«La conversación»: Para terminar el verbo de los sueños en el Chile convulso

El realizador cinematográfico de «Schopsui» (2010) y productor ejecutivo de la premiada «Y de pronto el amanecer» (2017), de Silvio Caiozzi, se suma al debate artístico y cultural impulsado por este medio, en relación a los profundos significados históricos de los eventos que sacuden al país desde la madrugada del viernes 18 de octubre.

Por Edgardo Viereck S.

Publicado el 25.10.2019

Lo que se ha visto en la última semana, no es otra cosa que un viaje hacia la verdad. El mismo que Chile inició hace más de medio siglo, con una conversación que se interrumpió de golpe y que, en algún momento, había que retomar porque era necesario concluirla.

En estos días me he preguntado, ¿y en qué estuvimos todos estos años? ¿Con qué llenamos tanto silencio?

Pertenezco a una generación que vio el quiebre de la democracia casi en la falda de sus padres y creció en dictadura, aprendiendo a no conversar mucho porque era peligroso, desconfiando hasta de su propia sombra por temor a la represión, y mordiendo la rabia de no poder expresarse libremente. Cuando retornó la democracia, nos imaginamos que la conversación ahora si se concluía pero resultó que no, porque la nueva conversación, aquella en la que sólo unos pocos escogidos podían participar, agarró otro rumbo y se transformó en negociación. Y los que seguimos haciéndonos preguntas, de a poco fuimos quedando excluidos, apartados y convencidos de que “estábamos mal” porque no había otro camino y porque, si queríamos ganar democracia, debíamos perder algo de esa tan ansiada verdad. Se nos pidió dejar de insistir. En definitiva, debíamos preocuparnos de otra cosa, rehacernos de cero, casi nacer de nuevo y olvidar. Asumir. Callar. Aceptar. La política es el arte de lo posible, es algo que se nos repitió una y otra vez.

Entonces hubo que inventarse una vida, un nuevo “no-yo” para no caer en una suerte de locura en la que nos consumiera la rabia y el resentimiento. Entonces vino la realización personal, la búsqueda del éxito, de la estabilidad económica, de los pequeños gustitos que dieron paso a los grandes placeres, y de ahí al endeudamiento crónico había un sólo paso. De pronto nos vimos convertidos en individuos en el peor sentido de la palabra, y lo peor, nos habíamos olvidado de estar con nosotros mismos; ya ni sabíamos quienes éramos porque dejamos de conversar con ese “antiguo yo” que dejamos abandonados en el ático de nuestro pasado juvenil, cuando lo único que teníamos en los bolsillos era un puñado de sueños.

Estábamos en eso cuando, hace una semana, prendimos la tele y vimos incrédulos que había otros dispuestos a hacer lo que nosotros no nos animamos a hacer antes: volver a conversar de lo que hay que conversar. Y entonces ahora, este viaje hacia a la verdad nos pega ahí en la zona baja del estómago. El espasmo durará un buen rato y, en el vértigo que nos produce todo lo ocurrido, habrá que agarrase muy firme de lo único que puede mantenernos en pie: aquello que somos y de lo que estamos hechos. Es una vuelta al origen. Una Epifanía. Una invitación a buscar respuestas que vendrán desde la filosofía y desde la historia. Es decir, desde lo que hemos sido y lo que somos. Y doy gracias a la vida que nos da esta oportunidad porque, pase lo que pase, siempre será mejor intentar averiguarlo, antes que irnos de este mundo convencidos de que nuestra honestidad era un error. Hay que terminar esta conversación. Aunque duela.

 

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Edgardo Viereck S. (1966) es un cineasta y productor audiovisual chileno.

 

Edgardo Viereck

 

 

Crédito de la imagen destacada: Quilapayún en una concentración en apoyo a la UP, por María Julia Pérez.