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[Ensayo] «Sólo los amantes sobreviven»: Mi corazón manaba sangre

El filme del realizador estadounidense Jim Jarmusch —el cual data de 2013, y se encuentra protagonizado por Tilda Swinton, Tom Hiddleston, y Mia Wasikowska— está plagado de juegos intertextuales y envuelto en un sofisticado esteticismo, con un par de gotas de humor también para la degustación de entendidos.

Por Luis Miguel Iruela Cuadrado

Publicado el 11.1.2026

Jim Jarmusch (1953) es un director de cine independiente (indie) además de músico electrónico y un sinfín de actividades más que lo califican de artista polivalente. Provisto de una gran cultura, en sus películas abundan las referencias ilustradas como parte de la trama y como un estímulo para entretenimiento del espectador.

Su estilo cinematográfico podría encuadrarse dentro del movimiento postmoderno por medio de una puesta en escena suave y elegante, y un tono general de juego con unas gotas de humor.

El representante principal del postmodernismo en el cine actual es Quentin Tarantino que basa sus películas en un planteamiento agresivamente estético, mezclando todo tipo de elementos clásicos, electrónicos, impactantes, con rupturas de tiempo y espacio, desdén de las grandes narrativas, utilización de verdades fragmentarias o posverdades para desconcertar y dejar pasmado al espectador.

Todo aplicado en general al tratamiento de la violencia. Y salpimentado con algún ingrediente burlesco. Tarantino sería así un poeta postmoderno de la brutalidad.

No hay que olvidar al respecto a Sergio Leone, particularista avant la lettre, al que un profesor de cine italiano definiera como mago del manierismo. Inventor del Spaghetti western, una interpretación contracultural de la épica del cine del Oeste guiada en especial por una estética de lo sucio y apoyada en el lenguaje del cómic.

La aportación de Jim Jarmusch es diferente. Su hilo narrativo no es brusco, sino lineal y lleno de detalles sutiles y tenues como en su más feliz realización, Paterson (2016), en la cual brilla con agudeza su característica de entreverar en la historia todo tipo de referencias culturales que pueden hacer las delicias del espectador ilustrado. En fin, lo que acostumbra a citarse como «cine de culto».

Así, en este filme, el título Paterson es a un tiempo el nombre del protagonista, la ciudad donde se desarrolla el relato y la población real de Nueva Jersey, que da nombre al famoso poema del pediatra y poeta William Carlos Williams. Además, la cuna del cómico Lou Costello, y el lugar donde creció William Burroughs. Amén de la presencia de Emily Dickinson invocada por una niña versificadora.

Esta especie de polisemia es el sello personal de Jim Jarmusch.

 

Un par de pasajes de avión

En Sólo los amantes sobreviven (2013) cuenta la trayectoria eterna de una pareja de vampiros, trasunto de los primeros pobladores del Génesis, Adán y Eva, en un mundo futuro apocalíptico, ruinoso y contaminado, en el que los humanos se han convertido en zombis.

La acción transcurre siempre de noche entre las ciudades de Detroit y Tánger con una puesta en escena gótica y romántica. Los hematófagos obtienen su ración diaria de eritrocitos a través del tráfico de sangre con un banco hospitalario, habiendo abandonado la milenaria costumbre del mordisco y succión de sus víctimas. Hábito al que volverán cuando el medio de alimentación se complique.

Durante el metraje, se va advirtiendo que esta eternidad (una trayectoria que perdura a lo largo de los siglos recuerda inmediatamente a Orlando, la novela de Virginia Woolf) pesa a Adán en forma de lipemanía y acedia, de tal modo que ha pensado en el suicidio para lo que ha encargado la fabricación de una bala hecha con madera muy dura que pueda dispararse al corazón, haciendo las veces de una áspera estaca.

Hay un viejo vampiro de nombre Christopher Marlowe que acaba por sucumbir a causa de la falta de hemoglobina pura. Marlowe y su rival Shakespeare se ven unidos en una significativa secuencia. Adán se hace llamar Dr. Fausto debido a la pieza del dramaturgo isabelino. Otros apelativos que aparecen en la película son: Dr. Watson y Dr. Strangelove, en memoria este último del filme de Stanley Kubrick, ¿Teléfono rojo?

Pero lo más espectacular, sucede cuando la pareja reserva un par de pasajes en avión a nombre de Stephen Dedalus (el héroe del Retrato del artista adolescente y de Ulises, las novelas de James Joyce) y de Daisy Buchannan, la mujer que precipita el drama en El gran Gatsby.

Toda la película está trufada por estos juegos intertextuales y envuelta en un sofisticado esteticismo con un par de gotas de humor también para la degustación de entendidos. Uno no deja de apreciar el tono selecto de la propuesta del director, pero se pregunta: ¿debe ser esto el cine?, ¿un espectáculo de entretenimiento visual sin mayor contenido?, ¿sin otro fundamento que la planitud de la pantalla?

El escritor Juan Benet declaraba en una entrevista televisiva que la literatura debe ser entretenimiento. Y a fe que sus libros así lo enseñan. Sin embargo, ¿dónde quedan la emoción, el sentimiento, la empatía y el pensamiento?, ¿dónde, en suma, la naturaleza humana?

Nos estamos —de esta manera— acercando peligrosamente al tedio y quizá tengamos que ir encargando la fabricación de una bala de la madera más dura que detenga el río aludido en las palabras de Agustín de Hipona como «mi corazón manaba sangre», es decir, la vida.

 

 

 

 

 

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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.

En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Luis Miguel Iruela Cuadrado

 

 

Imagen destacada: Sólo los amantes sobreviven (2013).

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