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«El affaire de Sarah y Saleem»: Traiciones movidas por el viento

El análisis desde las ciencias políticas y sociales que ofrece el profesor titular de la Universidad de Santiago de Chile, acerca del notable filme del realizador palestino Muayad Alayan, quien nos lleva a convertir un asunto amoroso en una cuestión trascendental, con oficiales, abogados, fiscales y periodistas involucrados. Todavía en cartelera, en la sala El Biógrafo de la capital.

Por Cristián Garay Vera

Publicado el 24.4.2019

Esta obra, del director palestino Muayad Alayan, es una pequeña obra maestra que destaca por su visión caleidoscópica. Empieza con un tema de amor y de engaños cruzados entre Sarah (Ishai Golan), esposa de un oficial superior israelí, y Saleem Mousa (Sivane Kretchner), un repartidor y chofer palestino con una mujer embarazada, Bisal (Maisa Adeeb Safadi). Y termina en una tragedia policial y política donde se reflejan las relaciones entre palestinos e israelíes. En una Belén, partida social y étnicamente por un muro, la vida de los protagonistas es como la brizna mecida por el viento, sin que ellos puedan hacer mucho por remediarlo.

Basado en una historia real y escrita por su hermano, Rami Alayan, el largometraje empieza con un tórrido romance entre Sarah, mujer aburrida de su marido, y Saleem, que sin culpas se entromete con la dueña de un café en el lado israelí, a la cual lleva la repartición de insumos. Es un amor clandestino, en el que las largas jornadas de trabajo nocturno son, en verdad ratos de pasión. El engaño es cruzado. Mientras tanto la guerra entre palestinos e israelíes sigue su curso con balaceras e incursiones hacia el otro lado, el árabe, con una economía más precaria y que contrasta con el confort del otro lado.

Pues bien, en una de esas noches Sarah decide pasar al otro lado. Y finalmente terminan en un bar, donde Sarah y Saleem tienen un incidente con un lugareño llamado Shariff. Es aquí donde empieza la tragedia.

Resulta que el hombre es cercano a la inteligencia palestina, que secuestra al chofer pensando que es un agente al servicio de los israelíes. Al mismo tiempo, otra tensión agita a Saleem, su cuñado, Mahmoud (Mohammad Eid), quien paga sus cuentas y establece un control sobre su vida. Y que interviene de modo desastroso en el secuestro ligándolo a una ficticia operación de inteligencia palestina, que implica a su amante.

La “solución”, que sería puramente burocrática, se enreda cuando los israelíes en una incursión -donde matan el jefe de la inteligencia palestina Abu Ibrahim (el mismo que le hace firmar papeles falsos)-, se apropian de los papeles de la oficina y de su declaración.

Esos documentos son la perdición. Saleem es acosado y golpeado por los agentes israelíes, dado que se le acusa de reclutador de palestinos. La búsqueda del nombre de la mujer se transforma en una tragedia familia para el esposo, David, al cual todas las investigaciones llevan, y que tendrá consecuencias para su carrera y su vida familiar.

Manteniendo la incertidumbre, el director, Muayad Alayan, nos lleva a convertir un asunto amoroso en una cuestión política, con oficiales, abogados, fiscales y periodistas. Poco a poco la mujer de Saleem, Bisan, se da cuenta de la traición de su marido. Y David (Maisa Abd Elhadi), de la de Sarah.

La investigación se torna inclemente para los adúlteros. Como le dice la dependienta de Sarah, se pudo haber metido con cualquier compatriota, no con un palestino. La supervivencia hace que Sarah diga cosas falsas, pero eso no salva la carrera del oficial.

Finalmente, se sabe que el palestino será objeto de una condena, quizás mitigada por un último acto de valentía de su amante. Pero entonces, uno es héroe, la otra traidora. Y entre medio, una mujer da a la luz un niño, que exige el divorcio, su pequeña reparación ante la inmensa traición de obviar su embarazo.

Hay, en el último cuarto de la película una convergencia entre ambas mujeres, dos estilos de vida, dos etnias distintas, que da un ritmo más femenino a un relato que en principio es fundamentalmente masculino. La abogada y las dos mujeres, son las únicas verdaderamente interesadas en aclarar la verdad que para las sociedades en conflictos ya está muy clara.

La cortina que cierra la escena previa a la audiencia judicial, deja en incertidumbre la resolución. La fotografía (el mexicano Sebastián Bock), con una cámara nerviosa que recorre los sectores de Belén, da el cuadro de una fragmentación territorial, mental y étnica. Un clima de suspenso y tensión bien logrados por el cineasta, un gran largometraje, y un tema universal. Una película de amor, que es también de espionaje y de política, tan compleja como Juego de lágrimas (Neil Jordan, 1992) sobre otra tragedia similar, la del norte de Irlanda.

 

El affaire de Sarah y Saleem (The reports on Sarah and Saleem). Dirección: Muayad Alayan. Guion: Rami Alayan. Fotografía: Sebastián Bock. Música: Fran Gelat, Charlie Rishmawi, y Tarek Abu Salameh. Elenco: Maisa Adeeb Safadi, Sivane Kretchner, Ishai Golan, Abd Elhadi, Hanan Hillo, y Mohammad Eid. Palestina / Holanda/ México, 2018. 127 minutos.

 

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Cristián Garay Vera es el director del magíster en Política Exterior que imparte el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, casa de estudios de la cual además es profesor titular.

 

Los actores Adeeb Safadi y Sivane Kretchner en una escena de «El affaire de Sarah y Saleem»

 

 

 

 

Cristián Garay Vera

 

 

Tráiler:

 

 

Imagen destacada: Los actores Adeeb Safadi y Sivane Kretchner en una escena de El affaire de Sarah y Saleem.

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