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«La balada del café triste», de Carson McCullers: Recordando a una maestra

Con un alto nivel de introspección, se posiciona como una voz que documenta, a veces de modo cerebral, a veces con un nítido comentario sobre la condición humana, para desarrollar un relato que en apariencia es una anécdota digna de un «freak» show pero que, como se ve en su aspecto más profundo, constituye una alegoría existencial, un verdadero estudio sobre el masoquismo, y una mirada sobre lo que significa ser un cuerpo destinado a la soledad y al aislamiento.

Por Nicolás Poblete Pardo

Publicado el 11.10.2018

La balada del café triste (1951) es una de mis nouvelles favoritas. En esta obra más breve que las otras novelas de la autora norteamericana, pero más larga que cualquiera de sus cuentos, tenemos todas las preocupaciones que McCullers destiló en sus hermosas narraciones: su ojo puesto en “el freak”, el otro, aislado, segregado, dañado física y moralmente. Es lo que vemos en el centro de La balada del café triste, donde Miss Amelia, verdadera construcción del arquetipo de la amazona, lidera la economía de un pueblo y se posiciona como una suerte de soberana de su entorno. El control es ejercido hasta que la llegada de un supuesto primo, un jorobado, altera, de una vez y para siempre, los presupuestos de este espacio que será arrasado por la indiferencia y la melancolía. Solo nos quedamos con un grupo de prisioneros picando la tierra, y la mano mortecina de Miss Amelia corriendo una cortina para contemplar los despojos de lo que una vez fue jolgorio.

Como en la mayoría de sus narraciones, acá la acción se centra en una localidad del sur de los Estados Unidos (McCullers nació en Georgia en 1917 y falleció en Nueva York, en 1967). El clima y sus alteraciones son importantes; la adaptación de los cuerpos generalmente vulnerables a sus hábitats también juega un rol, especialmente en el caso de personajes “otros”, como los mudos en El corazón es un cazador solitario, Frankie, la masculinizada adolescente de The member of the wedding o los diversos personajes afroamericanos que McCullers retrata con agudeza y empatía. En Reflections in a Golden eye, por ejemplo, la autora explora temas en ese momento bastante tabú, como la homosexualidad, el fetichismo y otras aristas del erotismo. Esa novela fue publicada en 1941. Solo unos pocos años antes la innovadora Djuna Barnes, con El bosque de la noche, había mostrado (de modo mucho más velado) algunos de estos temas. Other voices, other rooms, de Truman Capote, quien también narraría de manera autoficcional sus experiencias en estas mismas dimensiones eróticas, se publicaría en 1948.

La balada del café triste es un relato circular y la voz narrativa es un omnisciente que bambolea entre la distancia y la aproximación casi impúdica. Con un alto nivel de introspección, se posiciona como una voz que documenta, a veces de modo cerebral, a veces con nítido comentario sobre la condición humana, para desarrollar un relato que en apariencia es una anécdota digna de un freak show pero que, como se ve en su aspecto más profundo, constituye una alegoría existencial; un verdadero estudio sobre el masoquismo; una mirada sobre lo que significa ser un cuerpo destinado a la soledad y al aislamiento. Miss Amelia, su supuesto primo, Lymon, y Marvin Macy, el ex marido de Miss Amelia forman un triángulo mortal que terminará no solo con la destrucción del café mismo, sino que con el espíritu de un pueblo entero.

La masculinizada Miss Amelia, quien se ha casado solo por trámite, y que ni siquiera consuma la relación con el atractivo Marvin, prefiere, la noche de bodas, fumar la pipa de su padre, hacer cuentas y sacar cálculos de sus negocios. El rechazado marido se va, vuelve a reclamar lo que es suyo, vuelve a partir para cometer una serie de crímenes, y termina en la cárcel. Pero espera su liberación para cobrar la venganza que le ha provocado la humillación de su ridículo matrimonio. El oportunista Lymon se enamora de Marvin cuando éste hace su aparición y despliega toda su abyección con Miss Amelia. La última estocada en esta historia de amor no correspondido (esta es otra de las lecturas que el texto amerita), de traición y sinsentido existencial, la vemos ya hacia el final del relato, en la escena del sacrificio; una de las peleas más épicas que podemos encontrar en la literatura, por su sutileza y extravagancia… La balada del café triste es una verdadera obra maestra.

 

Nicolás Poblete Pardo es escritor, periodista y PhD en literatura hispanoamericana por la Washington University in St. Louis, Estados Unidos. En la actualidad ejerce como profesor titular de la Universidad Chileno-Británica de Cultura, y su última novela publicada es Concepciones (Editorial Furtiva, Santiago, 2017).

 

Primera edición en inglés de la novela «La balada del café triste» (1951)

 

 

Imagen destacada: La escritora estadounidense Carson McCullers (Columbus, Georgia, 1917-Nueva York, 1967).

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