Por su participación en este largometraje de ficción, una obra del realizador brasileño Kleber Mendoça Filhoel, su compatriota, el intérprete Wagner Moura, obtuvo el reciente Globo de Oro a mejor actor dramático, en el quizás mayor estreno audiovisual que tuvo el Festival de Cine Las Condes 2026.
Por Cristián Uribe Moreno
Publicado el 12.1.2026
Sin duda que la mejor película exhibida en el Festival de Cine Las Condes 2026, y tal vez del año recién pasado fue El agente secreto del director brasileño Kleber Mendoça Filho.
Una realización audiovisual dramática y de suspenso, que recibió premios y elogios por todos los certámenes donde fue presentada, carta segura de Brasil a los premios Oscar de la presente temporada y que ya fue galardonada en el último festival de Cannes, alzándose con la Palma de Oro en dos categorías: mejor director y mejor actor.
La película está ambientada en el año 1977, en el Brasil de la dictadura militar. A Recife llega un profesor, huyendo de fuerzas anónimas que lo persiguen, para instalarse con su hijo, cuidado por sus suegros, y retomar una vida normal.
Con todo, la primera gran virtud de este filme es su ambientación. Kleber Mendoça (1968) logra transmitir, a través de las imágenes y de su música, a ese país que era Brasil en la década de 1970. Pero también, y valiéndose de un prólogo cargado de tensión, exhibe el miedo y el desprecio por la vida que existía en esos tiempos dominados por las fuerzas militares y policiales.
La escena inicial no solo traspasa el horror e incertidumbre que reinaban, sino que también sirve para representar metafóricamente el estado de descomposición del país: un muerto tapado con diarios en medio de un peladero.
Una nación que sufría la violencia represiva, donde los cuerpos aparecían asesinados (o se los tragaba la tierra), y sus autoridades no se molestaban en esconderlos y a nadie le importaba. En pocos minutos, se esboza el ambiente abyecto y mortal que se vivía en el Brasil de aquella época.
La segunda gran virtud es la forma en la cual está relatada la historia. El premiado director brasileño juega al misterio. Y pese a que la trama se va desarrollando en distintos argumentos narrativos, en el espectador aparecen más interrogantes que certezas. Esto se debe a un gran trabajo de guion, responsabilidad del mismo Kleber Mendoça Filho.
Esa sensación de temor y de alegría por la vida
Así, la narración se distribuye alternadamente en distintos tiempos: el año donde transcurre la trama principal, los flash backs que dan información importante para reconstruir parte de la trama, y un tiempo presente personificado por dos estudiantes universitarias que investigan los hechos.
De esta manera, y a medida que se desarrollan los acontecimientos, algunos enigmas se van dilucidando, en otros, se intuye una respuesta y más de uno, quedará en el aire. Esta situación ocurre hasta el final. No obstante, el interés por lo que va ocurriendo en pantalla, no decae, pues se mantiene con pulso firme.
Y esto se logra, no solo con el gran trabajo de dirección, sino que además con el gran trabajo actoral. Y esa es la tercera gran virtud del filme.
El rol principal del profesor, Marcelo (o Armando) es protagonizado por el actor nacido en Salvador de Bahía, Wagner Moura (si no es el mejor actor latinoamericano del momento, pega en el palo), que le infunde emoción, dignidad y humanidad a su personaje.
Asimismo, está acompañado de un gran elenco que traspasa toda esa sensación de temor y de disfrute de la vida, en ese entonces, de la sociedad brasileña.
En un tema tan delicado como fue la represión militar, la película se las arregla para no caer en los tópicos de siempre.
Hay una violencia que está latente, hay un pavor que se palpa en el ambiente, muy bien simbolizado por la alusión a la película Tiburón, que en ese tiempo aún arrasaba en los cines, y su omnipresencia en el imaginario social, incluido los terrores nocturnos infantiles. Inclusive hay toda una subtrama en relación a una pierna mutilada que en algún momento se transforma en un fragmento delirante.
Sin embargo, cuando el salvajismo dictatorial estalla, este emerge con toda la brutalidad que se espera de los represores, siendo filmada de manera excepcional por Kleber Mendoça, convirtiendo, en segundos, a esta historia audiovisual en un thriller a ritmo de samba, creando una de las mejores secuencias filmadas en este lado del continente.
La consagración de Kleber Mendoça
Es difícil no comparar la película El agente secreto, con otra gran producción brasileña que el año pasado también ganó casi todos los premios a los que se presentó, incluido el Oscar a mejor película extranjera: Aún estoy aquí, de Walter Salles.
Ambas son un acto de rescate de memoria de los convulsos años de la dictadura militar. Aunque la primera se base en un caso real y la otra, haya creado un relato de persecución, las dos obras denuncian esa crueldad del poder omnímodo con que los militares trataron a los ciudadanos.
Sin embargo, la obra de Salles lo hace desde la cotidianidad que irrumpe en las vidas de las personas; en cambio, en la realización de Mendoça, el foco está en recrear las persecuciones de los ciudadanos, de distinta condición y origen, que se vieron afectados por la arbitrariedad militar.
Estas obras audiovisuales llegan en un momento crucial de nuestra historia puesto que, en los tiempos actuales, hay ciertos sectores que buscan cambiar la percepción de los hechos históricos, en un intento por suavizar acontecimientos horrorosos dando una interpretación antojadiza y sesgada de épocas de violencia política, tan comunes en América Latina.
Con todo, El agente secreto es una gran película, creada por mano maestra, que consagra a un gran director como es Kleber Mendoça, que ya había dado muestras de su talento en Aquarius (2016) y Bacurau (2019).
En esta obra el realizador brasileño demuestra que no teme salir de los moldes establecidos para este tipo de historias, con el fin de brindar una producción de gran calidad técnica y artística.
Asimismo, permite aseverar que, en este lado del mundo, las ficciones cinematográficas tienen su propia identidad y su propia manera de ser narradas.
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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.
También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.
Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó asimismo el libro Versos y yerros (Ediciones Luna de Sangre, 2016).

Tráiler:

Cristián Uribe Moreno
Imagen destacada: El agente secreto (2025).
