“Calzones rotos”: Un filme sobre la tradición patriarcal y los tabúes femeninos

El largometraje de ficción debido al realizador de origen italiano Arnaldo Valsecchi (todavía en cartelera) es un drama audiovisual que relata con la pluma grotesca e intimista del escritor Jaime Hagel (autor de la novela homónima y que inspira al guión) los oscuros pero tradicionales secretos de una familia lustrosa y hacendada del Chile de mediados del siglo XX.

Por Jessenia Chamorro Salas

Publicado el 8.1.2019

La película nacional Calzones rotos (2018) del director ítalo-chileno Arnaldo Valsecchi (Bérgamo, 1940), recientemente estrenada en el circuito local, y basada en la novela homónima publicada en 2002 del escritor Jaime Hagel (el guión, en tanto, es de la autoría de Valeria Vargas y el realizador), retrata la honda intimidad de la familia chilena de mediados del siglo pasado, marcada por secretos familiares, abusos y vicios heteropatriarcales.

No es azaroso el título de la novela y la cinta, pues “calzones rotos” contiene dos vertientes semánticas profundamente significativas, por un lado, hace referencia al tradicional dulce de invierno preparado por las familias chilenas hace siglos, proveniente de la época colonial, y que ha engalanado las mesas con su calidez y dulzor. Por otro lado, el título refiere semánticamente a la prenda interior femenina conocida coloquialmente como “calzón”, y cobra sentido en el fin debido principalmente a los abusos y violaciones hacia los personajes femeninos retratados en el filme, y en menor medida a la sexualidad femenina desinhibida pero tabú, que se muestra en la película. Así, el título Calzones rotos, enfatiza una doble tradición chilena, la gastronómica del postre invernal y la del abuso patriarcal y machista.

A través de un relato dinámico de época con tintes polifónicos que han sido llamados por la crítica “corales”, y enmarcada dentro del género que podría considerarse comedia negra, Calzones rotos es un drama chileno que relata con la pluma grotesca e intimista de Hagel, los oscuros pero tradicionales secretos de una familia lustrosa y hacendada en donde Matilde, la matriarca, encarnada por Catalina Guerra en su juventud, y por Gloria Münchmeyer en su vejez, confiesa al sacerdote del pueblo, en la última parte de su vida, haber asesinado a su marido Alfonso en su juventud. La razón, haberla contagiado de una serie de enfermedades de transmisión sexual, entre ellas sífilis. Hecho que la llena de rabia y resentimiento, obligándola a enfrentarse a su marido, quien no niega el contagio al que fue expuesto por una de las prostitutas del burdel que visitaba, Marjorie, un personaje pequeño pero relevante en la historia, ya que vincula la tradición de los burdeles y prostíbulos con la masculinidad chilena, hecho ampliamente tratado en la literatura y en el cine nacional, en emblemáticas obras tales como Casa de remolienda y Juana Lucero, entre tantas otras que hacen referencia a esa tradición masculina oculta pero vox populi de que los hombres inician su vida sexual con prostitutas y que las frecuentan incluso estando casados, situación ante la cual las mujeres poco o nada podían decir o reclamar, pese a la evidente humillación del acto y los peligros ante los cuales estaban expuestas debido a aquello, tal como Matilde lo estuvo y por lo cual fue contagiada y enfrentó a su marido: como resultado del reclamo, es violada por éste y maltratada.

Pero Matilde es una mujer fuerte y valiente y no se dejará amedrentar por un hombre que ni la ama ni la valora ni la respeta, por esto, decide matarlo y tras hacerlo, guarda el cuerpo en una bodega fuera de la casa, cuarto que simboliza los ominosos secretos de la familia, pues allí también las hijas de Matilde guardan el cadáver del forastero que las quiso engañar y las llamó putas e hijas de puta, hecho por lo cual ellas se vengan y matan de un golpe en la cabeza al hombre. Bodega en donde también, siendo adolescentes Leonor y Juanito, primos lejanos y enamorados, descubren un cadáver, sobre el cual no vuelven a hablar en la vida.

Dentro de los temas que aborda el filme, se halla el tema de la orfandad, clásico también en la literatura y el cine chileno, pues Leonor, quien se sabe hija adoptiva de Maltilde, es en realidad hija de Piedad, la menor de las tres hermanas que tiene un bebé cuando apenas es una adolescente, y a quien crían como una huérfana las mujeres ocultando el vínculo consanguíneo. Situación sumamente habitual en las familias chilenas hasta hace pocas décadas, en que las madres o padres en conjunto criaban como hijos o huérfanos adoptivos a sus propios nietos, por el común comidillo de la sociedad, que lapidaba a las mujeres jóvenes que son madres solteras. Esta historia posee un carácter cíclico dentro del filme, pues Piedad a su vez, no es hija de Alfonso, el marido de Matilde, sino de Heriberto, su primo, con quien tuvo un romance clandestino que lo llevó a éste al suicidio.

Calzones rotos es una pieza cinematográfica que aborda, además de los mencionados temas, el tabú de la sexualidad femenina, a través de la historia de la gringa que se concibe como un ser deseante y sexualizado, situación incomprensible para su esposo, quien cree que las mujeres “nunca tienen ganas de sexo” y que “hay que rogarles”; así como también en las masturbaciones de Piedad, quien autodescubre su sexualidad, hecho que es visto por las tres hermanas como necesidad biológica impostergable de las mujeres, y que de no autosatisfacerse, serán histéricas y amargadas; y por último, el impulso sexual lésbico, como resultado de la represión femenina y el autoritarismo masculino que coarta el líbido femenino.

De esta manera, Calzones rotos, a través de una estética de época bien lograda, una musicalización que rememora tiempos pasados, y las notables actuaciones de connotados actores y figuras que poco a poco se van consolidando en la escena nacional; se concibe como un filme que retrata con ácido humor y tintes policiales, un cuadro representativo de la sociedad chilena, de la herencia y de las tradiciones tanto gastronómicas como sexuales y normativas, que han roto y desgarrado la intimidad y el cuerpo femenino, tal como le ocurrió a la joven prostituta Marjorie, asesinada por Alfonso, pero con una posibilidad de rebeldía y de revancha, aun a costa de su propia soledad, en el caso de Matilde y sus hijas, mujeres desenfadadas que han buscado validar su espacio en el mundo, incluso a costa de sí mismas.

 

Jessenia Chamorro Salas es licenciada en lengua y literatura hispánica de la Universidad de Chile, profesora de lenguaje y comunicación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, magíster en literatura latinoamericana de la Universidad de Santiago de Chile, y doctora (c) en literatura de la Universidad de Chile.

 

 

La actriz Catalina Guerra (Matilde) en un fotograma de “Calzones rotos” (2018)

 

 

 

 

Tráiler: