Icono del sitio Cine y Literatura

«Glass»: Un héroe de nuestro tiempo

Aunque el largometraje de M. Night Shyamalan no logra superar el suspenso y el terror de «El protegido» y es más parecida a «Fragmentado», especialmente en su segundo acto, las expectativas que se tenían de la cinta eran bastantes altas y si bien no es una mal filme, la comparación con las otras dos es inevitable, no te asombra, pero no te deja indiferente, y sin embargo funciona bien como una extensión de las anteriores.

Por Miguel Alvarado Natalí

Publicado el 21.2.2019

M.Night Shyamalan, el realizador originario de la India radicado en los Estados Unidos, que a fines de los ’90 nos sorprendió con El sexto sentido y Stuart Little, y que luego de la entrega de cintas como Señales (2002) y La Village (2004) demostró que tenía un extraordinario talento en la dirección, pero que además era un excelente guionista y actor, quien a los 8 años recibió una cámara super 8 de regalo para llegar a los 17 años con 45 películas caseras y al igual que Hitchcock y Tarantino a Shyamalan también le gusta incluir cameos de sí mismos en todas sus obras.

Glass (cristal) es su última producción y corresponde a la tercera parte de una trilogía con dos filmes anteriores: El protegido (2000) y Fragmentado (2016), los cuales no se relacionan entre sí, salvo en la última escena de esta última donde Bruce Willis aparece en la barra de una fuente de soda escuchando las noticias de la televisión para solo decir una frase –»el hombre de cristal»-,pero Shyamalan las une en Glass, y hace un cierre de la trilogía más bien débil donde Bruce Willis, Samuel A. Jackson, Spencer Treat Clark y Charlayne Woodard vuelven a interpretar los mismos personajes de El protegido, sumándose a estos James Mcavoy y Anya Taylor-Joy, quienes reinterpretarán sus roles de Fragmentado acompañados ahora en este nuevo reparto de Sarah Paulson, en el papel de una psiquiatra.

Si en El protegido vimos los extremos de dos hombres sacados de historietas de cómic, uno frágil que con una simple caída podía romper todos su huesos, pero su mente era la de un sicópata asesino y por otro lado un tipo que no sufría ningún rasguño después de un choque de trenes, pero además tenía la habilidad de un súper héroe al reconocer la maldad con solo rozar a las personas. Ahora en Glass nos encontramos con un villano más sicológico, un asesino a cargo del actor James McAvoy el cual hace una brillante actuación de un hombre con veinticuatro personalidades donde una de estas es la de la bestia, un ser sobrenatural, con mucha fuerza, que camina por las paredes y se come a sus rehenes.

Eso sí, la manera de juntar a los tres personajes o hacerlos coincidir en un centro siquiátrico no es la más creativa, hay que reconocer que a la larga es funcional, ya que es aquí donde se desarrolla gran parte de la película. La Dra. Ellie Staple (Sarah Paulson) los tiene sometidos a un tratamiento, los quiere curar de este mal de creerse un superhéroe o un villano. Gran parte de la terapia consiste en hacerles creer que todo es un invento de sus mentes y que las situaciones anormales son solo coincidencias o tienen una verdadera explicación. Aquí Shyamalan introduce una idea novedosa, ya que le da un giro notable a como vemos a los superhéroes y nos hace pensar y dudar de su existencia, ya que tal vez nosotros los hemos creados, creyendo en sus habilidades.

Lejos -lo mejor de Glass– son los últimos cinco minutos donde todos se enfrentan y demuestran sus capacidades sobrenaturales, pero por sobre todo, pensar que M.Night Shyamalan, la hizo una vez más y deja al público en la sala fríos, un marcando ocupado, como esperando una resurrección del héroe o que apareciera un escena final después de los créditos para dar un término de esos felices de Hollywood.

Aunque Glass no logra superar el suspenso y el terror de El protegido y está más parecida a Fragmentado especialmente en su segundo acto -que se va desarrollando en el hospital psiquiátrico-, las expectativas que se tenían de esta cinta eran bastantes altas y si bien no es una mala película, la comparación con las otras dos es inevitable, no te asombra, pero no te deja indiferente, y funciona bien como una extensión de ambos filmes anteriores. A ratos la retórica no convence con esos diálogos con poca acción en todo ese tiempo en que los tres pacientes son interrogados por la doctora -quien se empeña en hacerles creer que son personas normales- y la que en definitiva es la responsable de hacer callar a estos héroe y villanos.

Los ángulos de cámaras y los planos son interesantes, en espacial durante la pelea de afuera del centro psiquiátrico, muy de cuerpo a cuerpo. La bestia es un personaje musculoso, duro, que está muy bien trabajado por James McAvoy con una actuación genial al interpretar distintas personalidades y poder hacer los cambios de un segundo a otro. En tanto David Dunn (Bruce Willis) sigue como el vigilante con el mismo impermeable verde de 20 años atrás sin lograr impactar ni mostrar algo novedoso, mientras Elijah Price (Samuel L. Jackson) tiene como propósito demostrar el hecho de que los superhéroes existen entre nosotros. Es recomendable si no han visto El protegido ni Fragmentado, que las vean antes de apreciar Glass, la primera la pueden encontrar en Netflix y la segunda en YouTube.

 

James McAvoy en «Glass» (2019)

 

 

 

 

 

Tráiler:

Salir de la versión móvil