A modo de multiplicar la voz de la libertad, la justicia, la decisión, la dignidad (curiosamente todos estos sustantivos que encontramos caminan en el libro del poeta chileno Gustavo Gac-Artigas llevan un «la» de mujer), porque la edición que publica Hebel de este texto viene acompañada de una traducción al francés y de una versión en inglés, seguramente en un alzar a esas olvidadas y que sus nombres sean pronunciadas en más lenguas.
Por Josefina Aguilar
Publicado el 3.1.2026
Un poeta se vuelve, mira atrás, a los silencios en flor, un poeta se vuelve: es Gustavo Gac-Artigas (Chile, 1944), que enlaza sus seis cantos a la herida, a la única herida.
Con todo, una mujer puede ser todas las mujeres, en este caso una mujer son seis mujeres y más, desde la que ya ha sido nombrada, Sor Juana, a la que nunca será nombrada porque el olvido fue desde siempre su nombre ante el mundo.
Así, el poeta, con cada poema, logra, en un único hilo, engarzar sus sombras y sus luces, y que luzcan desde el reconocimiento y la voz alzada. Él las acerca entre sí, las engarza, nos las acerca y nos las engarza. De aquellas cadenas, este collar, donde la poesía hace y logra reconocer y dar voz a aquellas que fueron silenciadas.
De esta manera, con Las cadenas de sor Juana nos encontramos ante un cofre, y al abrirlo, seis piedras preciosas que encuentran su pulido en cada uno de los poemas que nos ofrece Gac-Artigas.
La opresión sobre la piel de la libertad
El primero de los poemas, que da título al libro, nos sitúa ante una Sor Juana total, ante una mujer que nos recuerda el peligro de ser mujer y de elegir serlo y de decidir entrar a lo que le estaba vetado. El poema nos hace amar, más aún, a esa mujer, y nos hace también alertarnos ante esos «amos de la sabiduría» de ayer y de hoy.
La posición del poeta es firme, nos hace amar la libertad y no renunciar, aún ante los extorsionadores. El poema es dulce y frío a un tiempo. Dulzura en sostener el amor de y hacia Sor Juana y frío ante esos que: «quisieron oponer su sabiduría/a la ignorancia de los representantes de su dios».
Así, leemos el poema acompañados del sonido que hace una cadena, parece oírse ese roce de la opresión sobre la piel de la libertad, y en cada estrofa caminamos un valle y sus colinas pues el poema nos muestra esos dos mundos: el de la Santa y el de los opresores.
En el poema titulado «Flora» entramos a la pronunciación de la justicia. Flora, la mujer «montada en un caracol alado» habla en primera persona, y nos interroga, nos remite a esos «tiempos en que las firmas valían más que el amor» y nos muestra su combate, su lucha en pro de la mujer, ante, en esta ocasión, un amo social.
Gac-Artigas engarza la piedra de la libertad junto a la piedra de la justicia y va construyéndose en nuestra lectura un libro collar de gallardía.
El poema «Flora» intensifica la verdad de este libro, es esta voz femenina una voz apasionada, sin freno, que señala la hipocresía social y en ello el poeta deja hacer su traza poética con matices y colores propios de un país y sus circunstancias históricas, nos trasmite el cierre de aquel grillete para que sea ella, Flora, la que lo abra y el poema cumpla su destino de dar voz a quien fue silenciada.
Luego, el tercer poema, «La Pola», nos lleva a las entrañas de un país, «para protegerme/ en un barrio de invasión/ en el sur de Bogotá/ allá donde las calles no tienen número/ pero tienen alma».
Aquí, la verdad, quién cuenta el relato del tiempo, vencedores, vencidos, cómo se construye la historia, la historia de quién, la historia que hay que llevar adonde vayas, la que hay que reconstruir para que los olvidados no figuren en ella.
De esta forma, el poema pasa las fronteras despojándose de las mentiras y conduciéndonos a una historia personal de sudor y hambre donde una vez más los libros como maestros arraigan el acontecer de una voz que se hace universal en los versos.
Para protegerme de ti
Avanzamos para encontrarnos con la defensa de los sueños. El poema titulado «Mutilación» nos muestra a la niña, todas las niñas, a la mujer, todas las mujeres, esa que sueña y juega y en su soñar y jugar encuentra un abrigo ante el mundo.
El cuerpo como alma del poema es el centro de «Mutilación», cerrando el verso con un «sin preguntarle», rotundo y claro, que marca y señala ahí donde la inocencia es arrancada.
Después, en «Testimonios de amor» es la voz de la mujer sin amo la que se alza, mujer sin nombre y sin ataduras, sin sometimiento. En un crear poético singular, donde el poeta establece un diálogo, que nos conduce hacia la proclamación de independencia de quien nunca fue propiedad de otro.
Como decimos, es singular el poema en construcción y en cualidad, su enfoque centrado en «la protección» lo hace singular. ¿Qué es lo que protege a una mujer? ¿Las leyes y límites de otro o la propia decisión y libertad de decir ante ese otro?
En «Testimonio de amor» encontramos esa respuesta. La vuelta de tuerca con la que Gac-Artigas resuelve el poema es ingenio y gracia, es la pronunciación de una absoluta libertad, es decir: nunca te pertenecí: «erigí un muro a mi alrededor/ para protegerme de ti».
No hay lugar para la sumisión y, más que nunca, podemos decir que la mujer tiene la última palabra, la palabra liberadora de anteriores opresiones.
Como cierre a este collar, nos encontramos a las muchas, a las siempre, a las que el poeta llama «Las olvidadas».
Estremecedores los versos donde el poeta tiembla con ellas: «temblando de frío/ temblando de soledad/ temblando de dignidad/ su mirada mirando sin mirar».
Sin ir más lejos, en esos versos vemos el retrato de esas muchas, un rostro que mira sin mirar y apela a eso que se sostiene ante todo y el mundo. Dignidad es esta voz de aquellas y estas muchas con las que el poeta da cierre a esta joya.
Pero el libro sigue, a modo de multiplicar la voz de la libertad, la justicia, la decisión, la dignidad (curiosamente todos estos sustantivos que encontramos caminan en el libro llevan un «la» de mujer), porque la edición que publica Hebel de Las cadenas de Sor Juana viene acompañada de una traducción al francés y una traducción al inglés.
Esto último, seguramente en un alzar a esas olvidadas y que sean pronunciadas en más lenguas, en más almas, en más recuperar aquellos gritos que hoy, gracias a la labor honesta, bella y comprometida de Gustavo Gac-Artigas, se hace canto para nunca cesar de decir sus nombres, los que fueron y los que se sumergieron.
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Josefina Aguilar Recuenco (Almería, 1971) es profesora de fotografía en el Instituto de Enseñanza Secundaria, Andalucía.
Ha publicado los libros La eternidad menguante, VII Premio Internacional de Poesía Juan Rejano-Puente Genil (Pre-Textos, 2025), Leonora dentro, XLII Premio Leonor de Poesía, (Diputación de Soria, colección Leonor, 2024), Aubade (Huerga y Fierro, colección Rayo azul, 2023), Papá, Hiroshima no me deja dormir (RIL, 2022), Agni Inga Gani (Ars Poetica, 2018) y Overbooking en el paraíso (Ultramarina, 2016).

«Las cadenas de sor Juana», de Gustavo Gac-Artigas (Hebel Ediciones, 2025)

Josefina Aguilar
Imagen destacada: Hebel Ediciones.
