Icono del sitio Cine y Literatura

«Yo, Tonya»: La violencia de las carencias

Este largometraje -cuyo extraordinario guión pertenece a Steven Rogers-, es un duro retrato del Estados Unidos profundo y de la pobreza de los grupos blancos, cuyo afán por juntar cupones para almorzar o buscar un concurso donde su hija pueda ganar la competencia se encuentra dado no por diversión, sino que por una necesidad de sobrevivencia.

Por Cristián Garay Vera

Publicado el 26.3.2018

En el principio de esta película hay algunas declaraciones sorprendentes. Su madre, la villana absoluta pero no única, dice “Tonya fue totalmente americana” (“Tonya was totally american”), mientras la patinadora olímpica y protagonista de este filme, la auténtica, manifiesta que: “es una persona real” y que logró la triple voltereta.

Este relato, más los testimonios de la patinadora (Tonya Harding/ Grace Mackenna y Margot Robbie), su madre (LaVona / Allison Janney), su novio (Jeff Gillooly /Sebastian Stan), su guardaespaldas (Shawn Eckardt / Paul Walter Hauser), y las grabaciones judiciales sobre el proceso de 1994, con el culpable declarando con un sweater de animalitos, quedan como un registro paralelo a su entrada en el mundo del arte, e ilustran, que este a veces es una pálida expresión del mundo real, ya que todos narran el punto de vista de los “malos”. Además, escandalosamente tontos y malos incapaces de efectuar, al decir de un “simple plan” tal como ocurría en Fargo (1996), de los hermanos Joel y Ethan Coen.

Es que este largometraje, cuyo extraordinario guión pertenece a Steven Rogers, es un retrato duro del Estados Unidos profundo y de la pobreza de grupos blancos, cuyo afán por juntar cupones para almorzar o buscar un concurso donde su hija pueda ganar está dado no por diversión, sino que por sobrevivencia.

Este caso no es distinto de otros padres abusadores, que han querido ganarle a la vida a través de los hijos en un largo etcétera, que  se grafica en Mozart, por ejemplo. Pero en Estados Unidos donde las niñas de cuatro años son producidas para ganar certámenes de belleza, el caso de Tonya Harding (Margot Robbie) sorprende porque la patinadora es a la vez victima y victimaria, y no sale nunca de su círculo de precariedad económica, social y cultural desde su natal Portland.

En un película donde la palabra «fuck» está repetida y conjugada al infinito, este sector se evidencia con personajes reales, no como Fargo, y si más cercano a los perdedores de Tres Anuncios para un crimen, también basada en hechos reales.

Tonya pasa de ser de héroe a villano, cuando su madre la lleva a entrenar a los cuatro años. Es un monstruo siempre, al principio, al final (cuando la vende a un medio con una grabadora oculta) y en el epílogo de la película relatado en los cuadros finales, que dejo a cada cual leerlos. Ella es una maltradora, egoísta y sobre todo mala persona. Su objetivo es que ella triunfe, para que puedan aprovecharse de su talento, para ello la disciplina y los golpes van siempre, y se complementa con la salida del padre, único sostén emocional. No son, como se les dice, el clásico ejemplo de familia sana (“wholesome american family”), y por ello sus modales son rechazados en los círculos de deportistas y autoridades estadounidenses.

Pero a ellas no les importa nada sino triunfar, y en un momento estelar de la cinta, cuando Tonya va a socializar con otra niña que aprende, su madre le dice: “ella es tu enemiga”. Su único solaz es su relación con un ser más limitado que aquella todavía, con el cual se casa y luego se divorcia, pero nunca se separa, fuente de las desdichas de una pareja que pasaba de los golpes sin tono ni son al sexo frenético y salvaje en forma continuada.

Y en medio de esto su ascenso y condición de héroe deportiva, sus intentos por conseguir hacer las tres piruetas perfectas, su ascenso, gloria y caída, todo ello al lado de su tóxica madre y novio.

Es que uno, con tanta incidencia llega a pensar en una mujer madura, cuando en realidad en la cenit del “escandalo” (the incident) de 1994 en Detroit, Michigan, al que se llega al final y como algo que se ha olvidado por todos, apenas tiene 23 años. La agresión por medio de un grupo de matones y amigos a Nancy Kerrigan (CaitlinCarver), solo le importa a la protagonista porque en castigo le dejarán sin participar más en competencias, que es lo único que ha aprendido y gusta en la vida.

Esta es una película de carencia, no tiene ese lado amable al final de los personajes de Tres anuncios para un crimen, por citar, ya que ni aprenden ni están arrepentidos. Pero uno siente que no podrían haber aprendido más, desde un medio tan primario y cercano a los “basura blanca” de los suburbios de las ciudades estadounidenses. No es que sean ni racistas, ni xenófobos, sino simplemente partes de un ambiente en que no habían más horizontes que ver.

A las actuaciones descollantes de la madre, el novio, el guardaespaldas (fans de Star Treck) y la propia actriz, hay que añadir una banda musical maravillosamente puesta como nostalgia y complemento de la acción. Esta maravillosa película, es por último, una obra donde no hay redención, y donde uno se siente tentado a reírse de algo tan poco cómico como la falta de cultura, porque igual la pobreza estadounidense en ciertos ambientes no es similar a la precariedad nuestra (es cosa de pasar por un barrio peligroso de afro descendientes, y ver que son casas arruinadas, pero espaciosas y con autos grandes). No es distinto al mundo de nuestros flaites. Ni tampoco de aquellos convertidos en celebridades. No hay crimen alguno en ello, pero parte de la madurez consiste en adornar con cultura a ese progreso material. En este caso en vez de un Ferrari, se llevan la camioneta para pagar las costos de la condena.

Finalmente, Allison Janney ganó el último Oscar concedido a la mejor actriz de reparto por su participación en Yo, Tonya («I, Tonya», 2017).

 

Yo, Tonya. Dirige: Craig Gillespie. Guión: Steven Rogers. Música: Jeff Russo. Elenco: Margot Robbie, Grace Mackenna, Allison Janney, Sebastian Stan y Paul Walter Hauser. Produce: Miramax, Estados Unidos, 2017, 120 minutos.

 

Cristián Garay Vera es el director del magíster en Política Exterior que imparte el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.

 

Los actores Sebastian Stan y Margot Robbie en un fotograma del filme «Yo, Tonya», del realizador australiano Craig Gillespie

 

Tráiler:

Salir de la versión móvil