“Las horas más oscuras”: Churchill solo frente a Hitler

Un connotado especialista en el estudio y la memoria de las relaciones internacionales analiza el largometraje del realizador londinense Joe Wright (actualmente en cartelera y con seis nominaciones para los próximos Premios Oscar), desde la perspectiva de su disciplina, recalcando el trasfondo político de la resistencia británica frente al Tercer Reich en los albores de la llamada Batalla de Inglaterra, la cual fue liderada victoriosamente por el singular Primer Ministro conservador.

Por Cristián Garay Vera

Publicado el 6.2.2018

Los hechos relatados en la película, salvo algunas concesiones a lo políticamente correcto (como el supuesto dialogo entre el Primer Ministro y un afrodescendiente en el Londres de 1940), se ajustan a lo ya sabido respecto del rol determinante de Winston Churchill para oponerse a Hitler. No solo está de John Lukacs Cinco días en Londres mayo de 1940. Churchill solo frente a Hitler (Fondo de Cultura Económica / Turner, 2001) sino el best seller histórico en que se basa esta obra, del mismo nombre y disponible en librerías, donde día a día se va mostrando la desesperanza y el avance arrollador de las tropas de Hitler ese año de 1940.

Una película notable en su belleza. Aprovechando la inclinación a los planos cercanos, y alternando la vida doméstica con la de la conducción de la guerra. Notable el rol dado a su mujer, Clementine, interpretada por Kristin Scott Thomas-, tan particular por lo demás que le llamaba pig (cerdo) cariñosamente. La cinta se inicia y se cierra con una hermosa visión del debate parlamentario donde se derriba el gobierno de Neville Chamberlain. Lleno de interpelaciones y donde -por costumbre británica- se puede utilizar el vocablo shame (vergüenza). Y vergüenza daban las cesiones de Chamberlain para una paz prolongada: fue famosa su frase cuando consiguió el acuerdo por Checoslovaquia, diciendo hemos conseguido la paz por generaciones, y poco después en 1939 la guerra se reiniciaba. Nada de ello sirvió, el régimen nacional socialista no calmó sus ansias expansionistas tras la anexión de Checoslovaquia y la fusión con Austria, y el Imperio debía optar entre negociar y resistir.

El papel de Churchill es retratado sin concesiones en sus equívocos, dudas y vacilaciones, pero siempre con una idea de resistir. Un Churchill adicto al alcohol, con una dieta de terror alta en grasas, que debe decir mentiras para convencer a sus soldados y votantes, y que luego se va dando cuenta que es la verdad de la derrota, la que será la génesis de su victoria. Un Gary Oldman irreconocible, sometido a prótesis y maquillajes impresionantes que le agregan muchos años a su fisonomía, maquillado con excelencia, da vida al líder británico, cuya decisión para sobrevivir como Imperio y nación fue determinante. Usó todos los recursos, incluso el sacrificio de los propios, como la unidad del coronel Nicholson en Calais, exterminada y sin salida para permitir la evacuación de Dunkerque. Tal como en la I Guerra Mundial había hecho con un ataque de diversión donde envió a neozelandeses y australianos a morir solo para aferrar tropas turcas. Sacrificio cruento retratado en la antibelicista película interpretada por Mel Gibson, Gallipoli (Peter Weir, Australia, 1981). Era el hombre adecuado, pero manchado por este recuerdo, que fue tan fuerte que debió renunciar al cargo de Primer Lord del Almirantazgo. Su depresión fue tan violenta, que pidió y obtuvo un puesto en el frente de combate, de donde los oficiales solían no volver. Pero contra todo pronóstico, Churchill sobrevivió y su carrera política fue opaca hasta que, en la hora más negra del Imperio Británico, el Rey debe aceptar su vuelta en la división del Partido Conservador entre “pacifistas” y belicistas, para ver qué se hace frente al avance de Hitler en el continente europeo.

Una vuelta llena de dudas. El propio monarca (Ben Mendelsohn como Jorge VI) era afín al Partido de la Paz, que preconizaba negociar con Hitler y ahorrarse otra guerra mundial. En cambio, Lord Halifax (Stephen Dillane), y en principio Neville Chamberlain (Ronald Pickup), quien muere pocos después, eran obstructores de su nombramiento y verdaderos zapadores en el seno del gabinete de Guerra. Es que existía una corriente que preconizaba el entendimiento entre británicos y alemanes como razas superiores, se decía, para coexistir, admitiendo la ocupación de Europa continental. Un partido de la paz que tenía entre los suyos al Príncipe de Gales, y a un sector de la nobleza magníficamente retratada en Lo que queda del día (James Ivory, Estados Unidos / Reino Unido, 1993) donde es el mayordomo (Anthony Hopkins) quien observa pasivamente las particulares visiones de sus patrones.

Contrariamente el partido de la guerra era el pueblo. Un pueblo que estaba en la resistencia por sus libertades, y que mantenía una rígida adhesión al sistema imperialista y sus beneficios y liderazgo. Un papel coral que está solo visto en la escena del metro, pero que, de algún modo, con extrema reserva y distancia social interpreta Lily James como Elizabeth Layton, la mecanógrafa, cuyo hermano ha muerto esos mismos días en el frente de combate. Un comercio potente, una lengua franca en el mundo, un ejército pequeño, y una flota enorme eran las garantías de su situación insular, pero ahora al borde del colapso.

Churchill advirtió el peligro desde el principio. Fue frontal, y sus actitudes eran viscerales, tal como su vida era de extremos, depresiva, alcohólica, y decadentemente opulenta. Descendiente de una familia famosa, del célebre duque de Marlborough (el mismo personaje que inspira el filme “Mambrú se fue a la guerra”, de 1986), pero su talento era político y no bélico. Se equivocó muchas veces en lo estratégico, llevando al desastre a sus tropas, pero su arte era inflamar. Lucharemos en las colinas, en los puentes, en los lugares de desembarco; no ofrezco más que sangre, sudor y lágrimas; nunca tantos debieron tanto a tan pocos (por la Real Fuerza Aérea frente a los bombardeos alemanes), fueron algunas frases que han trascendido para indicar su firmeza y talante en la hora más oscura, cuando todo parecía indicar el triunfo de Hitler. Sin Estados Unidos, derrumbada Francia, caída Bélgica, el Imperio se preparaba para subsistir y esperar la hora, hasta que los primos del otro lado del Atlántico se acordaran de la lucha por la libertad, pero en ese instante Churchill estuvo solo.

 

Las horas más oscuras (Darkest Hour). Director: Joe Wrigth. Guión: Anthony McCarten. Elenco: Gary Oldman, Lily James, Kristin S. Thomas, Ben Mendelsohn, Stephen Dillane, Hannah Steele, Ronald Pickup.  Estados Unidos, 2017. 2 horas 5 minutos.

 

Cristián Garay Vera es el director del magíster en Política Exterior que imparte el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile

 

Una recreación del instante en que Winston Churchill comparece frente al rey Jorge VI, con el fin de formar gobierno en mayo de 1940, en “Las horas más oscuras” (2017)

 

Tráiler: