ley de la vejez. Pero el silencio lo rompió hace poco al publicar su primer libro desde sus crónicas, un texto con un título difícil de defender, que apunta a algo distinto de lo que uno se encontrará dentro de sus páginas: La filosofía de la canción moderna, editado en español por Anagrama.

Cuando llega el baño de realidad hay que ser capaz de bajar a los ídolos del pedestal, por más que sus canciones nos hayan ayudado a soportar la realidad o redimir el dolor de la existencia con unos minutos de guitarra, armónica y esa voz rasposa, casi etérea de tan llana.

Hay que ser francos, este libro carece de filosofía. No hay sistematización ni: «una clase magistral sobre el arte y el oficio de componer canciones». La obra se compone de una serie de ensayos de una a tres páginas sobre canciones pop, rock, country, folk y blues, anglosajonas en su mayoría.

Algunas canciones también van acompañadas de un riff: una improvisación en segunda persona inspirada en la letra, el estado de ánimo o el tono de una canción determinada. Así reversiona versos como los de «Everybody Cryin’ Mercy» de Mose Allison: «—el soplón, el escandaloso, el merodeador y la rata, el traficante de personas y el ladrón de coches».

Parecen más que nada reflexiones espontáneas y divagaciones no ensayadas, algunas más coherentes que otras.

 

Con más apariencia de collage reflexivo

Pese a ese aire a improvisación y desenfado, a la falta de rigor en la edición de los ensayos, o de armazón en sus reflexiones, no hay que negar que el libro tiene su encanto. Uno de los mayores es el cuantioso y rico apartado fotográfico que lo acompaña.

Y, por supuesto, que Bob Dylan se permite dar rienda suelta a su sentido del humor. Dice que «Take Me from This Garden of Evil», de Jimmy Wages, trata de: «masas de gente hipnotizadas y gilipollas empedernidos, y el cantante quiere que lo liberen de ello, ¿quién no lo querría?».

Así, hay una sensación de que el proyecto del libro no alcanzó a despegar del todo, como si en vez de agarrar vuelo hubiese preferido acotarse a la brevedad de sus impresiones sobre las canciones. Por ejemplo, no se atreve a indagar en el mecanismo que lleva a una determinada pieza de música popular a convertirse en un catalizador del imaginario colectivo, lo que habría sido una aventura más compleja y enjundiosa.

Huelga decir que Dylan se queda en la superficie con afirmaciones un tanto generales, pero bastante rotundas («Pocas canciones se hacen populares, pero de las que lo hacen, parece que no podemos prescindir») y algunas otras apreciaciones que podrían pasar a ser memes, como la afirmación de que «Volare» fue: «una de las primeras canciones alucinógenas, al menos diez años por delante de ‘White Rabbit’ de Jefferson Airplane».

En efecto, La filosofía de la canción moderna es una obra sinuosa, desigual, con más apariencia de collage reflexivo, de ejercicio retrospectivo sobre el gusto musical del propio Dylan, a modo de ajuste de cuentas con los vaivenes e hibridaciones de los géneros musicales que marcaron la segunda mitad del siglo XX.

Una piedra en el zapato para un poeta que parece haber caído en la tentación que muchos autores líricos han enfrentado frente a las demandas del mercado: ir hacia la prosa, luchar cuerpo a cuerpo con ella, pese a que no tengan el fuelle y el rigor mental necesario para no salir indemnes, pero sí con una sensación de entereza, de labor cumplida.

Es preferible seguir escuchando sus maravillosas canciones y esa poesía que perseverará cuando seamos cenizas si es que aún hay quien para escucharla.

 

 

 

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Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.

Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«Filosofía de la canción moderna», de Bob Dylan (Editorial Anagrama, 2022)

 

 

 

Alfonso Matus Santa Cruz

 

 

Imagen destacada: Bob Dylan en 1965.

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