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La Orquesta Sinfónica de Bucarest, en CorpArtes: Un festival lírico de principio a fin

Una agrupación joven, dinámica, dúctil, atractiva, de timbres definidos y entregada a la concepción estética del director. Unos cantantes apuestos, maduros, profesionales, solventes, en ocasiones dubitativos y con interpretaciones emotivamente calculadas. Se juntaron en un cóctel perfecto para finalizar la temporada de conciertos internacionales 2017, de la Fundación afincada en la calle Rosario Norte de Las Condes.

Por Jorge Sabaj Véliz

Publicado el 13.11.2017

El último de los grandes conciertos internacionales organizado por CorpArtes durante este año, tuvo como invitada a la Orquesta Sinfónica de Bucarest, en gira latinoamericana por Buenos Aires, Santiago de Chile y Lima, del 6 al 11 de noviembre de 2017. En el auditorio del CAA 660 de la capital, el conjunto europeo se presentó el reciente jueves 9 de este mes.

Se trata de una orquesta joven, creada el 2006 y que actualmente es conducida por el francés Benoit Fromanger. Llama la atención el hecho de que la sección de cuerdas está conformada mayoritariamente por mujeres y también por la juventud general de sus integrantes.

La orquesta estuvo acompañada de dos cantantes: la soprano polaca Joanna Woś, www.joannawos.com/, con un repertorio que fue desde Christoph Willibald Gluck a Alfred Schnittke, pasando por Mozart, Rossini, Donizetti, Verdi, Puccini, Poulenc, Offenbach entre otros y el tenor igualmente polaco, Tadeusz Szlenkier, www.tadeuszszlenkier.pl, con un repertorio operático, y la Misa de Réquiem de Verdi, Puccini, la Novena Sinfonía de Beethoven, y Mozart, entre otras obras.

El programa incluyó: George Enescu, Rapsodia rumana N° 1 en La mayor, Op. 11. Gaetano Donizetti, El elixir de amor, Una furtiva lacrima, Tadeusz Szlenkier (tenor) Vincenzo Bellini, Norma, Casta diva… ah bello a me ritorna, Joanna Woś (soprano) Giacomo Puccini, Tosca,  E lucevan le stelle, tenor; La Boheme Quando m’en vo, soprano; Che gelida manina, tenor; Sì, mi chiamano Mimì, soprano, O soave fanciulla en dueto de soprano y de tenor.

Intermedio

Giuseppe Verdi, La fuerza del destino (obertura); La traviata, É strano, soprano; Lunge da Lei… De’ miei bollenti spiriti, tenor; Parigi o cara, dueto;   Rigoletto,  Addio! Speranza ed anima sol tu sarai per me, dueto; Giacomo Puccini, Madama Butterfly, Addio fiorito asil, tenor; Bimba dagli occhi, dueto; Nikolái Rimski-Kórsakov Capricho español, Op. 34.

La agrupación orquestal rumana, con las violas situadas frente a los violines primeros, nos mostró un sonido compacto, muy equilibrado en las distintas secciones, distinguiéndose con nitidez cada timbre instrumental. En la «Rapsodia rumana N° 1» nos presentó una interpretación vital, era un vals con muchos clímax y anticlímax, como en una danza alocada, en una reinterpretación o actualización del tradicional vals vienes, tal como lo hiciera también Ravel, con su obra «La Valse».

La dirección de Benoit Fromanger fue capaz de llevar a la orquesta en cada una de las obras ejecutadas por los cambios rítmicos y dinámicos que éste propuso, sin perder jamás el control: se le premio con una cerrada ovación, por parte de la audiencia presente en el CAA 660

Los bronces, en general, lucieron un sonido amplio y bello, la tuba, en especial, un sonido profundo muy interesante. Así pudo escucharse en la obertura a la ópera «La fuerza del destino» de Verdi. Con los cornos y trombones bien perfilados en el coral y las cuerdas adaptándose, a la perfección, a la exigencia del sonido de conjunto y a las distintas dinámicas sugeridas por la dirección, en suma, una orquesta dúctil y expresiva.

La última presentación que nos regaló, como conjunto sin los cantantes solistas, fue el «Capricho español, Op. 34», donde exhibió, desde el inicio, gran colorido, precisión en el unísono y un ritmo vertiginoso que no decayó. Gran trabajo de los cornos al llevar el contra tema junto al tópico desarrollado por los violines.

La dirección fue capaz de llevar a la orquesta, en cada una de las tres obras precedentes, por los cambios rítmicos y dinámicos que propuso sin perder nunca el control y permitiéndonos escuchar una alegoría auditiva de instrumentos entrelazándose en un compendio de colores expresivos y fuertes.

Otro concierto muy diferente fue el ofrecido en la sección operística del programa, aquí el lucimiento quedó entregado a los cantantes con mayor o menor suerte. Ambos solistas, con una trayectoria recorrida y en pleno uso de sus materiales, nos dieron un paseo por arias y duetos del bel canto italiano.

En general la soprano aportó un material lírico con un no despreciable volumen en el registro medio y grave (sonoridades de mezzo) compromiso interpretativo y bella presencia escénica. En «Casta Diva» se escuchó un poco nerviosa por ser el aria de inicio y además dificilísima, lo que se tradujo en la falta de matices dinámicos, con ausencia de piano. Más cómoda se le vio en el vals de «Musetta», en la que terminó con un pianísimo bien logrado y difícil técnicamente. La carga emocional estalló en el aria de apertura de Mimí en «La Boheme». En los dúos repitió el final pianísimo en O soave fanciulla y apoyó a su pareja cuando éste lo requería, en el último dueto, Bimba dagli occhi, se produjeron problemas de tempo con la dirección. En el bis interpretaron el famoso dúo del Brindis de «La Traviata», de Verdi.

El tenor tuvo un cometido correcto mostrándonos una solvencia que le permitió salir adelante cuando la voz titubeó. Voz lírica, metálica, con buen centro y agudos, buen volumen, interpretación más heroica que lírica, con menos matices en los piano pero siempre timbrada y presente. Se le vio más cómodo en Verdi que en Puccini. Su e lucevan le stelle nos mostró un buen fraseo y fiato y un agudo potente, le faltó impregnarse del dramatismo del aria y desafiar la interpretación calculada. Una constante fue la elusión del do sobreagudo o “do de pecho” que exigían arias como che gelida manina (en donde sólo marcó la nota) y en los dúos como O soave fanciulla, en donde prefirió la opción más cómoda escrita por Puccini para finalizarla o en Addio! Speranza ed anima sol tu sarai per me del «Rigoletto», en la cual finalizó en la octava baja. Lo mismo hizo en el emotivo dueto Bimba dagli occhi, de «Madama Butterfly». Destacó por su excelente sentido rítmico, bella presencia escénica y un fiato que le permitía abordar frases ligadas y largas.

 

Ambos solistas polacos, el tenor Tadeusz Szlenkier y la soprano Joanna Wos -con una trayectoria recorrida y en pleno uso de sus materiales-, nos dieron un paseo por arias y duetos del bel canto italiano

 

Tráiler:

 

Crédito de las fotografías: Sabine Greppo, de la Fundación CorpArtes

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