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[Ensayo] «La única opción»: La fragilidad masculina

El largometraje de ficción del realizador surcoreano Park Chan-wook —el cual se exhibe por estos días en la cartelera nacional— es un ajuste de cuentas del director asiático con el capitalismo imperante en su país y a nivel global, a través de una historia y narración audiovisual de carácter luminoso.

Por Cristián Uribe Moreno

Publicado el 27.1.2026

Hace algunas semanas, la academia de Hollywood anunció los nominados finales para los premios Oscar de este 2026 y llamó la atención que, en la lista de seleccionados a Mejor película extranjera, no estuviese Park Chan-wook y su último largometraje No Another Choice (2025).

Mayor fue la sorpresa teniendo el antecedente de que sí recibió dos nominación en los Golden Globes: Mejor película de habla no inglesa y Mejor actor.

Park es el director de cine coreano más influyente de los últimos 20 años (junto a Bong Joon-ho), tanto en su país como a nivel mundial, después de esa obra maestra que filmó en el 2003: Old Boy.

Y, sin embargo, ha sido ignorado por la academia estadounidense, una y otra vez. Aunque esta cuestión, lo tienen sin cuidado porque el realizador coreano sigue filmando sin descanso y en cada realización audiovisual vuelve a demostrar por qué es una de las voces más originales y respetadas de la cinematografía actual.

La historia de No Another Choice no es un guion original sino está basada en un libro del escritor y guionista norteamericano Donald E. Westlake: The Ax, publicado en 1997.

Con todo, esa novela de terror estadounidense ya tuvo una traslación cinematográfica anterior: La corporación (2005), película a cargo de otro maestro del séptimo arte: Costa Gavras, a quien Park dedica explícitamente su filme.

 

Espíritus menoscabados

Las acciones se centran en un hombre de mediana edad llamado Man-su (Lee Byung-hun), ejecutivo de una papelera, en la cual trabaja desde hace 25 años, es despedido por una restructuración corporativa que vive la empresa.

Además de los efectos de las nuevas tecnologías que afectan a su área de especialización laboral, y luego de tiempo mandando currículos y realizando trabajos que no están a su altura, es llamado para una entrevista en una gran empresa papelera japonesa.

Decidido a quedarse con el puesto, y tras una revisión exhaustiva de los postulantes, llega a la conclusión que da título a la película: «Si no hay una vacante para mí, tendré que crear una para que me contraten. No hay otra opción».

Con todo, el largometraje funciona a varios niveles y pasa por distintos géneros, convirtiéndolo en una obra plástica y fluida que da cuenta de la maestría a la hora de filmar del autor coreano.

El filme parte como un drama que exhibe los problemas existenciales de las personas en etapa de madurez y a los cuales les cuesta encontrar un trabajo, pues la sociedad ya no los valora. Ahora esos adultos son desechables como el papel, y el efecto más evidente es la inseguridad que los domina y que repercute también en sus relaciones familiares.

Después que decide obtener el puesto al cual postula, cueste lo que le cueste, pasando por sobre los otros candidatos, elabora un plan alambicado, torpe, y en última instancia, siniestro.

Así, Man-su busca restituir en algo su espíritu menoscabado por las circunstancias y fortalecer esa fragilidad masculina que emergió en él después del despido. Una vulnerabilidad que es acrecentada por la figura de su esposa Mi-ri (Son Ye-jin), presentada como una contraparte que es todo lo opuesto al protagonista.

 

Imaginación desbordante

Por momentos el relato se convierte en narración criminal y thriller, sin abandonar una cuota de humor negro que está desde el principio. Hay momentos delirantes e instantes de humor absurdo, pero todo se siente armónico.

La mano maestra de Park se percibe a través de las secuencias, pues las interacciones entre locaciones interiores y exteriores, tienen la firma de él. Hay una imagen que fluye de escena a escena y que tiene unas transiciones que dan cuenta de una imaginación desbordante.

El trabajo actoral de Lee Byung-hun es fenomenal, teniendo en cuenta las diversas etapas por las que pasa su personaje. Contando con encuadres de gran humanidad y momentos de aviesa oscuridad.

Con todo, el cine de Park Chan-wook es una rara mezcla de cine comercial, que mantiene su marca de autor. En efecto, lleva más de dos décadas realizando obras que se encuentran dentro de lo mejor del cine coreano y mundial.

La realización audiovisual No Another Choice es un ajuste de cuentas del director asiático con el capitalismo imperante en su país y a nivel global. Es una historia luminosa con una moraleja retorcida, que da cuenta de la alienación que vive la sociedad, y la cual obliga a los individuos a sacar lo peor de ellos para seguir los dictámenes más salvajes del neoliberalismo.

Y el final, exhibe el nivel de abandono moral en la cual se encuentra la sociedad, entregada a este sistema de vida que angustia de las maneras más diversas a los individuos.

 

 

 

 

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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.

También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.

Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó asimismo el libro Versos y yerros (Ediciones Luna de Sangre, 2016).

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Cristián Uribe Moreno

 

 

Imagen destacada: La única opción (2025).

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