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[Ensayo] «La mujer del cuadro»: Los sueños de un hombre común

El filme del mítico realizador alemán Fritz Lang despliega en sus secuencias las características propias de una simbólica narración audiovisual, y la cual pretendería dentro de esa intencionalidad parabólica, entregar una suerte de educación moral y religiosa, a través de los dispositivos propios del denominado expresionismo germano.

Por Franco Bedetti

Publicado el 15.6.2023

La mujer del cuadro (The Woman in The Window, 1944) tiene la cadencia de las parábolas bíblicas. Según Patrick Mcgilligan: «En las películas de Fritz Lang la frecuente influencia simbólica de temas católicos es patente».

A esto podría agregarse el hecho —referido en sus Entrevistas editadas por Barry Keith Grant— de que: «aunque Lang quería que se le conociese como ateo, más tarde se describiría a sí mismo como ‘nacido católico'».

Cabría recordar, quizás, que las parábolas no son fábulas, ya que en estas no intervienen personajes animales con características humanas, sino que son narraciones que tienen la intención de dar una educación moral y religiosa, revelando una verdad espiritual a través de comparaciones.

No obstante, en este clásico de Fritz Lang no existe tal intención —o mejor dicho, podríamos prescindir de su existencia o del debate sobre la misma—. En cambio, nos convendría atender al aspecto formal para decir —a partir de su análisis— que lo que tiene de parábola bíblica esta película es la carcasa, el molde, la estructura, el esqueleto narrativo, la cadencia.

Es decir, hay un ambiente (un Gentlemen’s club en New York), una acción (la fascinación de un hombre frente al retrato de una mujer), un dilema moral (las peripecias amorosas de un hombre casado: un qué hacer frente a la tentación).

Pero, ¿hay un juzgamiento moral del infiel o en realidad asistimos a la exposición de los deseos reprimidos de «un hombre común», y en todo caso, la intención es cuestionar la moral católica desde la moral católica? ¿Asistimos a un juicio o a una exposición del «estado de la cosa»?

 

La luz es un latido

Si observamos el comienzo de la película, podemos advertir que la estructura formal del dilema propio de la parábola bíblica, también se expresa en lo estrictamente filmográfico. En una estación de tren, el profesor Richard Wanley (Edward G. Robinson) se despide de su esposa e hijos, que parten de vacaciones. En este momento la cámara los sigue en travelling hacia la derecha.

Luego, tiene lugar el cambio de escena: Wanley camina solo por la ciudad en sentido contrario hasta llegar a la vidriera en la que ve por primera vez a «la mujer del cuadro». El dilema entre una vida convencional (travelling hacia la derecha) y otra más excitante (travelling hacia la izquierda) queda planteado.

¿Podría leerse en esta serie de travellings contrapuestos un uso del recurso de anticipación? Considero que es posible y que, además, la presencia de la anticipación se da también y muy especialmente en las palabras de los amigos de Wanley —Frank Lalor y Dr. Michael Barkstane—, cuando lo invitan a salir.

Primero, uno de ellos le dice que muchas veces las cosas menos pensadas surgen de un impulso, o de un hecho casual, y los problemas también («troubles starts to the little things», le dice Frank Lalor mientras fuma un habano); inmediatamente Dr. Barkstane se para, mira a Wanley y riendo a carcajadas le dice —validando la palabra de Frank— que así tal cual le pasó a él cuando soñó con la estrella hollywoodense Lana Turner.

En las palabras de los amigos de Wanley se anticipa gran parte de la trama e incluso el final de la película: Wanley comienza a tener problemas a partir del seguimiento de su impulso, cuando la mujer del cuadro aparece casualmente, y luego, resulta que todo era un sueño, como el sueño que su amigo tuvo con Lana Turner.

Atendiendo a los aspectos propios del filme noir, se podría decir que en La mujer del cuadro no hay una femme fatale «prototípica» (como en El halcón maltés donde la mujer además de ser seductora es sinónimo de cierta perfidia y maldad), sino una mujer que se nos presenta como víctima de una circunstancia fortuita que lleva a sus pretendientes a cometer un crimen.

Cabría agregar que la figura del detective no está presente en el rol protagónico, ni mucho menos en el centro de la acción dramática, el que investiga es Frank, un personaje importante, pero lateral. Asistimos al vívido y desafortunado sueño de un hombre común que lejos de ser un detective privado es un profesor universitario.

Sin embargo, lo noir está presente en otros elementos: la clara influencia del expresionismo alemán del cual Fritz Lang es considerado parte, por ejemplo.

En este sentido, el juego con los reflejos, el momento en que aparece la mujer del cuadro y Wanley la ve reflejada en la vidriera con su brillante vestido negro, sí, negro, bien negro para generar el contraste lúminico con la vereda y las paredes de exteriores.

Reflejos, juegos de luces, pero sobre todo suspicacia en el uso de la luz: hay menos luz en las escenas en las que se asesina, hay más luz en las escenas familiares y de la vida cotidiana. La luz es un latido, una identificación sinestésica entre el espectador y los sentimientos y las acciones de los actores.

 

Si de símbolos hablamos

Por último, me gustaría mencionar dos cosas, en primer lugar, la presencia de la teoría psicoanalítica freudiana, habitualmente señalada por la crítica, desde la escritura que figura en el pizarrón en el comienzo del filme:

«Sigmund Freud. División de la vida mental. 1) Inconsciente, preconsciente, y consciente. 2) Yo, super-yo, y ello», pasando por la noción del sueño como el ámbito de la expresión del deseo, a la posible representación literal del esquema psíquico: yo, super-yo, y ello en las figuras de Wanley y sus dos amigos.

En segundo lugar, quisiera hacer mención del homenaje, o lo que yo llamaría «la inherente referencia» a La vida es sueño de Calderón de la Barca. Wanley es nuestro Segismundo, ambos encarnan el símbolo de la búsqueda de la libertad del ser humano para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino: el tópico del libre albedrío.

Pero si de símbolos hablamos, quisiera cerrar advirtiendo la tremenda carga simbólica que tiene el hecho de que Wanley se duerma leyendo, nada más ni nada menos que El cantar de los cantares, el cual como sabemos es un libro único en la Biblia, que no encaja en ninguno de los principales géneros bíblicos: no se ocupa ni de la Ley, ni de los profetas, no es propiamente un libro sapiencial, ni examina tampoco la alianza y ni siquiera se ocupa de Dios.

En El cantar, los amantes se encuentran en plena armonía, y sienten un deseo mutuo y se regocijan en su intimidad.

 

 

Bibliografía:

—Lang, Fritz. Fritz Lang: Interviews. University Press of Mississippi.

—Mcgilligan Patrick (1998). Fritz Lang: The Nature of the Beast. St. Martin’s Press.

 

 

 

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Franco Bedetti nació en Casilda, Santa Fe, Argentina, en 1993. Es profesor en letras titulado en la Universidad Nacional de Rosario y actualmente se desempeña como profesor adscripto en la cátedra de Literatura Iberoamericana II, en la misma Casa de Estudios.

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Franco Bedetti

 

 

Imagen destacada: La mujer del cuadro (1944).

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