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[Crónica] «Voces del agua»: Para leerlo junto al susurro de la humedad

En la obra del poeta chileno Theodoro Elssaca hay conocimiento, búsqueda del ser, una razón filosófica que lo mueve e incita a ir más allá, y donde a veces, se oye hablar a la sabiduría, por boca del búho de Palas Atenea, que el autor traduce al lenguaje de este tiempo.

Por Edmundo Moure Rojas

Publicado el 15.1.2026

Theodoro Elssaca nació el 25 de julio de 1958, el Día del Apóstol Santiago. Publica en el año 1983 Aprender a morir y en 1984, Viento sin memoria.

(Extraigo estos datos de su propia biografía en la inmensa enciclopedia virtual de la web; menciono lo del patriarca Sant Yago de Galicia, porque Theo ama esa tierra y fue allí agasajado por nuestros hermanos y referentes culturales de Sada, hace un lustro).

De allí le vendrá, digo, el prurito de incansable viajero y su inclinación a las aventuras riesgosas, como la del Amazonas, que ha narrado con la eficacia de quien sabe contar lo vivido. Así lo cuenta él mismo (cambio la tercera persona por la primera):

«En esos años fui invitado a Frankfurt por el presidente de la Feria Internacional del Libro de Alemania, donde residí. En mayo de 1985 mi obra poética es incluida en una lectura de escritores iberoamericanos en el Salon du Livre, en el Grand Palais de Paris, ciudad a la que me trasladé a trabajar. Comenta Manuel Francisco Mesa-Seco sobre esas obras: ‘nos eleva su imaginación fértil, su palabra rotunda, su espíritu filosófico naturalista'», explica Elssaca.

Continúa, Theodoro: «A fines de los ochenta regresé a Chile, para involucrarme en nuevos proyectos de artes visuales y literatura. Como artista visual, mis exposiciones tienen carácter itinerante, entre otras menciono: ‘El sur del mundo’, ‘América y Neruda’, ‘Fotobiografías’, ‘Carnaval de Venecia’, ‘Cuzco y Machu Picchu’, ‘Amazonas’, ‘Africa sangre negra’ e ‘Isla de Pascua, hombre-arte-entorno’, que origina la edición del centenario, en el año 1988, de un libro-portafolio bilingüe, de colección».

Para realizar este nuevo desafío el autor chileno trabajó con el paleohistoriador y asesor de Jacques Cousteau y parte de su equipo para Melanesia, Micronesia y Polinesia.

La obra de Elssaca exhibe su visión e investigador creativo sobre la realidad y una voluntad de trascendencia a través del arte, vivido, como él afirma: las veinticuatro horas del día. Surge entre nosotros, sus compañeros de inquietudes y sueños, con su entusiasmo desbordante y un impulso irrefrenable de compartir sus afanes, desde una caballerosa amabilidad que lo distingue.

 

Sobre la base de conceptos poéticos esenciales

Hablemos ahora de su reciente libro, Voces del agua, pronto a ser presentado.

Un libro-objeto, en el sentido de su notable formato de 25×25, tapas duras en grueso papel opaco, que contiene, como reza en su portada: «115 navegaciones poéticas» (poemas), con «acuarelas caligramáticas realizadas por el autor».

También es un libro trilingüe: castellano, inglés y francés, en 287 páginas gráficamente impecables y un diseño que confirma su pericia de «artista visual». Siete capítulos o momentos o estados de la «voz del agua»: Invocaciones, Torrente, Mare Nostrum, Bardo Náutico, Prisma. Yo Mitológico y Astrolabio.

Vamos al contenido, amigo Theo. Hay poemas bien logrados, que corresponden al propósito estético que describes en la introducción:

«Aunque todas las aguas son la misma agua, al plantear este libro quise componerlo sobre la base de conceptos poéticos esenciales: por una parte, la verticalidad de las aguas dulces y fluviales; por la otra, el horizonte de las aguas saladas de los mares y océanos».

Hielo
dejas de ser eterno
blancura que mana gota a gota

desde gélida cúspide
tañido ceremonial del bronce
penden vibran cónicos carámbanos

fluvial meseta tibetana
manando entre las profundas
gargantas del Indo

¿Qué beberán los sabios
cuando se extinga el último recuerdo?

Canta aquí la experiencia viva del viajero que escucha y siente el fluir del agua desde los encumbrados manantiales del «techo del mundo».

El agua es murmullo, sonido y quietud final para reflexionar sobre el misterio de la vida y la pregunta sin respuesta del devenir.

 

En el lugar ameno

Señalo otros poemas que recogen parecidos ecos desde la voz del agua, entendida como el lenguaje más universal de la Tierra (Bachelard, dixit), quizá porque también el fuego tiene su propio decir (pronto, Theo, nos hablarás de eso; alguien me lo contó, tal vez haya sido del agua la infidencia).

Así con «Padre Nuestro»: «Zarpamos serpenteando río abajo, reinos marinos, fluyen ríos estelares, por mi conciencia, círculo el agua en su carácter efímero, adonde vaya, sumergido por oleajes».

Este es un libro para leerlo junto al susurro del agua, ese que pronuncia la palabra vida, ese que en su silencio nos habla de la muerte. Porque el agua pareciera serlo todo; como escribió un poeta: «si Dios existe, su forma es el agua».

Con todo, en tu lenguaje, amigo Theo, hay conocimiento, búsqueda del ser, una razón filosófica que te mueve e incita a ir más allá. A veces, se oye hablar a la sabiduría, por boca del búho de Palas Atenea, que tú traduces al lenguaje de este tiempo.

Eso está en tus Voces del agua, sin duda, y en alguna medida nos refresca y devuelve la esperanza, pese a que también el agua nos desasosiega con sus claros agüeros.

Sé que este libro ha sido para ti un gran desafío —de esfuerzo y horas no hablaremos; sería de mal gusto—, y tu entusiasmo lo ha concretado en sus páginas.

Pero debes estar consciente —debemos estarlo siempre— que la poesía se construye a partir del lenguaje, en este caso en íntima correspondencia con el objeto inspirador; el castellano nuestro posee cientos de miles de vocablos; el léxico del agua es infinito y jamás podríamos aprehenderlo y descífralo.

Esto lo experimentaron, sobre todo, los místicos; por eso Fray Luis de León escogió como paraíso el «lugar ameno».

Cierro esta breve crónica con la sensación de no haber escuchado en todas sus páginas el balbuceo, el canto, el grito, el lamento, es decir las múltiples voces del agua. Un abrazo y volveré a la lectura de sus cauces.

 

 

 

 

 

***

Edmundo Moure Rojas (1941), escritor, poeta y cronista, asumió como presidente titular de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech) en 1989, luego del mandato democrático de Poli Délano, y además fue el gestor y fundador del Centro de Estudios Gallegos en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, casa de estudios superiores en la cual ejerció durante once años la cátedra de Lingua e Cultura Galegas.

Ha publicado veinticuatro libros, dieciocho en Sudamérica y seis de ellos en Europa. En 1997 obtuvo en España un primer premio por su ensayo Chiloé y Galicia, confines mágicos. Uno de sus últimos títulos puestos en circulación corresponde al volumen de crónicas biográficas Memorias transeúntes.

Exdirector titular del Diario Cine y Literatura (2020 – 2024), en la actualidad ejerce como la cabeza visible y responsable de la prestigiosa casa impresora Unión del Sur Editores.

 

«Voces del agua», de Theodoro Elssaca (Ediciones Iberoamericana, 2025)

 

 

 

Edmundo Moure Rojas

 

 

Imagen destacada: Theodoro Elssaca.

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