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[Entrevista] Hernán Vera Álvarez: «La patria es el deseo, es decir, la libertad»

El escritor argentino que a veces prefiere que lo llamen a secas por su primer apellido, el paterno, acaba de lanzar un nuevo poemario, el cual se titula apocalípticamente como «La vida enferma», y de esa experiencia al borde de la muerte y de la fragilidad en que se encuentra la totalidad de la civilización, a causa de la pandemia del coronavirus, dialogó preso del fervor con el Diario «Cine y Literatura».

Por Nicolás Poblete Pardo

Publicado el 12.4.2021

Tal como indica su título, La vida enferma (Sudaquia, 2021) es un libro de poemas cuyo epicentro es la enfermedad, específicamente la pandemia provocada por el Covid-19, aunque, en realidad, podría verse como las calamidades que llegan con cualquier afección.

El autor habla desde su lugar como víctima de esta enfermedad (él contrajo el virus), y eso se refleja en el volumen, sin embargo, la particularidad de su caso es una posibilidad para presentar una realidad mucho más amplia, como vemos en los directos, dolorosos, muchas veces implacables poemas que revelan una atmósfera sombría, con tintes de miseria, soledad y decrepitud.

Hay escepticismo, pero también preocupación por mantener un hilo de cordura, acompañado por un instinto de supervivencia en permanente amenaza.

“La soledad, el tedio, el aislamiento se fraguan poéticamente en manos de Vera”, destaca Keila Vall de la Ville en el blurb del libro. Keila se fija en esa “belleza dolorosa”, y en la “elegancia y la sensibilidad… ya establecidas en el recorrido literario de su autor”.

Con La vida enferma, Hernán Vera Álvarez «Vera» (Buenos Aires, 1977), y quien también es dibujante, editor y profesor en FIU (Florida International University), agrega otro título a su ya nutrida carrera.

Entre sus publicaciones se cuentan Los románticos eléctricos (poemas, 2020), La librería del mal salvaje (novela, 2018), y el libro de cómics ¡La gente no puede vivir sin problemas! (2000). Además, Vera ha sido editor de varias antologías, como Don’t cry for me, América (2020) y Viaje One Way (2014).

 

«Quería que a través de una situación individual se narre esta tragedia que estamos viviendo»

—“La vida enferma es diccionario… es un corto de cine… un documental lírico”, apunta Anjanette Delgado en su texto. ¿Cómo te relacionas con todos estos formatos artísticos que ella destaca?

—Desde hace décadas el cine como el rock se ha metido en el imaginario de los escritores. Creo que la lectura de la autora sobre el libro es aguda, saca a la superficie el nervio vivo de La vida enferma: una pulsión que se recuesta en imágenes.

El cine, la historieta, la televisión (y no sólo las series del siglo XXI) son parte de mi educación sentimental. La contaminación entre sí de estos formatos ha extendido las posibilidades de la literatura.

 

—Hoy está de moda la narración autobiográfica (“memoir”) que, muchas veces, pasa por novela. Tú eliges la poesía como forma de presentar tu historia. ¿Cómo surgió esta ‘estrategia’?

—Claro, como bien dices, muchas veces atraviesa el libro el dato biográfico. Pero también lo colectivo: quería que a través de una situación individual se narre esta tragedia que estamos viviendo cotidianamente.

La estrategia es fundir estas biografías, la mía como la de los otros. Lo híbrido, lo trans, es una identidad que se ha vuelto marca de origen en lo que escribo.

 

—“El maldito virus/que nos hace creer:/saldremos mejores/cuando todo esto/termine. /Ah… no te dejes engañar por tu inteligencia”. Este poema muestra una cara muy severa que destroza la idealización del sufrimiento como posibilidad de mejora humana. En otro poema, leemos: “Los humanos merecemos morir,/morir./Nada se perderá”.

—Es nuestro destino: la belleza como la destrucción. Los gestos épicos del principio de la pandemia desaparecieron para que irrumpan el descontento popular, lo ruin de robar vacunas de parte de la clase dirigente, como ha pasado en varios países de América Latina. Siempre pienso en las palabras finales de «Bartleby, el escribiente», cuento de Herman Melville: «Ah humanity!»

 

«Un escritor debe molestar»

—Hay una pena mezclada con una sensación de perdición. Es lo que vemos en el verso donde se cuida a un jovencito, y esta dedicación se ve como “egoísmo”, casi con perversión. ¿Cómo lidias con emociones que bordean el tabú?

—Un escritor, bah, un creador, debe molestar. Los autores que siguen molestando después de muertos son los que merecen leerse. Por otra parte, mi patria no es la lengua, ni el lugar donde nací, ni mis hijos, que nunca he tenido: la patria es el deseo, es decir, la libertad.

 

—Uno de los últimos poemas que documenta el año de la peste afirma que hay una sequedad del corazón. ¿Cómo concibes la mirada retrospectiva? ¿De qué modo la distancia tiñe las percepciones? Háblanos de estos “estados alterados” que sufren los cuerpos (y espacios) con la pandemia.

—La vida cambió: el tapabocas es parte de las llaves y el celular. El miedo al otro, la desconfianza ante un estornudo, es otro de los nuevos síntomas. También las diferencias entre los países que tienen la vacuna y los que apenas si consiguen unas pocas.

Todo eso altera la emoción, como levantarte y ver en primera plana los nuevos muertos del virus. En esta información que nos da la cotidianidad como la soledad, se concibe una perpetua vida enferma.

 

***

Nicolás Poblete Pardo (Santiago, 1971) es periodista, profesor, traductor y doctorado en literatura hispanoamericana (Washington University in St. Louis).

Ha publicado las novelas Dos cuerpos, Réplicas, Nuestros desechos, No me ignores, Cardumen, Si ellos vieran, Concepciones, Sinestesia, y Dame pan y llámame perro, y los volúmenes de cuentos Frivolidades y Espectro familiar, y la novela bilingüe En la isla/On the Island.

Traducciones de sus textos han aparecido en The Stinging Fly (Irlanda), ANMLY (EE.UU.), Alba (Alemania) y en la editorial Édicije Bozicevic (Croacia).

Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«La vida enferma», de Vera (Sudaquia, 2021)

 

 

Nicolás Poblete Pardo

 

 

Crédito de la imagen destacada: Eduardo Rubin.

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