Este libro de la autora valdiviana Antonia Torres Agüero suma a su obra poética como narrativa un volumen crítico o si se quiere también testimonial, a través de veinticuatro textos breves, los cuales oscilan entre la semblanza, la reseña, la presentación y el recado.
Por Walter Hoefler
Publicado el 29.1.2026
No sé qué esperaba Antonia cuando me pidió que presentara su libro en Valdivia, en una fecha algo distante. No soy complaciente, y en general prefiero no presentar libros, porque pienso que es una mediación engorrosa, que le quita el placer al lector de ser el primero que lo lee.
Yo no escribo para vender, ni siquiera escribo para que me lean. Tampoco sabía de qué tipo de libro se trataba. Menos sabía que tenía ya un prólogo.
Antonia, por lo demás, no necesita una legitimación de sus pares coetáneos. Su obra, tanto poética como narrativa, son un antecedente incuestionable. Sospecho sí, que ella quería sumar a su obra literaria, una correspondiente obra crítica.
No había comentado nunca un texto de ella, eso sí, la había mencionado en quizás una de mis primeras presentaciones de un libro, nada menos que Recurso de amparo de su padre. Decía allí que ella era el texto secreto de ese libro, y quizás esa hipótesis tenía que ver con desviar la atención del hecho que se trataba de uno de los primeros libros publicados en dictadura.
Mi hipótesis se fundaba en la teoría anagramática de Saussure, en que trataba de contradecirse respecto de su teoría sobre la arbitrariedad de los signos lingüísticos. Básicamente me llamaba la atención la reiteración fónica del grupo nt y que está presente en el nombre Antonia. Quizás era sólo un desvío engañoso para no alertar a la censura.
Como en las antologías se consideran aquí más de una veintena de autores, ¿cómo discriminar a algunos o validarlos a todos? Ese ya es un problema.
«Pedro estaba en otra cosa»
Los textos están distribuidos en tres partes y conjeturo que en ello se proyectan los géneros más presentes en su obra publicada: la poesía ante todo con cinco títulos, la narrativa con dos, y ahora esta recopilación crítica. Por lo demás quisiera recordar que en casi todas las últimas promociones la mayoría de los autores tienen también una cierta trayectoria académica, por no hablar de una proyección metapoética.
Así es recurrente la presentación de recopilaciones críticas, señalo algunos: Naín Nómez, Waldo Rojas, Federico Schopf, Javier Bello, Diamela Eltit, Eugenia Brito, Andrés Morales, Héctor Hernández, etcétera.
Noté sí que ella pareciera disponer sutilmente algunas preferencias: Empiezo por la primera que está dedicada a la lírica, a la poesía y donde se plantean algunas preguntas.
Creo que se privilegia la filiación literaria, dentro de lo que llamaríamos historiografía literaria. Antonia fue incluida, tanto en la antología de Francisco Véjar (Véjar, 1999: 140 – 144) como en el estudio de Javier Bello, textos fundantes de la promoción, llamada por Bello Los náufragos (Bello, 1990).
Antonia ratifica su pertenencia, pero además agrega datos sobre su interlocución con la tradición literaria chilena:
Recordando a Pedro Montelagre señala:
Su poesía es una excepción en el contexto de la generación de los 90 o también llamada de ‘los náufragos’ (a la que pertenecemos también su amigo Javier Bello y yo) y me parece que su escritura siempre se deslindó de un cierto espíritu común que animaba los ya de por sí disímiles proyectos de cada uno de nosotros.
Mientras la mayoría de los náufragos andábamos haciéndole guiños a la escritura metapoética de Lihn, a la memoria de la aldea y a la resistencia cultural de Teillier, o mientras nos fascinábamos con la experimentación formal y la búsqueda de otros soportes formales, leyendo a Millán y a Deisler, Pedro estaba en otra cosa (Torres, 2025: 44).
Por ello incluye estudios, presentaciones o prólogos dedicados a sus coetáneos: el propio Javier Bello, Jaime Huenún, sumando otros cercanos a la generación precedente como Clemente Riedemann, Rosabetty Muñoz, pero también arriesga proponiendo libros de poetas emergentes como Milagros Ábalo, Juan Sepúlveda, Carolina Muñoz Hinrichsen, escogiendo algo calculadamente autores del norte, de la región metropolitana y del sur, respectivamente.
