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Utopía y ciencia ficción: ¿Fundamento o enajenación del sentido de lo humano? «Los tiempos de la caimaguna», de Dauno Tótoro Taulis

Lanzada por Ceibo Ediciones en 2011, la presente novela es un texto que nos sitúa ante un planeta arrasado, prácticamente desprovisto de vida en su superficie. La Tierra, así, ha dejado de girar en torno a su eje, existiendo una faz en permanente penumbra y otra calcinada por el sol. Desde hace siglos se ha ilegalizado (bajo la pena de vaporización genética del transgresor) la reproducción sexuada de vegetales, animales y seres humanos.

Por Jorge Scherman Filer

Publicado el 13.10.2017

A modo de introducción me parece importante, para descubrir claves tras la escritura de «Los tiempos de caimaguna», realizar una breve reseña biográfica del autor. Dauno nació en Moscú en 1963, de madre chilena y padre italo-mexicano. Siendo muy niño la familia se trasladó a México, y luego a Chile. A partir de 1976 migraron a Ottawa, y luego a Trinidad y Tobago. A los 16 años se independizó del hogar familiar, y se instaló por tres años en Montreal. Así, su formación fue en castellano, inglés y francés. Ya habrán notado que su nombre y sus apellidos son nada mapuches ni hispanos. Dauno tiene su origen en un antiguo rey etrusco, Tótoro es un apellido de la Italia pre romana, y Taulis es franco-catalán. En síntesis, nuestro autor no es un chileno típico.

Volvió por estos lares a principios de los años ’80, y en los 30 años siguientes ha vivido en Argentina, Canadá y México, siendo Chile el espacio de origen y destino. Donde quiero llegar: estamos frente a un escritor que ha sido un ser nómade y cosmopolita, que se debe a varias culturas y lenguas, incluyendo sus tradiciones literarias.

En «Los tiempos de la caimaguana», un animal mezcla de caimán e iguana, una suerte de “Dragón de los Mares”, como su novela previa «La sonrisa del caimán», se nos devela un mundo literario, ficticio y a la vez muy real, situado allende la cordillera austral de América. Y un orbe ajeno del todo a la casa, la familia y los clanes chilenos.

En la escritura de Tótoro no hay nada de lo que nos hizo ver Rodrigo Cánovas en su ensayo sobre la literatura chilena de las últimas décadas del siglo XX. Que el tema de la orfandad y, por tanto, de la casa y familia, la tribu, para mal y para bien, caracteriza a la novela chilena. Y no sólo a la literatura del país, sino de América Latina ya entrado el siglo XXI. Respecto a los elementos temáticos compartidos por los escritores latinoamericanos hoy, cito al ensayista mexicano Pablo Raphael: “Veo toda una línea narrativa interesada en rescatar la memoria infantil, la memoria de sus padres y lo que la política, y míticamente, representaron” (Página 60).

Marco Buitrago, apodado Buitre, el protagonista periodista/detective, es un hombre de quién no sabemos nada de casa de familia, padre ni madre ni abuelos, que vive viajando por toda América a una velocidad descomunal. En algo más de tres meses va de Santiago a Tabatinga en la Amazonía, Manaos, Sao Paulo, Buenos Aires, Caracas, Puerto España, Trinidad, Veracruz, el Aeroplano en el Golfo de México, vuelta a la Amazonía y Buenos Aires, para anclar finalmente en Puerto Natales.

Amén de las paradas de rigor en distintas urbes, siempre está en movimiento, abordando aviones, atravesando selvas en distintas embarcaciones por distintos ríos y mares, escuchando a los monos saraguatos imitando el sonido del jaguar, y en medio de un enorme calor y humedad y lluvias, en espacios abiertos, que nos hacen recordar «La vorágine», de José Eustasio Rivera; y «La casa verde», de Mario Vargas Llosa.

