[Ensayo] «Vértebras»: Discopatía lumbar de América del Sur

La poesía de Marcelo Arce Garín aborda temas de injusticias como los presenciados en el Chile de la actualidad, y todo con causa de conocimiento y estudios, de tiempo dedicado a investigar seriamente, desde la izquierda, éticamente: ese tipo de versos políticos se encuentran en este libro.

Por Daniel Tapia Torres 

Publicado el 22.3.2026

De cualquiera forma, nuestro norte sigue siendo el sur, pensé al terminar de leer el libro Vértebras (Editorial Cuarto Propio, 2025) del poeta sanbernardino Marcelo Arce Garín (1976), un texto admirablemente trabajado y pensado, de un oficio de inteligencia artesanal, y con una ardua investigación soportando su escritura.

Como bien se apunta en otros textos acerca de Vértebras, el autor ya no trabaja sobre el territorio de San Bernardo o Santiago como lo hizo en sus anteriores libros de poemas, sino que lo extiende hacia toda América del Sur (o Abya Yala, como la llamaban los ancestros) y a toda su columna vertebral que es la cordillera de Los Andes.

Así, el libro abre con «Niño llorón» un poema que trata acerca de los métodos de coerción usados durante el régimen de Pinochet. Rodrigo Rojas de Negri, Carmen Gloria Quintana, Emilio Dubois, son nombres que surgen, llevándonos desde La Cisterna a Playa Ancha, y en la escena, de fondo, entre maderas que crujen, balazos y fuego encendido con bencina.

Entonces, cuelga el cuadro famoso del niño llorón que acompañó tantas paredes en esta patria. Desde la cara del niño ilustrado, cae la lágrima por la cordillera de Los Andes hacia los demás poemas del libro.

Como apreciamos en el párrafo anterior, van apareciendo nombres, lugares, vivencias, anécdotas, recuerdos, hechos históricos, y a través de ellos se emprende un viaje, en el cual la poesía existe en esos mismos hechos y personajes, sin aspavientos, la belleza está en lo narrado.

Vértebras no es abundante en grandes figuras literarias ni tampoco en grandilocuencia, si pudiéramos compararlo con Canto General, por ejemplo, y guardando las proporciones.

Los detalles, el rescate del habla popular (dichos y palabras) y el juego en cómo se dice lo que se desea expresar, la búsqueda de un ritmo, y de cierta destreza técnica es también lo que alimenta esta poesía: «Chita y cuarta», «sapeo», «cahuín», «Waynaricunatak y puneña», «Qhispi Kay», «tatatata yayayaya», «chibolo», «de nicho en nicho / de noche en noche», «de tumbo en tumbo / de tumba en tumba».

El lenguaje traza su glosario a la hora de hablar, y las palabras son las propias, las nuestras, asunto que se va desarrollando de forma muy consciente. Muchos de los títulos de los poemas van organizando el itinerario: Cachavacha, Canto a la Puna, El país de todas las sangres, Nomadías, United Fruit Compañy, Jonrón sonbre el relámpago, textos en los que siguen apareciendo nombres de personas, ciudades, avenidas, paisajes, como llevándonos de la mano y presentándonos todo el mundo de estos versos.

A veces con el uso de diminutivos que nutren de ternura algunas escenas que son también crudas. «Ojitos» se repite en varios poemas, y claro, en Chilito la vimos con el episodio de los ojos, como el caso Gatica / Crespo, y la absurda resolución de la corte.

La poesía de Arce Garín va abordando temas de injusticias como la que presenciamos, y todo con causa de conocimiento y estudios, de tiempo dedicado a investigar seriamente, desde la izquierda, éticamente: ese tipo de poemas políticos encontramos en el libro.

 

Eso que se deteriora en una discopatía

Nombro en el título de esta presentación la palabra discopatía con el afán de establecer la metáfora que leí en el artículo escrito por Sergio Rodríguez Saavedra, «Lumbar sudamericano: Acercamiento a los dolores de Vértebras de Marcelo Arce Garín», donde dice que:

«Efectivamente la Cordillera de los Andes es una columna vertebral del continente (ya lo enunciamos, son hechos y países de Sudamérica), por eso, aunque el lenguaje sabe a localismos, a una intención clara de anclarse a ese momento y lugar, también las condiciones de aquel agravio van uniendo estas formas del abuso retratadas en toda su crudeza».

