[Crónica] «Mundos ingrávidos y gentiles»: Una especie de caricaturas vivas

Este segundo crédito en el género novelístico debido al escritor y abogado chileno Pablo Errázuriz Montes, es un excelente material para que un director de cine o de televisión lo convierta en una serie audiovisual que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama, y de humor, en muchos de sus posibles episodios.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 8.1.2026

La frase pertenece al poema de Antonio Machado que se hizo popular en todos los niveles con ese primer éxito de Joan Manuel Serrat el cantante catalán. «Mundos ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón», es decir, que se deshacen con facilidad y perecen.

Pablo Errázuriz Montes (1958) la eligió para titular así su tercera obra literaria, una novela muy entretenida en la cual combina perfectamente ficción y realidad, hasta tal punto que el lector —que desea distinguir una de otra— no podrá.

Confieso que, no siendo experto en internet, intenté investigar sobre nombres y lugares, para irme dando cuenta de que hay temas y nombres que aparecen tal cual y otros no figuran, no porque sean ficción necesariamente, sino porque probablemente no han sido relevantes para los que hacen esas páginas.

Es decir, concluyo que no todo está en internet ni menos aún en la famosa Inteligencia Artificial que, finalmente, se nutre de fuentes muy humanas y, por lo tanto, falibles.

La novela tiene como personaje principal a don Matías Errázuriz (¿será pariente del autor?), un conspicuo integrante de la clase dominante chilena (que algunos llaman pomposamente aristocrática, apelativo que durará mientras no aparezca el verdadero árbol genealógico en las raíces de España), que mira, desde alturas auto levantadas, con cierto desprecio a quienes con un arribismo notorio y sustentados sólo en la riqueza recién adquirida, pretenden considerarse parte de la misma clase social.

En cambio, muestra respeto y afecto, cariño sería más propio, por el personal que trabaja en la casa o en el campo y que sin pretender ser ni mejor ni peor que los otros, demuestra tener una calidad humana de excepción que don Matías y algunos de los suyos, reconocen y agradecen.

 

Con 60 páginas más

La novela se inicia en los finales del siglo XIX, cuando don Matías, siendo un hombre joven y soltero, da sus primeros pasos en la carrera diplomática en la legación más importante de Chile en el exterior: la República Argentina.

Por las páginas transcurren los nombres y apellidos de importantes personajes de la historia de ambos países, en una época que no es fácil para ambos países que discuten en lo externo cuestiones de límites y en lo interno viven las tensiones de un cambio social producto de nuevas clases sociales que intentan emerger y obtener derechos que los ricos no siempre quieren conceder.

Aparecen en el relato los asuntos más íntimos de los personajes, entremezclados con los asuntos políticos, sociales y diplomáticos. Abarca un tiempo que llega hasta 1949 cuando don Matías cuenta a su sobrino recién casado lo que fue su vida desde que empezó a trabajar hasta el momento en que está retirado.

Con pinceladas precisas y agudas va delineando los personajes que, aunque a ratos el autor tiende a caricaturizarlos, en verdad queda en claro que los seres humanos que los inspiran eran efectivamente una especie de caricaturas vivas, con muy poca conciencia de sí mismos, de sus derechos, de sus obligaciones y de sus límites.

Pero el verdadero hilo conductor de la obra, que se va trenzando con todos los acontecimientos del mundo, tiene que ver con las cuestiones más profundas, donde una estela de dolor va quedando establecida y cuya naturaleza, pese a que se insinúa, no se revela hasta las últimas páginas en que, como sucede siempre, todo se acelera.

Esta obra es un excelente material para que un director de cine o televisión la convierta en una serie que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama. Y de humor en ciertos episodios.

Con 60 páginas más, la novela nos hubiese dado en el gusto de extenderse más en algunos personajes, sobre todo femeninos, que sólo quedan insinuados, pero dejando en evidencia que eran personas con mucho más peso que el que parecen tener.

No me voy a detener en criticar cuestiones formales, sino que sólo dejo mi protesta para decir que a la industria editorial de nuestro país le falta mucho para estar a la altura de los escritores chilenos.

¿Y la distribución?

Novelas como ésta merecen una amplia cobertura de vitrinas.

 

 

 

 

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Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.

En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).

Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).

En la actualidad es columnista y redactor estable del Diario Cine y Literatura.

 

«Mundos ingrávidos y gentiles», de Pablo Errázuriz (Edisur, 2025)

 

 

 

Jaime Hales Dib

 

 

Imagen destacada: Pablo Errázuriz Montes.