Destaco que Marco es el ahéroe de estas dos novelas de Dauno. Sí, yo no lo leo como héroe ni antihéroe, sino más bien en la línea que lo califica en la novela el poeta Floriano Peixoto, quien le dice al Buitre: “[…] nos hacía sacar lágrimas de la risa su ingenuidad, su impaciencia, sus chascarros, pero nos emocionaba también su pureza. Había algo creíble en usted…” (Página 118). Marco, ahora con 42 años y no con los 28 que tenía al momento en que Peixoto se formó esa opinión sobre él en tiempos de la Expo Sevilla, le contesta, intentando ser sincero, que ya no es el mismo de hace tres lustros atrás. Pero a poco andar se dice para sus adentros: “[…] que no, que en realidad yo no había cambiado tanto desde aquella vez en Sevilla” (Página 121). Así que, contrariamente a lo que se nos dice en la contraportada del libro, no leo a Marco para nada como un descreído y cínico. O, al menos no en las cuestiones importantes. Aunque sí que puede ser un cínico y descreído frente a lo que Marco visualiza y denomina “tontera” o “basura esotérica” de los “pases mágicos” del gurú Dieu le Divine, quien los aprendió de chamán Juan Matus, el famoso Don Juan que, a su vez, se los enseñó a Carlos Castaneda.

Ahora bien, en esto de ingenuo y puro puede que Marco se aleje del modelo de muchos protagonistas del relato policial de enigma y la novela negra. Pero claro, como el Philip Marlowe de Raymond Chandler, o el Meyer Landsman de Michael Chabon, y tantos otros, fuma y bebe en exceso, y su departamento ñuñoino de solitario tiende a ser un desastre (él siempre está de paso, o bien no puede anclar y refugiarse allí, porque lo van a matar). Y como señala John Cawelti respecto al protagonista en este tipo de historias: “[…] es un hombre tradicional de virtud en un mundo amoral y corrupto” (Página 152); se mueve “[…] contra una red de conspiración que refleja la presencia de una escondida organización criminal” (Página 148); y es un hombre común y encarna “[…] el aspecto rebelde del héroe y su capacidad de funcionar efectivamente en un mundo de riqueza, corrupción y violencia” (Página 145).

Pero hasta ahí llega la similitud. El resto está invertido. No es un seductor al estilo de Humphrey Borgart en El halcón maltés. Más bien las mujeres se le meten a la ducha o duerme a sus pies o en un diván cediéndoles la cama. Y lo más relevante, Marco carece de la lógica mental, la capacidad deductiva y la intuición del Claude Dupin de Poe, del Sherlock Holmes de Conan Doyle o el Padre Brown de Chesterton, y de la larga lista de héroes-detectives herederos del género policial de enigma y negro. Más bien va por la vida empujado por un devenir que no controla, zafando de la muerte una y otra vez gracias a su buena fortuna, y dejando tras de sí un reguero de cadáveres. Aunque deja algún muerto en su camino, es un mal tirador, mientras que quienes los persiguen y “protegen” son de gatillo fácil, y se trenzan a balazos en salas de baile y puticlubs, en una lucha donde pagan justos y pecadores.

En el ámbito de ser un hombre de virtud, en Los tiempos de la caimaguana a Marco lo atrapan en una red conspirativa y lo fuerzan, mediante amenaza de muerte a él y a sus cercanos. Dice el mismo Marco: “[…] otros estaban en peligro y yo no podía dejarlos a su suerte” (Página 234). Amenazado hasta que entregue el secreto del paradero de Pascuala Puk.

¿Quién es esta mujer? Una india lacandona con síndrome de Down, que posee el conocimiento y la clave de aquello que todos andan buscando: la misteriosa y mítica Ambarina Ritornante. Una suerte de Piedra Filosofal, o un Santo Grial, pero que en este caso se trata de un planta originaria de la Selva Lacandona y ha llegado a crecer en la Amazonía, a la que se le atribuyen múltiples virtudes: unas curativas de la esquizofrenia, la epilepsia, quizá el VIH y, en el tiempo futuro de la trama, la denominada Angustia Somaticosa, en competencia con los grandes productores de fármacos psiquiátricos. Y, simbólicamente, la más importante de sus virtudes: el ser un alucinógeno que permite a los seres humanos otro de sus sueños literarios: el Eterno Retorno. De allí su nombre. Una planta con una semilla de cinco puntas cuyas luchas por su control desatan toda la tensión y locura de la novela.

