[Crítica] «Neurociencia y poesía»: Una presencia cultural optimizada

El libro de Luis Cruz-Villalobos y de Magdalena Biota está escrito con claridad, equilibrio y sensibilidad, y en el prólogo de Diego Golombek se destaca su tesis central: comprender no empobrece a la literatura en versos, sino que la amplía, en este caso a través de un texto que combina el rigor académico con un tono accesible, sin olvidar la profundidad conceptual.

Por Luis Miguel Iruela Cuadrado

Publicado el 3.2.2026

El volumen propone una articulación rigurosa entre poesía, neurociencia cognitiva y psicología clínica, con el objeto de entender la experiencia poética como un fenómeno neurocognitivo, emocional y corporal.

Antes que reducir la poesía a un epifenómeno cerebral (recuérdese que el epifenómeno es lo prescindible, lo que no tiene influencia alguna), los autores defienden una concepción integradora en la que el poema funciona como una tecnología emocional compleja, capaz de organizar la memoria, la atención, el afecto y el sentido.

El libro se sitúa en una encrucijada de saberes entre la neuroestética, la lingüística cognitiva, la fenomenología hermenéutica y la psicología clínica.

A partir de trabajos recientes de Jacobs, Menninghaus y Liu entre otros, los autores muestran que la poesía activa redes neuronales aplicadas a: 1/ el procesamiento semántico en la corteza temporal; 2/ prosodia y musicalidad en el hemisferio derecho; 3/ ritmo en las áreas motoras; 4/ emoción y memoria en el sistema límbico; 5/ teoría de la mente en la corteza prefrontal media.

De esta manera, la poesía aparece como una presencia cultural optimizada para resonar con la arquitectura cerebral humana además de actuar como un modulador cognitivo.

Cruz-Villalobos y Biota insisten en que tanto el ritmo como la métrica, el paralelismo como la rima y la aliteración no son adornos, sino estructuras dinámicas que: 1/ sincronizan oscilaciones neuronales; 2/ facilitan la memoria; 3/ generan placer estético; 4/ intensifican la emoción; 5/ reorganizan la atención.

La hipótesis de la «lira neural», de Turner y Poppel es aquí central, ya que hace notar que el verso coincide con ciclos temporales cerebrales de -3 segundos.

 

Un dispositivo de simbolización

La metáfora reorganiza el sentido. Desde la poética cognitiva y la hermenéutica de Ricoeur, se entiende como un proceso que rompe la automatización de la percepción, reconfigura asociaciones mentales y abre nuevas posibilidades de significado.

Otro aspecto del mayor interés es el de la poesía como práctica terapéutica. El libro revisa las pruebas clínicas que muestran sus efectos en: 1/ ansiedad; 2/ dolor crónico; 3/ trauma; 4/ estrés; 5/ contextos de aislamiento y vulnerabilidad. Se presenta a la poesía como un dispositivo de simbolización, capaz de restaurar agencia, identidad y sentido.

En cuanto a metodología se refiere, el texto aúna: 1/ una revisión crítica de la literatura científica actual; 2/ análisis conceptual; 3/ diálogo con la hermenéutica; 4/ ejemplos poéticos; y, lo que es muy interesante, un anexo práctico con veinticinco actividades de neuropoética aplicada. Esta estructura permite un equilibrio entre teoría, evidencia empírica y práctica tanto clínica como educativa.

Con todo, es destacable la originalidad e importancia del libro por las siguientes razones: 1/ integrar neurociencia y poesía sin caer en reduccionismos; 2/proponer una visión del poema como tecnología emocional; 3/ articular ciencia y fenomenología; 4/ ofrecer aplicaciones clínicas y educativas completas; 5/ situarse en un campo emergente con escasa bibliografía en español.

Así, su aportación es doble: por un lado, teórica, al consolidar un marco neurocognitivo para la experiencia poética. Del otro, práctica, al mostrar cómo la poesía puede intervenir en la salud mental y en la docencia.

El libro, asimismo, está escrito con claridad, equilibrio y sensibilidad. El prólogo de Diego Golombek destaca la tesis central: Comprender no empobrece la poesía, la amplía. El texto combina el rigor académico con un tono accesible, sin olvidar una profundidad conceptual.

Podría formularse, entonces, una valoración crítica del siguiente estilo: 1/ Constituye una excelente síntesis interdisciplinaria; 2/ una puesta al día de la literatura científica; 3/ una aportación práctica nada desdeñable; 3/ una defensa convincente de la poesía como experiencia cognitiva compleja.

En resumidas cuentas, puede afirmarse que Neurociencia y poesía es un libro importante y oportuno, que contribuye a un campo emergente con rigor, sensibilidad y ambición intelectual. Su propuesta de una poética neurocognitiva abre un camino fecundo para futuras investigaciones y ofrece valiosas herramientas para clínicos, educadores, poetas y estudiosos del lenguaje.

También se trata de una obra que ensancha el horizonte de lo que se entiende por poesía, mostrando que su misterio no se reduce con la explicación científica, sino que se vuelve más auténtico y más humano. ¿Puede pedirse más a un libro?

 

*Si desea una copia del libro Neurociencia y poesía, puede acceder al siguiente link.

 

 

 

 

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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.

En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

 

«Neurociencia y poesía» (Colección Manuales Mínimos, William James Ediciones, 2026).

 

 

 

Luis Miguel Iruela

 

 

Imagen destacada: Luis Cruz-Villalobos y Magdalena Biota.