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[Ensayo] «Show Me a Hero»: La política como un verdadero espectáculo

El reestreno de la serie de una temporada y de seis episodios dirigida por Paul Haggis y creada por David Simon, en la plataforma de streaming de HBO Max, es la excusa perfecta a fin de revisar en este artículo sus principales virtudes dramáticas, actorales y audiovisuales.

Por Cristian Uribe Moreno

Publicado el 24.9.2022

Apareció en el streaming de HBO Max, la miniserie que la misma cadena estrenó el 2015, Show Me a Hero.

Dirigida por Paul Haggis y creada por David Simon, responsable de la mítica serie The Wire, esta producción audiovisual aborda los temas que suelen interesar a Simon, como la política, la marginalidad social o la comunidad, ahora en la ciudad de Yonkers.

La historia está basada en el libro escrito por Lisa Belkin en 1999 sobre sobre los hechos acaecidos en Yonkers, ciudad al norte de Nueva York, entre 1987 y 1993: Show Me a Hero: A Tale of Murder, Suicide, Race, and Redemption.

En la serie se narra la historia de Nick Wasicsko (Oscar Isaac), abogado que con solo 28 años de edad se convierte en el alcalde más joven de la ciudad. En ese momento, año 1987, la alcaldía está enfrentado un dilema, pues un juez ha ordenado la construcción de viviendas sociales en un sector de clase media de la ciudad y la población afectada se opone decididamente a este mandato.

Durante seis capítulos se van desarrollando las diferentes aristas que el problema de las viviendas sociales va provocando. Por un lado la lucha política que se da en la alcaldía y en tribunales: alcalde, juez, abogados, concejales, todos tratando de influir, buscando imponer uno u otro criterio y sacar un rédito a favor al fragor de las disputas.

Por otro lado, se muestra a la gente común y corriente, las personas que serán afectadas directa o indirectamente por las decisiones políticas y judiciales que se están tomando en ese momento. Desde este contrapunto, las diferentes partes exhiben de manera hábil, las líneas narrativas propuestas de manera paralela.

 

Una feria de las vanidades

La línea más interesante y que le da la columna vertebral a la serie es el conflicto político y judicial. En los concejos de la ciudad se pelean los distintos actores políticos por cumplir o impedir la orden del juez. Con el fondo de las tribunas donde en cada reunión están los vecinos que se oponen a la construcción de las casas, ellos apoyan o abuchean cada decisión, como si fueran una barra brava.

De esta forma, observamos a la política convertida en un verdadero espectáculo. La tensión por ver si el municipio llevará a cabo la orden o no, se toma los primeros capítulos. Así, vemos a los líderes públicos tratando de sortear los problemas, con más o menos ética, astucia y volteretas para lograr sus objetivos.

La figura del alcalde Wasicsko sobresale como un luchador solitario que trata de cumplir la orden federal. Mientras otros tratan de sacar provecho personal oponiéndose de manera tajante, un verdadero desfile de egos. A diferencia de otras series del mismo Simon, en que el juego político está cruzado por la corrupción endémica, aquí se parece más a una feria de las vanidades donde cada participante monta su propio número.

El juego político de la alcaldía se va matizando con los dramas sociales de las comunidades en disputa. Por un lado, están las distintas familias que potencialmente podrían ser beneficiadas con las viviendas. Estas personas viven en barrios tomados por la delincuencia y el hacinamiento. Ellos tienen sus propios problemas y de una forma u otra tratan de salir adelante, en este hostil ambiente. Estos núcleos familiares tienen en común el estar constituidos por madres solteras, divorciadas o viudas.

Y por otro lado, la gente que se opone a las construcciones, las personas que presionan, que marchan contra los proyectos sociales, donde se percibe el miedo, el racismo y los prejuicios contra los nuevos vecinos.

Sin embargo, también están los residentes que cruzan a la vereda de enfrente, para conocer la realidad de los potenciales postulantes, que van a sus casas y que ven de primera mano lo que tanto miedo les causa, más allá de los estereotipos.

Todo revuelto, todo muy humano.

 

Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia

Hay algo aséptico en la propuesta de la miniserie. Una separación de mundos donde cada uno se desenvuelve por separado. En una vereda, políticos y expertos que tienen en sus manos el destino de muchas personas. En la otra vereda, las personas y sus dramas particulares, quienes jamás se enteran de las peleas que dan estos personeros por mejorar la vida de los ciudadanos anónimos.

Y la pregunta de fondo con respecto a si valió la pena el tremendo esfuerzo de algunos por llevar a cabo el proyecto, resuena en el fondo.

En este aspecto, la vida de Wasicsko se toma la trama política, pues después de aparecer victorioso como alcalde, no vuelve a brillar como él quiere. Desde este punto de vista, el trabajo de Oscar Isaac para mostrar primero, al hombre firme y decidido, para luego convertirse en una persona insegura y errática en sus decisiones, es notable.

Y de ahí la premisa del subtítulo: Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia. Palabras del escritor Francis Scott Fitzgerald para esos hombres que luchan contra todo y todos por llevar a cabo los sueños de la mayoría y que terminan finalmente destruidos.

O como diríamos en nuestro país para esa gente que logra proezas descomunales y después si te he visto no me acuerdo: el pago de Chile.

La serie tiene una gran ambientación, con Bruce Springsteen sonando de fondo, pues es el cantante favorito del alcalde. Lo que lo ubica junto a esas personas corrientes de las cuales él es parte y lo aleja de la elite política que luego lo desaíra. Springsteen es un ícono de los 80 y de los sectores blancos más desfavorecidos de EEUU.

Así, la miniserie Show Me a Hero es solo una muestra más de la calidad de series que emprende David Simon. Producciones que no olvidan su espíritu de relatar historias atrayentes para el gran público y, sin embargo, abordan temas trascendentes para el colectivo.

En este caso, la solitaria lucha de un alcalde por cumplir la ley se puede extrapolar a lo que ocurre en nuestro país: los cambios que demanda la ciudadanía y que demoran en materializarse. Y como lo muestra la serie, los cambios son lentos, llevan años o décadas, requiriendo voluntades políticas y ciudadanas.

Y lo más difícil de todo, parece ser el cambio de mentalidad y de prejuicios de la comunidad. Pero no por eso, los actores involucrados dejan de intentarlo. Cualquier proceso no es fácil, en algunos momentos se avanza y en otros se retrocede, pero siempre hay quienes están dispuestos a dar la batalla hasta el final.

De estas actuaciones desconocidas para muchos, se moldean estos héroes y sus tragedias.

 

 

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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.

También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.

Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó en 2017 el libro Versos y yerros.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Cristián Uribe Moreno

 

 

Imagen destacada: Show Me a Hero (2015).

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