Pasando a otro ámbito, en términos de géneros literarios, la novela es un relato donde conviven básicamente 4 espacios temporales (1933, 2005, 2218 y 2301), y estaríamos, en consecuencia, frente a un relato de ciencia ficción, y lo que conocemos como uno de sus subgéneros: el cyber-punk.

En tanto novela de anticipación, cabe decir que no he sido lector asiduo del género, y adivino la razón: siempre me sentí cerca de la opinión de Humberto Maturana, quien afirma que los escritores de ciencia ficción en general nos hablan desde la razón, mientras que los escritores que nos hablan de la utopía, lo hacen desde la emoción, situando el contraste. Esto se traduce en que habitualmente el escritor de ciencia ficción nos muestra “[…] la enajenación que nos ciega ante el otro, y que, finalmente, nos desquicia, porque rompe el amor que funda lo humano y lo social” (Página 98).

En oposición, el escritor de la utopía inspira a los lectores en un “[…] ánimo nostálgico, una añoranza por una convivencia humana donde prevalezcan el respeto, la equidad, la armonía estética con el mundo natural y la dignidad humana” (Página 95); es decir, bajo la emoción fundamental del amor, o del sentido de lo humano.

Pues bien, acepté el desafío porque, luego de leer el libro, me pareció que desmiente esta dicotomía: Los tiempos de la caimaguana, más allá del relato de anticipación, es un texto donde late con mucha fuerza el componente utópico simbolizado por los Resistentes, que luchan denodadamente por sostener una convivencia basada en la cooperación y el respeto mutuo, convivencia ajena del todo a la competencia, el abuso y la agresión (estos últimos tres, componentes comunes del relato de ciencia ficción, en clásicos del género, como «Un mundo feliz», de Aldous Huxley, y «1984», de George Orwell).

Y en cuanto a lo de cyber-punk, siguiendo a Lawrence Person, señalemos: “Los personajes del cyber-punk clásico son seres marginados, alejados, solitarios, que viven al margen de la sociedad, generalmente en futuros distópicos donde la vida diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico, una atmósfera de información computarizada ubicua y la modificación invasiva del cuerpo humano” (on line).

Para no hablar en difícil, un futuro distópico es sencillamente una utopía negativa. Así es que todos los caminos nos conducen a Roma. El componente de cyber-punk le da a la ciencia ficción una connotación negativa a la utopía, y estamos por ende de vuelta con Maturana: utopía versus ciencia ficción, emoción versus razón, el amor como fundamento de lo humano versus su enajenación. Como ejemplos de cyber-punk en el cine, hablaríamos de Blade Runner y de la trilogía Matrix.

Comenzando a cerrar esta presentación, ustedes se preguntarán qué pasó para que leamos “un relato de anticipación y tonos de ciber-punk”, como dice la contraportada del texto.

Pues bien, en el año 2019 se movió el eje de la Tierra, o más bien, unos científicos la sacaron de su eje: “[…] cuatro hombres torpes, Huybers, Wansch, Van De Camp y Van Bavel…. sólo cuatro hombres en un laboratorio subterráneo a orillas del lago de Ginebra, lograron joderlo todo y dejar el ángulo en 32°” (Página 211).

No soy astrónomo, y no tenía idea que el ángulo apenas se ha movido 0,5% en torno a 24°, y en 40 mil años, pero hasta donde entiendo en la novela, nuestro planeta dejó de girar sobre sí mismo y se mantuvo fijo siguiendo su órbita. Como haya sido, la cuestión es que el Hemisferio Occidental se quedó con “el lado soleado de la Tierra” (Página 81). Es decir, Occidente se quedó con el sol y el día permanente y el calor, y Oriente con la noche y toda la luna y el frío. ¿No les parece simbólico?, de acuerdo al canon hegemónico: el triunfo del hombre y macho blanco en toda la línea. Siguiendo con lo que la novela propone, en el Hemisferio Occidental las temperaturas fluctúan entre 42º a 175º Celsius, mientras que en Hemisferio Oriental van desde -27º a -302º.

