La nuevo novela del escritor mexicano Daniel Saldaña París es una obra que explora la identidad, la memoria y la alienación en la gran nación azteca de fines del siglo XX, y a través de sus páginas —y de la búsqueda dramática que emprende—, también redefine el significado literario en torno a la siempre vital figura paterna.
Por Cristián Uribe Moreno
Publicado el 19.1.2026
El escritor mexicano Daniel Saldaña París (1984) publicó su última novela en la editorial Anagrama, en su colección Narrativas Hispánicas, hace tan sólo unos meses (2025).
Poeta, ensayista y novelista, Saldaña presenta su quinta obra narrativa: Los nombres de mi padre. Un libro que transita por diversos registros pasando por la memoria, la crónica, el ensayo y el género de detectives.
El desarrollo de la trama principal presenta a Camilo, que narra en primera persona su búsqueda personal de quién podría ser su padre biológico: Miguel Carnero.
Su madre, afectada por una enfermedad terminal, ha hecho unas revelaciones un tanto ambiguas, lo que lleva a Camilo a una investigación que lo llevará por México, Europa y Estados Unidos, detrás del rastro de un personaje que se hace más enigmático a medida que avanza el relato.
La figura espectral de Miguel Carnero se desplaza por las últimas décadas del siglo XX en México. A través de las voces de quienes lo conocieron y archivos que recolecta, este personaje va adquiriendo diversas facetas.
Con todo, la trama principal se entrelaza con los relatos de la madre, que ella graba durante su permanencia en el hospital, en formatos de audio, que después envía a su hijo, fragmentos que vienen a su memoria, abriendo otros hilos en las indagaciones del narrador.
Estos audios moldean los frágiles recuerdos de Camilo, quien rememora de manera difusa a las personas involucradas y de alguna manera, además de llenar vacíos que tiene en su propia historia.
Por tanto, está búsqueda es una forma de esclarecer un pasado borroso que tiene el protagonista y encontrar a quien sería la pieza clave en su vida y en la de muchos personajes.
Escribir: una disposición de ánimo
El relato es bastante dúctil porque este contiene las subtramas que se bifurcan con las averiguaciones de Camilo, reconstruyendo no solo la vida de Miguel Carnero, sino también la de su madre, su padre y la suya propia.
Así, en sus indagaciones, al reconstruir la trayectoria vital de Carnero, el elemento más llamativo es su obsesión con Karl Fiebinger (igual que Camilo después lo hará con el personaje de Carnero), exnazi, arquitecto y próspero empresario en la Ciudad de México de los 70.
Esta obstinación deriva en un comportamiento alienado por parte de Camilo, quien arrastra a amigos y familia, con el absurdo propósito de capturar al dudoso ciudadano germano. Esta conducta con los años solo se irá exacerbando, al perder contacto con sus conocidos en un momento determinado.
De alguna manera, la búsqueda de Miguel Carnero evoca la atmósfera detectivesca de las grandes obras de Roberto Bolaño, ya sea tras la mítica Cesárea Tinajero de Los detectives salvajes o el enigmático Archimboldi de 2666.
La narración es autoconsciente de su estructura, cuestión que el mismo Camilo explica, cuando recuerda sus primeros encuentros con Fabiola, su exnovia, al momento de explicar sus intenciones de ser escritor:
«Le dije que estaba escribiendo una novela, desde que tengo veinte años he sentido que estoy escribiendo una novela, como si escribir una novela no fuera algo que uno hace sentado frente a la computadora, sino una disposición de ánimo» (p. 161).
O también, cuando Camilo describe: «Esa novela inexistente cuenta una historia de detectives, de exnazis refugiados en América Latina, de un intento de secuestro y un probable padre biológico que se esfuma de pronto dejando detrás un puñado de incógnitas». (p. 162).
Por último, expresa el narrador: «Le dije que me interesaban las novelas que no parecían novelas, que estaban siempre a punto de convertirse en otra cosa, en un ensayo o en un poema o en un manual» (p. 162).
La novela está sembrada de diversos propósitos, algunos más logrados que otros: la relación madre e hijo, la reconstrucción de la identidad, la trayectoria vital de individuos difuminados por sus obsesiones. No obstante, se percibe una novela singular, bellamente narrada y ambiciosa.
De esa forma, los nombres a los cuales alude el título son esta figura fantasmal paterna (otro personaje que busca a su padre en la literatura mexicana, en la gran tradición de Juan Rulfo) que se transforma ante los ojos de Camilo y que él entenderá por la mirada de otros: el progenitor también es el amigo, el amante, el joven idealista, el obsesivo, etcétera.
A modo de conclusión, la novela Los nombres de mi padre de Daniel Saldaña París es una obra que explora la identidad, la memoria y la alienación en el México de fin del siglo XX.
En efecto, Saldaña convierte un viaje personal, que tiene reminiscencias de otras grandes obras ambientadas en el país azteca, en un rompecabezas que redefine la figura del padre.
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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.
También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.
Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó asimismo el libro Versos y yerros (Ediciones Luna de Sangre, 2016).
«Los nombres de mi padre», de Daniel Saldaña París (Editorial Anagrama, 2025)
Cristián Uribe Moreno
Imagen destacada: Daniel Saldaña París (por Maximiliano Luna).

