[Crónica] Libertad, censura y Estado

Me parece que es menos grave financiar con recursos públicos un festival de cine o arte pornográfico, que mantener con dineros fiscales estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 19.2.2026

Se desató hace unas semanas una discusión áspera en relación con el proyecto de un festival de cine pornográfico que obtuvo un aporte del Estado a través de los fondos concursables de cultura.

La ministra señora Arredondo dijo categóricamente a quienes centraban su crítica en una visión ideológica del gobierno, que en la decisión de asignar fondos a determinados proyectos las autoridades políticas no tenían ninguna intervención.

Con eso hubiese bastado, pero sabemos que no es así, porque hay quienes insisten en culpar al gobierno de lo que es responsable y de lo que no es responsable.

He sido muchas veces jurado en el área de la literatura, bajo gobiernos de distinto signo. Lo fui recién, una vez más, no siendo parte de los grupos políticos que apoyan a Boric. Nunca, de parte de ninguna autoridad y de ningún funcionario, he recibido otra instrucción que las pautas y normas que están escritas y pueden ser conocidas por todos.

No hay visión ideológica ni instrucciones de censurar nada. Por el contrario, se nos pide que abramos nuestras miradas para ir más allá de nuestras propias maneras de pensar, poniendo énfasis en los factores más objetivos posibles para definir el puntaje que pondremos a cada proyecto.

Partiendo de la base que la objetividad absoluta no existe, la ley establece jurados plurales, de modo que las inevitables visiones subjetivas encuentren puntos de concordia en la definición de los puntajes.

A mí no me gusta la pornografía, pero sí el trabajo del erotismo en literatura, en el cine, en la pintura y las demás artes visuales, incluso en la música.

Hay quienes, a partir de las exageraciones habituales de las miradas más restrictivas o censuradoras, confunden el erotismo del arte con la pornografía, en un error garrafal y casi imperdonable.

Pero en este caso el festival que se propuso es propiamente de pornografía. Los que lo critican, ¿conocen el contenido del proyecto? ¿Alguien ha intentado ver de qué exactamente se trata la muestra? ¿Quiénes serán los espectadores de este festival?

¿Qué tipo de pornografía? ¿Con pedófilos, con menores de edad, con expresiones que ofendan a determinadas personas por su raza, su religión o su preferencia sexual?

 

Los derechos de personas que pensaban distinto

Viene la pregunta: ¿tiene derecho el Estado a establecer censuras? Si, lo tiene, cuando ella está fundada en la protección de los derechos de las personas y en el cumplimiento de las leyes. Si acaso lo que se promueve es la comisión de delitos, la libertad de creación puede ser limitada en su ejercicio.

Si acaso el festival pretendiera tener como público a menores de edad o promoviera conductas violatorias de los derechos de las personas, podría cuestionarse. La norma general es que el Estado, salvo los dos casos señalados (promoción de delitos y afectación de los derechos ciudadanos) no tiene derecho a censurar.

Esa es la esencia de la libertad.

¿Quiénes alzan la voz en contra de esto? Curiosamente son aquellos que han usado la palabra libertad en todos sus discursos, en el nombre de sus institutos de estudio, de sus partidos políticos.

Ellos, con su duro reclamo esperaban probablemente que el Estado, a través de las autoridades del gobierno, pudiera intervenir en el trabajo de los jurados para imponer un determinado sesgo ideológico.

Si somos partidarios de la libertad, ello no puede limitarse a ciertas libertades económicas o a elegir la persona con la que alguien se puede casar.

Incluso, digo «ciertas» libertades económicas, porque si el socio es un chino o un persa, el inversionista puede quedar sujeto a restricciones impuestas incluso por autoridades extranjeras. Como ha pasado en Panamá con los puertos administrados por empresas chinas o se quiere hacer en Chile con el tema del cable submarino de comunicaciones.

La libertad en su más amplio sentido sólo puede ser restringida en circunstancias muy específicas. Está claro que a muchos «libertarios» no le gustan las libertades de los que piensan distinto, pero a ninguno de ellos se le escuchó nunca protestar porque el Estado destinara recursos asignados presupuestariamente al «área de gasto social», a la formación de grupos armados que, sin obligación de rendir cuentas detenían (sin tener facultades para ello), torturaban (lo que estaba prohibido incluso en las leyes de la dictadura), dieran muerte a personas e hicieran desaparecer sus cuerpos mediante fórmulas de sepultamientos ilegales.

A mí me parece, aunque ninguna de las dos conductas me gusta, que es menos grave financiar un festival de cine o arte pornográfico, que mantener estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Soy partidario de la libertad de creación, de prensa, de pensamiento, de difusión.

En efecto, si a la cultura, al desarrollo de las artes, al apoyo editorial a los poetas, a la promoción de los artistas nacionales se destinasen fondos equivalentes —no el 10 % como fue desde la dictadura y por muchos años a las Fuerzas Armadas—, sino el 5 % de los fondos recaudados por el cobre chileno, nuestro país viviría otra realidad.

He luchado por la libertad y contra las censuras. Una vez, siendo jurado en un concurso de la Municipalidad de Santiago, quisieron imponerme a los ganadores. Por supuesto no lo acepté y nunca más me llamaron para ser jurado en esa competencia.

Arriesgué mi vida por la libertad y los derechos de personas que pensaban distinto de mí.

Quisiera ver algo parecido en los que usan a destajo la palabra libertad en sus discursos. Sólo como botón de muestra: en Hungría, país al que muchos de estos dirigentes políticos adhieren con singular entusiasmo, no hay ninguna limitación para la pornografía. Claro que allá es peligroso ser un demócrata convencido.

 

 

 

 

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Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.

En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).

Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).

En la actualidad es columnista y redactor estable del Diario Cine y Literatura.

 

Jaime Hales Dib

 

 

Imagen destacada: Carolina Arredondo Marzán.