No es un género académico
Una segunda motivación de este libro es sumar a su obra poética como narrativa una obra crítica o si se quiere también testimonial. No se sigue sí un curso sistémico, pensando a priori en un libro, sino que es una recopilación de los llamados textos críticos.
Son veinticuatro textos breves, que oscilan entre la semblanza, la reseña, la presentación y el recado. Hay al parecer un intento por definir los tipos de textos a partir de cierta división interna: inicial de once, la siguiente de ocho y la última de cuatro.
Uno de los desafíos para el presentador es elegir algún ejemplo, lo que significa privilegiar a algún autor en desmedro de otros, por lo tanto, lo más prudente parece ser partir de una generalización.
Me atrevería a afirmar que un gesto de inscripción en las corrientes de los estudios literarios es partir de su condición de escritora, no de académica, aunque no desdeña nomenclaturas o saberes teóricos. Creo que esto lo implicita al referirse al uso del género recado.
Comienza confirmando una característica del género a partir del título de su libro: desde lejos. Gabriela Mistral reutiliza y redirecciona un género de uso popular o vecinal, lo que era un pequeño mensaje, sea de salutación o petición de algo, como género crítico, aunque dándole la proyección de una consejería amistosa, elogiosa, y que tiene también la intención de rescatar a personajes o prácticas que son paradigmas de cierta chilenidad virtuosa. No son en principio textos reprobatorios.
Los enviaba preferentemente desde el extranjero, donde ejerce su labor diplomática, consular. En tal sentido comparto la caracterización que da Soledad Bianchi, la prologuista. Otra característica es que no es un género académico, justamente por las características dadas.
A sabiendas, creo que Antonia busca ratificar esa dimensión, escribe sobre amigos, sobre poetas a los que conoce, con los que hay cierta empatía lectiva o lectora.
Un réquiem del poeta en Chile
Preguntas latentes en varios estudios de esa primera parte son: ¿en qué consiste la poesía? o ¿qué es un buen poema? En cada uno de estos textos Torres constata con agudeza el sentido de la poesía, así en el relativo a Milagros Abalo anota:
«El poema, entonces, abre esa posibilidad y la escritura se convierte en la indagación sobre la lucidez y la capacidad de la poesía para darle expresión a aquello que parece inefable» (Torres, 2025: 31). Dicho en términos lingüísticos se trata del efecto connotacional del lenguaje.
Luego, en otro texto, en aquel sobre Rosabetty Muñoz, pergeña lo que es un buen poema: «Porque la mejor poesía es aquella que explora la experiencia de lo evidente para hallar la videncia y la revelación» (Torres, 2025: 52). Aun en esta frase casi prosaica rebotan y trascienden algunas aliteraciones afortunadas que refuerzan lo dicho.
Por último, en el estudio dedicado a la poesía de Javier Bello ella reitera y ratifica su idea fundamental del sentido o proyección de la palabra poética: «La palabra poética es aquí una forma de visión profética, una idea que viene por cierto del Antiguo Testamento, del tanaj hebreo» (Torres, 2025: 65).
La segunda parte del libro, consistente en ocho textos breves, está dedicado a la narrativa chilena reciente. Calificaría estos textos como reseñas, si bien no siguen el patrón de las reseñas convencionales de las revistas académicas, porque se centran en un libro del autor.
Tres de esos textos exceden sí cierta particularidad de la reseña, el primero que recuerda, parcialmente rescata a Carlos Droguett, centrándose en su nouvelle Eloy, destacándola como una de las últimas obras que trata la figura del bandido, del bandolero, acosado en sus últimos momentos, como si fuese una alegoría elegíaca del personaje.
El otro texto algo excéntrico es el que dedica a la narración Souza, a su modo una novela, curiosamente como en la sección anterior dedicada a una autora emergente, y que casualmente presentara hace dos semanas en este mismo lugar otra narración singular: Nina Avellaneda.
Y, sin duda la otra excepción, es el texto que dedica a Alejandro Zambra, un compañero, amigo y coetáneo de su misma promoción, que como ella también comenzó escribiendo poesía, y que publica esa novela llamada paradojalmente Poeta chileno.
¿Un réquiem, una semblanza chanza de la figura del poeta en Chile? Por cierto, también un relato soterrado de figuras de poetas chilenos efectivos, partiendo por los nombres de Gonzalo o de Vicente, dos de sus protagonistas.
Antonia nos propone además una suerte de canon futuro de nombres que habrá o que habría haber tenido en cuenta, empezando por Cristián Huneeus, Andrés Gallardo, Carlos Yushimito; otra excepción, casi como ejemplo contrastivo, ya que hablamos de un escritor peruano de origen japonés; Paulina Flores, otra excepción por tratarse de un libro de relatos.
Óscar Barrientos, amigo en la cofradía de poetas de los pueblos olvidados y Miguel Lafferte, quizás el más original, por ahora.
Un regalo al cumplir 50 años
Llegando a la tercera parte, repito mi pregunta inicial y anoto que aparentemente la tercera parte le permite algunas consideraciones metapoéticas o hacerse cargo de problemas literarios más técnicos, entre estos qué pasa con esta ocupación poco útil, que no es una profesión con sueldo fijo, qué pasa con esto de ser considerado escritor de provincia, ciertamente ella lo desarrolla con más rigor, profundidad y extensión.
Curiosamente ella ejemplifica con dos escritores algunas de estas reflexiones: Gorki y Kafka. No creo que ella supiera o sospechara que yo leía y escribía pretendiendo ser una suerte de Kafka valdiviano, por eso nunca me sentí escritor del sur.
Pero continuando ella incluye dos textos que corresponden a las presentaciones personales de dos de sus libros: uno de poemas, el otro justamente Libros marcados. Pero, me parece hay otra razón: ella recuerda bien que yo señalaba que el libro Recurso de amparo de su padre estaba dedicado a ella, ella era el texto secreto.
Creo que Antonia pretende aquí devolverle la mano a su padre. Decirle: mira dónde he llegado. Por eso convoca como testigos y presentadores a tres coetáneos de su padre, a la vez que traza o dispone una biografía soterrada, no convencional, y donde la protagonista es ahora la literatura. Por eso no puedo evitar citar aquí lo que escribe Antonia, y que prueba lo aparentemente revelado:
Lo primero que puedo decir es que yo misma llego a la literatura y a la poesía, particularmente, en gran medida, por haber tenido un padre poeta. Tengo un recuerdo muy antiguo de estar con él, a solas, en su pequeña oficina taller. Un cuarto mínimo, al fondo de la casa, atestado de libros. En la mesa, una máquina de escribir mecánica. Una Olivetti Lettera de color azul verdoso (Torres, 2025: 169).
Finamente tengo la impresión que La voz de lejos se interrelaciona con Libros marcados, es decir, opera como una suerte de texto crítico paralelo a aquel que me parece es una novela de formación singular, donde la instancia formativa que generalmente es institucional, como el colegio Leoncio Prado en La ciudad y los perros de Vargas Llosa, aquí es el hogar de un escritor: Jorge Torres, padre de Antonia, hogar donde se lee, pero también circulaban escritores prestigiosos: desde Teillier a Zurita, entre otros.
Para cerrar me permito otra conjetura. Sin duda que, al menos, no solo será una obra de consulta, sino que aparte de eso es un testimonio de una promoción muy particular y exitosa, que si bien nacida en dictadura, se ha desarrollado en el Chile de la transición y luego o ahora, en este Chile de los recambios y de las incertidumbres.
Creo además que Antonia se hace un regalo al cumplir 50 años y que de acuerdo a los índices de las AFP sería la mitad del camino de una vida posible, y lo parafraseo porque a ella le gusta citar la frase del Dante, donde la mitad de la vida eran los treinta años, entre la edad de Cristo y la sartreana edad de la razón.
¿Qué puerta cierra o abre a futuro? Estaremos expectantes.
***
Walter Hoefler (Valdivia 1944), es profesor de estado de castellano (Universidad Austral de Chile) y doctor en
filosofía mención filología románica (Johann Wolfgang Goethe Universität, Frankfurt/M).
Poeta, crítico y traductor con publicaciones principalmente en revistas y antologías, entre las que se cuentan Trilce, Correo de Valdivia, Araucaria, Revista de Educación, Espíritu del Valle, Logos y El Día de La Serena, además de
trabajos y artículos propiamente académicos.
En 2004, recibió la Medalla Presidencial Centenario Pablo Neruda 1904 – 2004.
«La voz de lejos. Crónicas, lecturas y recados», de Antonia Torres (Editorial Aparte, 2025)
Walter Hoefler
Imagen destacada: Antonia Torres Agüero.

