Hoy le dije a mi amigo Eduardo Dockendorff como respuesta única por el Premio Pritzker de Smiljan Radić que los arquitectos nos han empatado a los escritores: dos Nobel cada uno, más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.
Por Jaime Hales Dib
Publicado el 13.3.2026
Mi amigo el arquitecto Eduardo Dockendorff Vallejos regresó a sus tierras de Biobío, subió la montaña y en terrenos colindantes con el río y los tradicionales emplazamientos aborígenes, levantó su casa al estilo Neruda: sólo con la ayuda de un trabajador local.
Hace años vive allí y su espacio hoy colinda con el enorme embalse que se creó sobre los cementerios y espacios hogareños de comunidades locales. Hace unos noches me envió un WhatsApp para hacerme saber la gran noticia: por segunda vez un arquitecto chileno gana el Premio Pritzker, comparado con el Nobel, pero para los arquitectos.
Alejandro Aravena en 2016 y Smiljan Radić en 2026 son los dos arquitectos chilenos que han recibido este galardón. No hay premio mundial más importante en esta profesión que ése y esto pone de relieve la importancia de los arquitectos formados en nuestro país, quienes, como pasa en otras áreas, no son los más contratados para construir los grandes proyectos que dominan el paisaje de las ciudades.
Porque las razones para darle este premio no tienen que ver con edificios enormes situados en las grandes avenidas de Santiago u otras metrópolis del mundo. Su obra ha sido definida como «profundamente experimental y sensible al paisaje», dando un nuevo carácter, mediante su trabajo, a la relación entre la experiencia humana, la naturaleza y la arquitectura como disciplina esencialmente humanista.
Se destaca «una trayectoria marcada por una mirada radicalmente personal sobre el espacio construido, donde la fragilidad, la memoria del lugar y la experiencia humana ocupan un rol central», según nos dice la revista NOW-MAG.
El mismo comentario señala que «su trabajo propone lugares que dialogan con su entorno, combinando lo artesanal con lo tecnológico, lo natural con lo artificial y lo permanente con lo temporal».
Por su parte, el jurado al otorgar el premio señala la capacidad del galardonado de construir espacios con «inteligencia emocional», capaces de generar refugio y empatía en quienes los habitan.
Y luego agrega el mismo ente calificador: «A través de una obra que se sitúa en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radic prioriza la fragilidad sobre cualquier pretensión infundada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida».
Y basta. Porque con eso queda claro que la arquitectura no es cualquier cosa ni una mera técnica: es una variedad de arte que integra el humanismo, la naturaleza y… la poesía. Porque la poesía es belleza, síntesis, lenguaje propio, metáfora y ritmo, igual que estas obras arquitectónicas.
Chile tierra de arquitectos
Pablo Neruda, al terminar lo que hoy se llama enseñanza media, entró a estudiar arquitectura. Entendía que era la profesión que más lo hermanaba con la poesía, pero no se la pudo con la matemática que lo llevaba hacia la racionalidad. Neruda quería poesía y se fue.
Él, luego de la gran Gabriela Mistral, recibió el Nobel de Literatura.
Hoy, le dije a Dockendorff, como respuesta única, «los arquitectos nos han empatado». Dos Nobel cada uno. Más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.
Y vuelven a hermanarse estas dos maravillas de la creatividad cuando miramos que esas cúspides sólo se explican porque bajo ellos han una pirámide de cultores de la disciplina. Miles de poetas, de los cuales más de un centenar pueden ocupar lugares destacados a nivel americano y mundial. Tras estos dos arquitectos hay miles de profesionales que han ido dando vida a la arquitectura desde hace un siglo y permitiendo que se construya esa pirámide.
Aquellos «locos» de la Universidad Católica de Valparaíso que instalaron sus construcciones en Ritoque; los jóvenes arquitectos de la Universidad de Chile, que dio origen además a artistas de verdad; los famosos y brillantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que se convirtieron en estrellas de las páginas sociales.
Saint Jean, Echenique, entre los mayores —¿será lícito nombrar a mi hermano Patricio y su generación 1973—, Iván Bravo entre las nuevas generaciones y tantos otros que con su trabajo constante, su creatividad, su audacia, su constancia, su decisión, sus esfuerzos, han ido generando un trabajo que lleva a los arquitectos chilenos a la gloria mundial.
Poetas y arquitectos. Hay pocos poetas entre los arquitectos, porque ellos hacen la poesía con su disciplina propia. Son los ingenieros y los abogados que, para contrarrestar el racionalismo exacerbado de sus estudios, deben buscar en la poesía la opción de humanidad y belleza.
Andrés Bello quería ser poeta. Casi lo logró e incluso se permitió licencias de ese tipo en el propio texto del Código Civil.
Chile tierra de poetas. Ahora diremos: y de arquitectos.
(Cuando Dockendorff se instala en Alto Biobío, desde donde baja a pueblo pocas veces en el año, hace un acto de creación poética que trasciende sin ser trascendental, sino sólo una gran gota de agua para la copa de celebraciones de Chile)
Para finalizar, anoto algunas obras destacadas de Smiljan Radić: restaurante Mestizo en el Parque Bicentenario de Santiago, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el Teatro Regional del Biobío en Concepción, la Serpentine Pavilion 2014 en Londres, el Pabellón XXII Bienal de Arquitectura de Chile.
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Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.
En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).
Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).
En la actualidad es columnista y redactor estable del Diario Cine y Literatura.

Jaime Hales Dib
Imagen destacada: Smiljan Radić.
