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[Ensayo] «Una nueva vida»: Hasta transformarse en otra

El último volumen de la autora estadounidense Lucia Berlin, vertido a nuestro idioma —y publicado por la editorial Alfaguara—, consta de una serie de relatos inéditos, textos y artículos que incluyen cartas y hasta entradas de diario, los cuales conforman una fauna diversa y deliciosa para adentrarse de lleno en su universo tanto íntimo como literario.

Por Alfonso Matus Santa Cruz

Publicado el 3.1.2024

«Si fuera posible vivir el resto de la existencia de alguna forma nueva… ¿Comprendes? Despertarte una mañana clara y tranquila y notar que has empezado a vivir de nuevo, que todo lo pasado ha caído en el olvido, que se ha disipado como el humo».
Antón Chéjov, en El tío Vania

Uno de los dones más potentes que nos puede entregar la lectura de un libro es el de ampliar el espectro de nuestra percepción o, al menos, entregarnos la sensación de que vemos algo con otros ojos, de que sentimos con otra sensibilidad, no que nos identificamos, pero sí que podemos empatizar y entender alguna situación, alguna decisión de un personaje, sus fracasos, sus sueños, sus convicciones pasajeras, con mayor profundidad.

Son pocos los escritores que no solo logran eso, sino que, en sus vidas y en su obra, han explorado el territorio de la sensibilidad humana con una curiosidad y una apertura tan palpable, tan vital, tan Lucia Berlin (1936 – 2004) trabajando en el centro de llamadas de un hospital, buceando en una caletita mexicana, ayudando a su hermana con cáncer terminal o experimentando las marejadas del amor y la ternura de la maternidad y sus múltiples contradicciones.

Leer los relatos de Berlín es casi siempre una apuesta segura de gozo, de colores, texturas, vuelcos dramáticos, detalles tan vívidos como el sabor de un durazno al mediodía o las flores que pueblan la tumba de un músico.

Gracias a la labor de difusión de su obra, en que ha estado comprometido su hijo Jeff, toda la potencia de sus relatos ha hallado la audiencia lectora que merece; una audiencia muda pero llena de sonoridades, ya que sus relatos se susurran y resuenan entre los oídos, aunque no movamos los labios.

El último volumen de su prosa vertido a nuestro idioma se titula Una nueva vida, publicado por Alfaguara, y consta de una serie de relatos inéditos, textos y artículos que incluyen cartas y hasta entradas de diario. Una fauna diversa y deliciosa para adentrarse de lleno en su universo tanto literario como íntimo.

Cuentista consumada, muchas veces cogiendo la experiencia propia y torciéndola hacia puntos de fuga asombrosos, Berlín logra hacer que lo real parezca ficción, y que lo que nace desde la ficción parezca realidad, cumpliendo uno de los adagios de otro maestro del género, el peruano Julio Ramón Ribeyro.

Con ella nunca sabemos dónde está la frontera y eso no es lo importante. Lo que vale es escuchar con ella los relatos de ancianos que quieren contar la historia de sus vidas antes de partir al olvido, como un marinero de una sola amante o una inmigrante en Estados Unidos que se emociona al recordar las recetas caribeñas de su madre.

 

El abanico de una sensibilidad oscilante

Recrear la vida. Es lo que hace Lucia Berlin hasta en los primeros esbozos de cuentos escritos en su juventud mientras participa de algún taller literario.

Y podemos apreciar la versatilidad que va adquiriendo a través del tiempo y la práctica del oficio, pero también notamos que su mirada posee la marca de una sensibilidad peculiar, casi transparente, que acoge todo lo que la rodea, lo que la conmueve y se graba dentro hasta transformarse en otra cosa.

Como ocurre en «Manzanas» o en «Las aves del templo», relatos primerizos en que se avizora a la supernova posterior. Esa que se expresa en «La centralita» o «Del gozo al pozo» y, por supuesto, en los relatos que se reúnen en Manual para mujeres de limpieza.

Una de las tantas virtudes presente en los relatos de Berlín es su apertura al abanico de una sensibilidad oscilante e impredecible, que suele caracterizar a sus protagonistas, no pocas veces reflejando su personalidad o el cuesco de sus contradicciones, como anota su hijo Jeff.

En uno de los ejemplos más intensos y dramáticos, el relato inspirado en uno de los cuentos de Chejov, «El tío Vania», y que da título al conjunto, Una nueva vida, la autora ahonda en los sentimientos de una madre atravesada por la vulnerabilidad que genera una sensación de fracaso o inutilidad. Un sentirse isla entre otras islas, y con una lucidez sobre la tentación de fugarse hacia otros escenarios, futuros, y experiencias:

«Se me ocurrió pensar que tal vez nadie esté realmente loco: la gente decide volverse loca para eludir las responsabilidades. Contemplé la idea de actuar como si estuviera catatónica o desquiciada para que me encerrasen hasta que todo pasara al olvido, pero de alguna manera sabía que, si alguna vez me encerraban donde fuese, nunca más saldría».

Con Berlín nunca nada es gris, neutro o aburrido. Hasta el tedio es una montaña rusa que hay que surfear entre bares y cementerios, cafés y habitaciones de hotel o escapando en una limusina de un incendio. Su economía a la hora de retratar los vaivenes y coletazos producidos a través de los afectos, en las relaciones más cercanas, ya sea con los amantes o la madre o los propios hijos, es de una belleza que quema o puede llegar a aturdir.

No hay drama si uno no sabe que está inmerso en el drama. El dolor y la gracia conviven en su escritura, comparten una casa extravagante con la risa, el gozo y una ineludible sensación de futilidad o fracaso que de pronto llega y lo incendia todo por momentos.

 

Un estilo que sería hermoso

Hay una carta de Flaubert a su amante Louise Colet en que el gran prosista francés esboza los principios de un estilo literario que él trató de poner en práctica como luego harían algunos de sus herederos.

Y cuando digo herederos hablo de todos los narradores que vinieron más adelante por que como hay un antes y un después de Kafka, hay un antes y un después de Flaubert, entre los cuales se halla Berlín, en cuyos relatos la prosodia y la precisión a la que alude el autor galo se conjugan con una belleza exuberante y detallista.

El fragmento de la carta lo usa Lucia como epígrafe en un texto dedicado a la relación entre la escritura y la tipografía, a partir de los meses en que trabajó como linotipista en la elaboración artesanal de uno de sus conjuntos de relatos, y dice así:

«Yo concibo un estilo, un estilo que sería hermoso, que alguien creará algún día, rítmico como el verso, preciso como el lenguaje de las ciencias, y con ondulaciones, zumbidos de violonchelo, penachos de fuego; el estilo debe entrar en la idea como estilete, y en tu pensamiento bogar sobre superficies lisas, como cuando se vuela en una barca con un buen viento de popa».

Todo eso está en su prosa. Las ecuaciones que conforman sus oraciones están plagadas de flores, de zumbidos de cigarras, de tedio y encanto que van y vienen. Un corazón amplio como pocos late en sus distintos relatos y sus muchas caras nos reflejan e invitan a habitar la vida con un ritmo más intenso y generoso. Su música contagia. Su coraje abre vidas nuevas en nuestra imaginación.

 

 

 

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Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.

Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«Una nueva vida», de Lucia Berlin (Editorial Alfaguara, 2023)

 

 

 

Alfonso Matus Santa Cruz

 

 

Imagen destacada: Lucia Berlin en 1965.

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