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[Crítica] «Irredentos»: Ante el asedio implacable

El lector se quedará pensando para qué sirvió esta lucha, no obstante la intensidad de lo narrado por el académico y político mexicano Carlos Imaz Gispert, se encargará de enrostrarnos que se trata de experiencias vividas a una profundidad que no cualquiera podría soportar, de personas que consumieron (en escasos años) la energía vital que se confía a un ser humano para toda su existencia.

Por Aníbal Ricci Anduaga

Publicado el 28.2.2024

No es historia; es memoria: «Nuestra memoria no es más que una imagen de la realidad», sentenció Jorge Luis Borges).

Lo que hace, entonces, Carlos Imaz Gispert (Ciudad de México, 1958) es invocar la voz de un guerrillero uruguayo, y narrar sus acciones armadas tanto en la Banda Oriental como en la posterior «diáspora irredenta» por Nicaragua, El Salvador y por latitudes caribeñas (Venezuela, principalmente) con el objeto, en estas últimas, de realizar «expropiaciones internacionalistas» (atracos a bancos) para recaudar fondos y financiar armas destinadas a las luchas guerrilleras centroamericanas.

Es la historia de muchos combatientes que tuvieron que huir de América del Sur ante el asedio implacable (tortura y muerte) de las policías dictatoriales durante la década del 70.

Aquellos activistas abrazaron la vía armada para hacer frente a la injusticia y la opresión perpetrada por los dueños del dinero. Algunos de los que sobrevivieron al terrorismo de Estado (en sus países de origen) continuaron su lucha en otras latitudes, uniéndose a la guerrilla contra las fuerzas gubernamentales respaldadas financiera y militarmente por los Estados Unidos.

Irredentos es un libro complejo, deja una sensación de derrota a pesar de los episodios extraordinarios que narra (en desorden cronológico) y a la vehemencia de sus protagonistas.

Algunos morirán en batalla, víctimas de una mina antipersonal instalada por sus propios compañeros, o ante fuego enemigo en el mejor de los casos. La cercanía ante la inminente muerte hace que el corazón de estos guerrilleros se acelere, tomando decisiones muchas veces desafortunadas, pero seguros de compartir una causa importante y de haber forjado lazos de por vida con sus compañeros de armas.

En estas páginas encontraremos traiciones, torturas y asesinatos de civiles al interior de la selva. Es un valioso testimonio, en gran medida un homenaje a quienes dieron la vida en esa lucha, pero también la historia (memoria) de un sobreviviente, su punto de vista y las pellejerías sufridas tanto en las cloacas de Montevideo como en los ataques ante fuerzas militares altamente entrenadas.

 

La minuciosidad de una memoria

El relato es subjetivo, nadie como el protagonista de los hechos para narrarnos el terror a ser comido por las ratas (aprendiendo su lenguaje) cuando las cloacas eran inundadas por las lluvias y quedaban incomunicados por días y semanas.

Así, el texto ofrece un punto de vista valiente, pero sin ánimos de gloria (su nombre es omitido del relato). Expone sus miserias y aciertos, haciendo un distingo entre los verdaderos combatientes y aquellos que se ufanaron de historias dudosas, apropiándose de los laureles y futuros cargos políticos.

Este militante uruguayo desnuda la derrota ante fuerzas inmensamente superiores, pero derrota al fin, al punto de terminar (los sobrevivientes) replegándose cuando el escenario se hizo insostenible.

Al mismo tiempo nuestro interlocutor es tremendamente culto e intercala su accionar con abundantes pasajes de literatura. César Vallejo, Atahualpa Yupanqui, Nietzsche, Octavio Paz, Silvio Rodríguez, Borges y muchos otros nos acompañan durante el relato, incluso recurre a citas cinematográficas.

Destaca la minuciosidad de su memoria para relatarnos hechos, con lujo de detalles, que pueden haber sido experimentados en apenas unos minutos al fragor de una batalla.

No sólo hay inteligencia, también momentos emotivos ante la sorpresiva muerte, incluso el humor muestra la sabiduría de este personaje entrañable.

El lector se quedará pensando para qué sirvió esta lucha, pero la intensidad de lo narrado se encargará de enrostrarnos que se trata de experiencias vividas a una intensidad que no cualquiera podría soportar, de personas que consumieron (en escasos años) la energía vital que se confía a un ser humano para toda su existencia.

 

 

 

 

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Aníbal Ricci Anduaga (Santiago, 1968) es un ingeniero comercial titulado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, con estudios formales de estética del cine cursados en la misma casa de estudios (bajo la tutela del profesor Luis Cecereu Lagos), y también es magíster en gestión cultural de la Universidad ARCIS.

Como escritor ha publicado con gran éxito de crítica y de lectores las novelas Fear (Mosquito Editores, 2007), Tan lejos. Tan cerca (Simplemente Editores, 2011), El rincón más lejano (Simplemente Editores, 2013), El pasado nunca termina de ocurrir (Mosquito Editores, 2016) y las nouvelles Siempre me roban el reloj (Mosquito Editores, 2014) y El martirio de los días y las noches (Editorial Escritores.cl, 2015).

Además, ha lanzado los volúmenes de cuentos Sin besos en la boca (Mosquito Editores, 2008), los relatos y ensayos de Meditaciones de los jueves (Renkü Editores, 2013) y los textos cinematográficos de Reflexiones de la imagen (Editorial Escritores.cl, 2014).

Sus últimos libros puestos en circulación son las novelas Voces en mi cabeza (Editorial Vicio Impune, 2020), Miedo (Zuramérica Ediciones, 2021), Pensamiento delirante (Editorial Vicio Impune, 2023) y la recopilación de críticas audiovisuales Hablemos de cine (Ediciones Liz, 2023).

 

«Irredentos. Viaje en la memoria de un protagonista», de Carlos Imaz Gispert (Editorial Nuestra América, 2010)

 

 

 

Aníbal Ricci Anduaga

 

 

Imagen destacada: Carlos Imaz Gispert.

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