Y a mí me gustaría agregar que en los países de América del Sur estamos padeciendo una enfermedad a la columna, no en la cordillera misma, que de alguna forma se irá deformando, sino que en esos espacios virtuales entre vértebra y vértebra, eso que se deteriora en una discopatía, es el espacio que han estado usando las extremas derechas para llegar a gobernarnos, ese desgaste entre disco y disco es el que hay que ajustar, y creo que en cierta medida este libro se hace cargo.

Siendo este el quinto o sexto texto que se escribe sobre Vértebras, ya no quedan muchas cosas novedosas que decir acerca de este impecable y conmovedor libro. Repetiré y citaré algunas ideas que me dieron claridad para escribir esta presentación.

Desde la portada en que vemos el arte fotográfico de Elías Adasme, artista visual chileno que en medio de la dictadura fue capaz de llamar la atención, a través de sus performances e instalaciones, sobre lo que se vivía en el país en ese momento.

La imagen en la portada nos muestra a un delgado Adasme colgando cabeza abajo, al lado del mapa de Chile. La metáfora corporal del país volteado por completo, donde todo el orden ha sido invertido. Permítanme extenderme sobre este punto: la acción de Adasme data de 1979, momento en que la dictadura seguía activamente con las violaciones a los derechos humanos, en todos los ámbitos de la vida cotidiana, como señala Cristián Gómez Olivares.

Desde el trabajo del exterior del libro ya se organiza un discurso que veremos entrelazarse con los poemas. Señalar también el hecho de que Adasme tiene otra foto parecida en que está colgado del letrero del metro de la estación Salvador, foto que también podría haber sido la portada, pero que era una referencia un poco más local que la foto escogida, donde aparece el mapa de América del Sur, el patio trasero de Norteamérica.

Existe un cuarteto de versos que se van repitiendo como un mantra cada tanto, a modo de separar capítulos: «fricción / como el autito rojo de la infancia / el matute punza brígido / arde el borde en la frontera».

Y como bien señala Sergio Rodríguez Saavedra: «Como sea el plano, guía o vértebra y, como dice el autor, esto se cruza en un autito rojo que funciona a fricción. Cuando giran las ruedas estas generan energía que libera cuando se sueltan y solo se detiene agotada por el roce del suelo», creo que sirven para materializar el espíritu de fricción que habita en este libro.

En la relación que guarda este estreno de Marcelo Arce Garín con sus libros anteriores hay una coherencia en el talante y los temas pero como dice Patricia Espinosa: «Marcelo Arce ha dado un giro importante en su escritura. Desde el barrio, la población, San Bernardo, su poemario transita hacia una Latinoamérica andina habitada por minorías: obreros, campesinos, indígenas, niños barriales. Un conjunto de sujetos marginados y violentados a través de más de un siglo», como si su jonrón lo llevara a una liga más grande.

También me parece muy interesante la idea que propone Espinosa acerca de que: «El latinoamericanismo que opera como eje textual de este poemario, implica una ruptura de los márgenes territoriales que imponen fronteras y con ello una apertura hacia un paisaje común donde se reúne el acá con el allá. Recuperando una memoria del subalterno, que nos impele a una toma de consciencia política».

Para ir cerrando el boliche, me gustaría decir que ojalá este libro opere como un aparato ortopédico para la discopatía que estamos sufriendo, que aporte su grano de arena en los lectores, a ver si vamos despertando de una buena vez. Celebro la publicación de estos poemas y me quedo con la sensación de que no todo está tan perdido.

 

 

 

 

 

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Daniel Tapia Torres (Santiago, 1980), es escritor y cineasta. Realizó sus estudios en la Universidad de Chile y la Universidad de Valparaíso. Diplomado en Escritura Creativa por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Participó en el Taller de Poesía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U. de Chile y en el Taller de La Sebastiana.

Es facilitador del Taller de Lectura y Escritura Creativa en la Unidad de Mediana Estadía (UME) del Hospital Siquiátrico Del Salvador, donde fue coeditor de la Revista de Umenidades que difundió el material producido en el taller.

Como cineasta realizó el documental Nunca terminamos de nacer: sólo cambia la cáscara de la semilla, acerca la obra de Lorenzo Aillapán, el hombre-pájaro-mapuche.

Ha publicado los libros Ki (Ediciones Perro de Puerto, 2009), La contru de mi alma (Hebra Editorial, 2014), Somnívoro (Fantasma Editores, 2018) y Pequeño odioso (Ediciones Altazor, 2023).

 

«Vértebras», de Marcelo Arce Garín (Editorial Cuarto Propio, 2025)

 

 

 

 

Daniel Tapia Torres

 

 

Imagen destacada: Marcelo Arce Garín (por Álvaro Hoppe).