[Crónica] La base de la supervivencia

Leí el libro «Cristianismo en acción», del psicólogo clínico Luis Cruz Villalobos, y ahora leo su texto «Los verbos del amor». Me está convenciendo en algo: establecer la prioridad, seguir la secuencia. Veremos cómo se nos da esta partida. Por cierto, espero ganar.

Por Víctor Ilich

Publicado el 29.12.2025

En ajedrez las secuencias son absolutamente importantes. El orden es vital. Dicho de otra forma, una sucesión ordenada de elementos vinculados entre sí hacia un propósito específico es la clave para obtener el resultado esperado: ganar. Suena fácil, casi evidente, pero no lo es.

No es posible que ande la carreta correctamente si va delante de los bueyes. Podrán empujarla, pero no será lo óptimo.

Establecer prioridades, entonces, es la clave del resultado deseado. Para comprender y desentrañar esto de mejor forma he leído un par de libros de ajedrez: uno al menos vinculado indirectamente con el juego propiamente tal y el otro netamente de ajedrez.

Luego de leer Cómo la vida imita al ajedrez, pensé necesito el orden: conocer o estar consciente de ciertas secuencias. Es vital, prácticamente la base de la supervivencia. Confieso que es paradójico que un libro escrito por un gran maestro de la disciplina como Garry Kasparov pueda contener una imprecisión tan grande en su título: debe haber sido culpa del marketing.

Es que la vida no imita al ajedrez. El ajedrez imita a la vida. No al revés. Nos gustaría que la vida siguiera una secuencia lógica, ordenada hacia los fines que nos proponemos, pero solo hacemos los mejores movimientos que podemos y que conocemos y constantemente tropezamos con nuestras imprecisiones o errores garrafales, como cuando tropezamos con la misma piedra: en un loop casi perpetuo.

Que algunos traten de entender la vida como un juego de ajedrez es otra cosa. Una metáfora imprecisa e imperfecta que se acerca a la realidad, pero que no logra abarcarla: las limitaciones de las metáforas son inevitables e incurables.

Somos seres imprecisos. Llenos de opacidad, en busca de claridad. Al menos cuando se es consciente de esa opacidad y siempre que no se ame la oscuridad. Hasta en nuestro lenguaje se evidencia, por ello es necesario acortar las brechas comunicacionales para darnos a entender adecuadamente: que el sí sea sí y que el no sea no.

Es cierto que a algunos les gustaría vivir la vida sin cometer errores o cometer los menos posibles: pero en el arte de los errores asumir riesgos es fundamental. No se puede jugar una partida clásica asistido por Stockfish (un motor de ajedrez para análisis de partidas).

Aprender de los errores requiere tiempo y detenerse a reflexionar: es decir, también hay que poner las cosas en orden.

 

Mejorar es como nacer de nuevo

Ahora, la vida tiene ciertas reglas básicas o máximas de la experiencia que nos permiten movernos con cierta seguridad, sabiendo que si seguimos ciertas secuencias lógicas el resultado está garantizado, en principio y en abstracto: sea un resultado positivo o negativo. Es decir, lo que sembramos es lo que cosechamos.

Recapitulemos entonces: 1. La vida no imita al ajedrez. 2. El orden es la clave del propósito. 3. Solo hay orden real cuando se establece la prioridad.

Y si la prioridad es lo que precede a algo o de lo que depende ese algo, saber anteponer o saber cómo comenzar una cosa para obtener un fin suena prudente y necesario para evitar la frustración, o afrontrarla de mejor forma.

En definitiva, siendo optimista, en el mejor de los casos la vida de alguno podrá imitar al ajedrez, pero es insuficiente entenderla así. Es que el objetivo final de la vida no pareciera que fuese siempre ganar: me inclino por servir. Que es una forma práctica de amar. Quizá o incluso ayudando a otros… a ganar.

Y con ganar tampoco me refiero a torcer las reglas para ganar a como dé lugar. Pensemos en esto, acumular triunfos cualesquiera que sean estos para finalmente morir parece un despropósito. Es cierto que necesitamos alcanzar logros en la vida, proponernos metas para mantenernos motivados, pero esta reflexión no apunta a lo temporal, sino a lo imperecedero.

El propósito supremo, final o prioritario. Nada de tablas o empates. Busco un rotundo jaque mate. El jaque mate de la vida: nuestra vida. Esa búsqueda es el mejor movimiento posible, como dirían los que ven a GothamChess: ¡The Rook! Es el sacrificio de buscar lo eterno, por sobre lo temporal.

¿Dónde está lo absoluto?, preguntará alguien que está despierto. Eso es tema de otra partida. Y no pretendo resolver por ti el puzzle de la vida. Solo busco despertar esa curiosidad por mejorar en lo que sea: hoy es el ajedrez, mañana podría ser mejorar como hijo, papá, esposo, amigo, hermano, trabajador en alguna organización, mejorar es como nacer de nuevo, pero ojalá que esta vez sea con algún manual.

El libro Fischer enseña ajedrez no es un manual teórico, no es como leer Mi sistema, de Nimzovich. Lejos está de eso, es un programa de ajedrez, centrado en la práctica y en el desarrollo de ciertas habilidades. Y qué mejor habilidad que aquella que nos permita distinguir en medio de la vorágine de la vida o del ajedrez: ¡esta es la prioridad!

Leí el libro Cristianismo en acción, del psicólogo clínico Luis Cruz Villalobos, y ahora leo su libro Los verbos del amor. Me está convenciendo en algo: establecer la prioridad, seguir la secuencia.

Veremos cómo se nos da esta partida. Por cierto, espero ganar. Luis lo sabe, así soy: debe ser por la soberbia de mi nombre, aunque entiendo que victorioso hay uno solo.

 

 

 

 

 

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Víctor Ilich nació en Santiago de Chile en 1978. Egresado del Instituto Nacional General José Miguel Carrera y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae, además de ejercer como abogado y juez de garantía en la Región de O’Higgins es autor de más de una docena de elogiadas obras literarias, entre ellas: El silencio de los jueces y La letra mata.

 

 

«Los verbos del amor», de Luis Cruz-Villalobos (Independently Spirit, 2025)

 

 

 

«Cristianismo en acción» (2025)

 

 

 

Víctor Ilich

 

 

Imagen destacada: Víctor Ilich y uno de sus hijos.