Como en «Sick of Myself» (2022) y «Dream Scenario» (2023), el realizador noruego Kristoffer Borgli vuelve a explorar zonas oscuras de la experiencia humana como la vergüenza, la incomodidad moral, la fragilidad del yo, desde una mezcla de ironía y malestar. Sin embargo, en este filme desplaza esa indagatoria hacia la desintegración de una percepción afectiva.
Por Camila Gordillo Varas
Publicado el 16.4.2026
The Drama (El drama, 2026), dirigida por Kristoffer Borgli (1985) y producida por A24, está protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya. La película, estrenada en salas chilenas el jueves 16 de abril, continúa la exploración del director noruego en torno a las zonas incómodas de la experiencia contemporánea, esta vez desplazando su atención hacia la fragilidad del amor y la construcción narrativa del yo.
Más que la violencia consumada, lo que interesa al filme es cómo una confesión puede volver insoportable la imagen que se tenía de alguien. En lugar de preguntarse por la gravedad objetiva de un acto, el largometraje explora la forma en la cual una revelación altera retrospectivamente la percepción del otro y desestabiliza el relato que sostenía una relación amorosa.
En ese sentido, más que un secreto perturbador, The Drama pone en escena la fragilidad de una identidad cuando ya no puede sostenerse dentro de un relato moralmente conciliador.
El acto y su relato
La premisa es sencilla y cruel. Emma y Charlie están a pocos días de casarse cuando, durante una cena con amigos, un juego de confesiones sobre «lo peor» que cada uno ha hecho transforma una reunión amistosa en una escena de incomodidad creciente.
Así, las historias que circulan están atravesadas por la violencia, pero permanecen contenidas dentro de un marco narrativo que las vuelve comprensibles: hay atenuantes, excusas, interpretaciones retrospectivas.
La violencia aparece absorbida por el relato. Cuando llega el turno de Emma, sin embargo, algo cambia. Ella cuenta que, siendo adolescente, deprimida y víctima de bullying, llegó a planificar un tiroteo escolar.
Con todo, lo decisivo no es sólo lo que revela, sino cómo lo revela: Emma sitúa ese impulso en un contexto reconocible, pero ese marco no alcanza a volver moralmente legible su confesión, y eso es lo que la vuelve intolerable.
Lo más inquietante es que su acto nunca llegó a consumarse. No mató a nadie, no disparó en la escuela, no ejecutó el crimen que imaginó. Su violencia permaneció en el plano de la planificación, y su única consecuencia material recayó sobre su propio cuerpo.
Sin embargo, es ella quien termina convertida en la figura más monstruosa de la mesa. Más que en la magnitud del daño, la diferencia radica en la imposibilidad de integrar ese impulso a una narración tranquilizadora.
Mientras los otros domestican retrospectivamente su violencia mediante el lenguaje, Emma la expone sin mediación, sin relato que permita reconciliarla con la imagen previa que los demás tenían de ella.
La fisura del vínculo
Borgli construye esa incomodidad no sólo a través del diálogo, además la trabaja desde la forma cinematográfica.
La película trabaja con una estructura en la que se cruzan tres niveles: el presente de la relación, el pasado narrado por Emma y la reconstrucción imaginaria que Charlie hace de ese pasado una vez que la confesión altera su percepción.
Esta superposición convierte la memoria en un espacio inestable, atravesado por la sospecha. Cada escena previa, cada gesto, cada momento íntimo comienza a ser releído bajo una nueva lógica interpretativa.
Charlie ocupa, en ese sentido, un lugar central, no sólo como prometido herido, sino como operador de esa relectura retrospectiva. Tras la confesión, deja de intentar comprender a Emma y empieza a buscar, desesperadamente, un marco narrativo que vuelva a hacerla soportable.
Su insistencia en encontrar causas o justificaciones responde menos a una inquietud moral que a la necesidad de recuperar una imagen coherente del otro. Sin embargo, esa operación fracasa: desde ese momento, toda la relación queda reescrita bajo el lente de una violencia que ahora imagina como esencial.
De esta manera, el filme muestra cómo una revelación, además de alterar el presente, reorganiza el pasado. Lo que cambia no es únicamente lo que Charlie sabe: cambia también el régimen mismo bajo el cual interpreta lo vivido.
The Drama sugiere que nunca accedemos del todo a una persona; accedemos, más bien, a una versión narrada de ella, a una forma de coherencia retrospectiva que vuelve inteligible su identidad. Cuando esa coherencia se quiebra, no se destruye solamente la confianza: se vuelve ilegible el vínculo completo.
En ese sentido, el largometraje propone una idea particularmente incómoda sobre el amor, puesto que amar a alguien sería también amar la narración que hacemos de esa persona. La confesión de Emma no destruye sólo una relación, sino la posibilidad misma de sostener esa imagen.
Como en Sick of Myself (2022) y Dream Scenario (2023), Borgli vuelve a explorar zonas oscuras de la experiencia humana como la vergüenza, la incomodidad moral, la fragilidad del yo, desde una mezcla de ironía y malestar. Sin embargo, en esta película desplaza esa exploración hacia la desintegración de una percepción amorosa.
A partir de una premisa mínima, el guion, ágil y tenso, despliega una serie de implicancias filosóficas, mientras las actuaciones de Robert Pattinson y Zendaya sostienen con precisión el desplazamiento entre intimidad, sospecha y fractura.
En The Drama, Borgli vuelve a trabajar con personajes enfrentados a una imagen de sí mismos o de los otros que se vuelve insostenible. No obstante, allí donde sus películas anteriores exploraban la envidia y la exposición, aquí el problema se desplaza hacia la relación entre amor, relato e identidad.
Por último, en este filme lo verdaderamente perturbador es la imposibilidad de reconciliar a una persona con la historia que cuenta —o no logra contar— sobre sí misma. Es en la fisura entre acto, relato e interpretación donde The Drama encuentra su fuerza más inquietante.
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Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.
Tráiler:
Camila Gordillo Varas
Imagen destacada: The Drama (2026).