En los dos tiempos futuros esenciales en que transcurre la novela, 2218 y 2301, el sol quema fuerte, y los seres deben usar antiparras de cuarzo y mamelucos y chupallas de asbesto. Los protagonistas de estos tiempos son los ya mencionados Resistentes, o bien los llamados SMOL, Small Men Odysee for Life, es decir, la Odisea por la Vida de los Hombres Pequeños. Sí, esos seres legendarios que resisten la codicia de las multinacionales farmacéuticas, monstruos industriales protegidos antaño por ejércitos de mercenarios, y luego forman parte de una futura Alianza Estratégica Euroamericana que domina el mundo sobre la base de la violencia y el control (sexual y reproductivo) de los cuerpos humanos.

En 2218 el protagonista será Segundo Robespierre, un chileno de Chimbarongo que huye de estas fuerzas del mal, quien es rescatado por otra pareja de prófugos de las cárceles del sistema dominante. Los salvadores de Robespierre son dos líderes de los SMOL, Michael Bernard James Henrik Ibsen-Crichtersson Shaw, y Mirko Beljanzunski, apodados, respectivamente, BombGod (la bomba de Dios) y Piramba 4. Los nombres no son nada inocentes, por cierto, pero lo más significativo es que nos muestran un linaje de rebeldes que se remontan al pasado o proyectan en el tiempo.

En efecto, Piramba 4 tiene su origen en el presente de la novela, 2005, pues Mirko Beljanzunski es el nombre heredado desde Piramba 1, patronímico puesto por Danta, fundador de los Resistentes e hijo del mismo poeta Peixoto que gozaba con los “chascarros” de Marco en la Expo Sevilla. Danta, junto a Marco, serán los únicos que saben donde se halla Pascula Puk.

Y en cuanto al futuro más lejano, 2301, el hijo de Robespierre será un protagonista también fugado de esta era. Se llama Juan Segundo Norambuena Araya, o el Segua de Codegua, más conocido como Sudacorganic.

Y toda la saga de linajes ambarinos ritornantes va tan atrás como 1933, a Dionisio Puk, el “yerbatero”, padre de Pascuala, de quien el protagonista de esta época, Yañez García, “el buscador de ciudades”, se transformará en su yerno, casado o amancebado con Carmela, la hermana mayor de Pascuala. Marco habrá de conocer a esta familia lacandona más de medio siglo después.

Qué hacen todos estos rebeldes o, más bien, qué utopía defienden: “[…] preparación de almácigos, la tierra de hoja y sus aplicaciones; el compost; ensacado de semillas; el riego y el sobre-riego; la tierra y la autosuficiencia; semillas, esquejes, planteles, bulbos; exposiciones, caballones y tipos de cultivo según riego y especies; influencia lunar, insectos y aliados; rotaciones y asociaciones; cultivos de plantas medicinales; cavar, aporcar, conexión con la tierra; fe y amor” (Página 278).

La Ambarina Ritornante, a mi juicio, es el símbolo de esta añoranza de un paraíso perdido. Para terminar, señalo que esta planta será el sueño donde se ancla el relato de «Los tiempos de la caimaguana». La Ambarina Ritornante es el más preciado saber, poder y secreto de Los Resistentes.

Gracias, Dauno Tótoro Taulis, por esta novela potente, lúdica y política. Nada claustrofóbica, un bienvenido aire fresco dentro de la tónica dominante en la literatura contemporánea del continente al Sur del Río Bravo.

 

Referencias bibliográficas

Cawelti G., John. «Adventure, Mistery, and Romance». Chicago: The University of Chicago Press, 1976.

Fuentealba, Marcela. “Pablo Raphael, ensayista mexicano: ‘El escritor está lejos de la sociedad en que vive’”, en «La Tercera», 4 de noviembre, página 60.

Maturana, Humberto. “Reflexiones: Utopía y ciencia ficción”, en «El sentido de lo humano». Santiago de Chile: Dolmen Ediciones, 1997, páginas 91-98.

Person, Lawrence. “Notes Toward a Postcyberpunk Manifesto”, 1999, en https://slashdot.org/story/99/10/08/2123255/notes-toward-a-postcyberpunk-manifesto

 

El periodista y escritor chileno Dauno Tótoro Taulis (Moscú, 1963)

 

La novela «Los tiempos de la caimaguana» (2011), de Dauno Tótoro Taulis

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