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«Hombre mirando al sudeste», de Eliseo Subiela: La negación y el sentido

El filme del mítico realizador argentino es una parada audiovisual indispensable para todo aquel ciudadano sudamericano que anhele visualizar la enajenación y las desigualdades generadas por la precaria modernización, instaladas en gran parte de nuestro continente durante el siglo XX.

Por Carlos Pavez Montt

Publicado el 5.7.2020

El hombre que mira hacia una dirección desconocida. Que siente como lo permite la desconexión respecto a la anestesia inyectada en el aparato receptivo. El brazo que se me mueve a pesar de los químicos que corren por el cuerpo. La mente que no piensa la diferencia sin una posible realización.

Porque la vida transcurre tal y como se la espera y el dolor no aguarda llamados ni órdenes. El sentimiento es al mismo tiempo su propia obligación. La ansiedad. La espera. La diferencia establecida y re–definida desde el sentir negativo. El espíritu que cae y ensangrenta sus rodillas con la sensación del dolor.

El sistema cognitivo que ha construido la medialización de la masalidad no permite observar los espacios que se generan en su interior. El amor burgués y la familia no pueden optar por los individuos o los pensamientos que tienen algo de negación. ¿Dónde están los cuerpos oprimidos por la racionalidad y el encasillamiento ontológico?

Y no es sólo eso. Las cárceles, los manicomios, la periferia en general constituyen ese pedazo de ser que no es permitido. Esa porción de realidad que botamos después de que se comparta algún pastel en reunión. La negación ha perdido toda su vitalidad y nadie hace nada por salvarla del ahogo.

Porque la afirmación de sí, es una cosa distinta al movimiento que permite una negación. La tolerancia no tiene que ver con eso. El sufrimiento de la opresión invisible sobre los cuerpos puede verse hasta en la persona con más aceptación. La diferencia es ahora celebrada, pero se olvidan de subir a sus espaldas la negatividad de los fenómenos.

De súbito, el paciente nuevo llega a la vida de un doctor. Eso cambia todo. El tedio se vuelve esperanza científica, pero luego, el pedacito de negatividad compartida, que alguien podría llamar empatía o cariño, ejerce la fuerza que tiene de suyo. La realidad, entonces, permite que se encienda algo de esperanza en la recepción.

El pecho se aprieta y los minutos nos juegan una mala pasada. El tiempo. La definición misma del movimiento que permitiría abrir los caminos del estudio novedoso. Lo que pasa tal y como es y que, al mismo tiempo, no permite de ninguna manera alguna definición. El fuego y la lentitud que nos recorre por dentro cuando estamos solos.

Hombre que mira al sudeste. Hombre que luego ve anestesiada la esperanza de significación. El hueco que cierra una etapa de esperanza. El humor melancólico de la risa propia que resuena una y otra vez en nuestros oídos.

 

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Carlos Pavez Montt (1997) es licenciado en literatura hispánica de la Universidad de Chile, y sus intereses están relacionados con ella (con la literatura en lengua romance), utilizándola como una herramienta de constante destrucción y reconstrucción, por la reflexión que, el arte en general, provoca entre los individuos.

 

 

 

Tráiler:

 

 

Carlos Pavez Montt

 

 

Imagen destacada: Hombre mirando al sudeste (1986), de Eliseo Subiela.

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