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«The Post: Los oscuros secretos del Pentágono»: La prensa existe para servir a los gobernados

A diferencia de «El informante» (2017), obra en la cual estaba de relieve el mundo del espionaje, de la traición y de la simulación, en este largometraje de Steven Spielberg lo que resalta es el conflicto comunicacional de dar a conocer o no una información sensible y de gran interés público, de balancear el poder del gobierno –más allá de que el presidente fuera Richard Nixon-. Y donde la amistad de uno de los responsables con la dueña del medio implicado en esa coyuntura («The Washington Post»), en ningún caso la inhibe de decidirse (a ella) por finalmente a editar y a publicar los papeles confidenciales del Departamento de Defensa norteamericano.

Por Cristián Garay Vera

Publicado el 5.3.2018

Con dos nominaciones al Oscar (y sin vencer en ninguna categoría), esta cinta de Steven Spielberg termina exactamente en el punto en que empieza El informante, el escándalo de Watergate que hemos comentado anteriormente.  Tal como sostuvimos en aquella oportunidad, El informante era el punto de vista de un empleado de la seguridad nacional (nada menos que el subdirector del FBI) sobre la necesidad de proteger a los ciudadanos del gobierno. Un relato de delaciones marcado por el espionaje, donde el secreto y la duplicidad estaban de fondo. Esta, en cambio, es una épica del periodismo no exento de dudas y convicciones de un grupo de reporteros en la cual brillan Tom Hanks (Ben Bradlee), Bob Odenkirk (Ben Bagdikian) y la dueña del The Washington Post, Katherine Graham (interpretada por Meryl Streep), heredera del medio, y también de su responsabilidad de publicar o no las filtraciones de un analista de la Rand Corporation, prestigiosa contratista de asuntos de defensa a la cual se deben, entre otras, los misiles de precisión, el concepto de guerra de redes y otras ideas del universo de la política de Defensa de los Estados Unidos. Es decir, un contratista de primer orden para el gobierno de Washington.

Tengamos en cuenta que la prensa como poder independiente es una consecuencia del mundo liberal y no de otro. Es algo que observó en el siglo XIX Alexis de Tocqueville y que tiene a su valor. Como dice el juez en la sentencia de la película, a quien deben enviar el caso de si las filtraciones de los papeles del Pentágono eran o no plausibles de ser juzgados por la ley nacional sobre espionaje: la prensa libre, dice el jurisconsulto, se hace para los gobernados y no para los gobernantes. Por eso ha sido rechazada en Venezuela, en la Alemania de Hitler, en Irak, en Libia o Rusia, y en muchos regímenes «iliberales», como se dice hoy día. Conservar la prensa libre es mucho más luminoso que asegurar una supuesta libertad de información proveída por un gobierno, para un supuesto mundo social.

Los “papeles del Pentágono”, este último el nombre del edificio del Departamento de Defensa, eran análisis y documentos sobre la guerra de Vietnam, que, aunque se trataba de hechos pasados, revelaban las motivaciones y verdades no dichas del conflicto. Por algo, los textos estaban categorizados como Top Secret –Sensitive. La determinación de Robert Mc Namara de propiciar un análisis académico de la guerra de Vietnam se presta, finalmente, para revelar que el problema de los análisis era la convicción de que el gobierno norteamericano engañaba de forma continuada bajo las administraciones de L. B. Johnson, de J. F. Kennedy y de R. Nixon, sobre el real curso de la guerra. Como dice uno de los que analizaba la información, solo un 30% se refería a vencer a los adversarios, y un 70% a evitar la humillación de Estados Unidos.

Por eso, la imagen inicial de la misma, una incursión en la selva de tropas estadunidenses, que termina en un desastre militar, es el punto de partida acerca de la inutilidad de la guerra que recorren las filtraciones hechas por Dan Ellesberg (Matthew Rhys), que fueron comunes primero al The New York Times y luego al The Washington Post.

Pero luego de esta imagen en terreno abierto, la película transcurre en 1971 en salones y espacios cerrados. Es el mundo de una heredera periodística, de un grupo de periodistas, también tensionados por adhesiones políticas, algunos republicanos (especialmente, Jesse Plemons como Roger Clark), otros demócratas. Todo un mundo que termina en tribunales, y que recoge las urgencias tipográficas de la edición que se realizaba antes y que se recuerda nostálgicamente.

A diferencia de El informante, en que estaba de relieve el mundo del espionaje, de la traición y de la simulación, en The Post (2017), lo que resalta es el conflicto comunicacional de dar a conocer o no la información, de balancear el poder del gobierno – y no solo porque estuviera Nixon-. Donde la amistad de Mac Namara con la dueña del medio en ningún caso la inhibe de decidirse por finalmente a editar y a publicar los papeles del Pentágono.

Volviendo a la escena inicial, toda esa secuencia guía esta idea de la inutilidad de la guerra, ese monstruo grande que pisa fuerte como cantaba León Giecco. Por ello se pregunta uno de los protagonistas “¿No irías a prisión para evitar la guerra?”. La respuesta para ellos fue clara. Sí.

 

The Post: Los oscuros secretos del Pentágono. Director: Steven Spielberg. Guión: Liz Hannad y Josh Singe. Actores: Meryl Streep, Tom Hanks, Bob Odenkirk, y Matthew Rhys. Estados Unidos, 2017.

 

Cristián Garay Vera es el director del magíster en Política Exterior que imparte el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.

 

Los actores Tom Hanks y Meryl Streep en un fotograma de «The Post: Los oscuros secretos del Pentágono» (2017), del director estadounidense Steven Spielberg: por su rol en esta obra la actriz estuvo nominada al Oscar que se concede a la mejor actriz principal de la temporada

 

Tráiler:

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