[Ensayo] «El río de la conciencia»: La pasión de la curiosidad

Esta obra póstuma del neurólogo y escritor británico de origen judío Oliver Sacks —como todas las suyas—, es una defensa de la avidez humana que resplandece y nos invita a seguir despiertos, inquisitivos y dispuestos a jugar como cuando éramos niños asombrados a orillas del mar o ante las manchas en la alas de una mariposa.

Por Alfonso Matus Santa Cruz

Publicado el 20.2.2026

En 1892 el geólogo suizo Albert Heim llevó acabo el primer estudio sistemático sobre la percepción temporal y los estados mentales de treinta personas que habían sobrevivido a caídas en los Alpes. En su informe Heim observó: «El tiempo se dilataba enormemente. En muchos casos el individuo experimentaba una repentina revisión de todo su pasado». La emoción que permeaba dichas experiencias limítrofes entre la vida y la muerte era una profunda aceptación.

Con todo, este hallazgo en la historia de la ciencia es, como muchos otros, una conjunción de serendipia y curiosidad obsesiva protagonizada por alguien que no ha sido invitado a la fiesta. ¿Qué hace un geólogo preguntándose por la fenomenología de la percepción humana al borde del despeñadero?

Las preguntas, es sabido, no tienen dueño; acaso yacen en viaje continuo a la espera de una mente inquisitiva, de alguien poseído por la curiosidad, con la voluntad de bajarlas a tierra y usarlas como punto de partida para investigar hasta las últimas consecuencias.

Es este el espíritu que atraviesa toda la obra del neurólogo y escritor Oliver Sacks (1933 – 2015), que apunta el descubrimiento de Heim en su ensayo Velocidad, en donde estudia la percepción temporal de la mente humana y trae a colación a H.G Wells, William James, Hannah Arendt y una pléyade de neurólogos, filósofos, referencias cinematográficas y literarias.

Así, este precioso entramado de ideas en una prosa adictiva, tan evocativa como precisa en sus referencias y derivas, es lo que configura los diez ensayos que forman parte del último libro que dejó preparado para editar en vida: El río de la conciencia, cuya edición en castellano viene por cuenta de Anagrama, en esta ocasión en su colección de libros Compactos.

 

Nada humano le es ajeno

Volver a leer a Sacks es siempre una gozada, un paseo por la memoria de un hombre de una curiosidad impenitente, de un rigor científico que no se ahorraba riesgos y no cejaba en sus ímpetus por descubrir qué les ocurría a sus pacientes, además de leer y releer las obras de sus científicos predilectos, como fueron Darwin, Freud y William James.

Su obra se comenzó a popularizar gracias al enorme impacto de la película Awakenings, basada en su libro homónimo, en que Robin Williams actúa de Sacks durante el extraordinario despertar de un grupo de pacientes a su cargo, que sufrían de encefalitis letárgica en un psiquiátrico, gracias a la administración del fármaco L-dopa.

Aunque la materia prima de sus libros iniciales fueron algunos de los casos clínicos más excepcionales que le tocó tratar en primera persona, con el transcurso del tiempo fuimos descubriendo la envergadura verdadera de su curiosidad: desde la botánica a la química, la revisión de descubrimientos científicos adelantados a su época, la pasión de Darwin por las flores y la carrera soterrada de Freud como neurólogo, entre muchos otros temas, han sido iluminados por la pluma espléndida de Sacks.

Un humanista de bata, un científico abierto ante las anomalías y la textura de las experiencias subjetivas, un erudito que entrama una serie de referencias y temas con la destreza de un narrador consumado.

Oliver Sacks nunca aburre, explora las complejidades de ese elusivo punto de fuga que nos articula y nos hace humanos: la conciencia. Siempre va armado con el microscopio del entomólogo y el pincel del pintor.

En efecto, su pasión temprana por los escarabajos, sus reflexiones sobre los estudios de Darwin sobre las orquídeas, su ensayo sobre la experiencia del juego y la creatividad en que dialoga con Susan Sontag y Merlin Donald, además de sus apuntes sobre la conciencia que abre y cierra con referencias a Borges, nos entregan la imagen de un hombre renacentista, un investigador apasionado y un escritor al que nada humano le es ajeno.

Su último libro puede ser tanto un testimonio de su legado como una puerta de entrada al resto de su obra, lo hayan leído antes o no, seguramente querrán seguir acompañándolo en sus incursiones por las geografías mentales.

Esta obra, como todas las suyas, es una defensa de la curiosidad humana que resplandece y nos invita a seguir despiertos, inquisitivos y dispuestos a jugar como cuando éramos niños asombrados a orillas del mar o ante las manchas en la alas de una mariposa.

 

 

 

 

 

***

Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.

Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«El río de la conciencia», de Oliver Sacks (Editorial Anagrama, 2025)

 

 

 

Alfonso Matus Santa Cruz

 

 

Imagen destacada: Oliver Sacks.