Los cuentos de «Lugar», de María José Navia: La soledad en frecuencia norteamericana

La sensación de desarraigo, incluso de un cierto exilio, permea el volumen, acompañado del deterioro de los vínculos familiares y de la iluminación que provee la madurez y una perceptiva inteligencia. Acá hay hijos muertos o distantes, una hermana enferma, un padre volátil. El enigma de los vínculos familiares es uno de los temas, los prejuicios que se heredan, generacionalmente, otro de los tópicos.

Por Nicolás Poblete Pardo

Publicado el 26.10.2017

Los cuentos de Lugar (Ediciones de la Lumbre, 2017) nos ofrecen una serie de revelaciones por boca de sus protagonistas (mujeres). Son ellas las que toman la palabra desde sus distintos “lugares”, aunque estas mujeres, como en un cuadro cubista, son quizá una sola y, en un juego de develamientos, nos van mostrando más y más ángulos de sus facetas como cronistas de sus realidades, a veces frágiles, temporales, siempre complejas.

El título me hace pensar en la conceptualización del antropólogo Marc Augé con su idea de los “no-lugares”, donde disecciona nuestra vida moderna a través de aquellos “no-lugares” homogéneos en los que nos encontramos en tantas ocasiones: aeropuertos, hoteles, malls. Los relatos de Lugar repasan estos  “no-lugares” donde priman espacios de circulación, consumo y una cierta (in)comunicación. En ellos se inserta, incómoda, la noción de identidad, siempre asediada por una soledad que la fachada de estos espacios no consigue erradicar.

Los personajes de estos cuentos portan las marcas de ese anonimato que los transforma en espejismos que encuentran materialización y carne solo en flashes, en la ilusión que les permite verse como parte de un orden mayor, aquella ilusión que prometen las ciudades o la inserción en un circuito cultural distinto e imposible de asimilar. Como muestra Augé, en el contexto de una globalización imparable, los cuerpos están siempre y nunca, en casa. Es esta realidad oximorónica, la de ser parte, a la vez que la de estar excluido, la que vemos en Lugar.

El volumen destaca por sus agudas observaciones sobre la idiosincrasia norteamericana; lo gringo es captado con pocas frases, a través de retazos: “Nueva York era una ciudad de fantasmas, de casas embrujadas, de mensajes dejados en un papel sobre la mesa o una nota en el refrigerador anotada con prisa”, como leemos en “Afuera”. Sofía, en “En caso de emergencia” es la extranjera, fichada como tal gracias a “su acento”. Una escena que más de alguien ha vivido en carne propia y que nos muestra esa faceta gringa, un dejo de desconfianza, de exotismo, de politeness, una mascarada malamente camuflada y que habla del temor hacia ese “otro”: “You have an accent… Where are you from?Oh Chi-li… Pinochet, red wine, Pablo Neruda”. En este relato, la protagonista aprovecha un fortuito encuentro para apropiarse de un nombre que le sirva de contacto “en caso de emergencia”, pues no tiene a nadie quien recomendar para llenar la ficha, en caso de tener que ser llevada a un hospital, en ese lugar donde vive, pero que no es “su” lugar de origen.

La sensación de desarraigo, incluso de un cierto exilio, permea el volumen, acompañado del deterioro de los vínculos familiares y de la iluminación que provee la madurez y una perceptiva inteligencia. Acá hay hijos muertos o distantes, una hermana enferma, un padre volátil. El enigma de los vínculos familiares es uno de los temas; los prejuicios que se heredan, generacionalmente. Acá también hay riñas, rencores, tristezas y resentimientos; duelos y fantasmas.

La suspicacia es otro personaje que circula por los relatos: Las parejas (masculinas) pasan a un segundo plano; son permutadas (por el padre, en “Álbum familiar”), reemplazadas en su rol familiar (como en “Rebajas”, donde la protagonista, Marce, asiste a su hermana, abandonada por el padre de sus tres hijos chicos). Los roles inter-familia reflejan la crítica entropía que experimenta la organización familiar: la abuela se hace cargo de la lactancia de su nieta, pues a la madre no le “baja la leche” en el cuento “Una por la mamá”.

El costo (monetario y psíquico) de la familia es alto. Los relatos están llenos de estas “pasadas de cuenta”. De hecho, éstos podrían perfectamente ser escenas de una narración mayor (como lo hizo magistralmente Yoko Ogawa en “Venganza”). Son esos mismos fantasmas que, como lo reprimido que retorna, aparecen y reaparecen a través de detalles y señales para acusar, reiterar la necesidad de denunciar la ferocidad de los no-lugares y sus desafortunados habitantes. “Shopping”, uno de los cuentos más ominosos del volumen, representa ese “lugar” conflictivo por su multiplicidad de signos: es el lugar del consumo y del terror. El centro comercial más moderno de Latinoamérica cobra su precio neoliberal a través de los cuerpos-víctimas de suicidas. El “vuelo” (eufemismo para referirse al salto al vacío y la muerte) que experimentan los cuerpos tiene un costo alto. La experiencia de “volar” en el mall más lujoso de Latinoamérica es la muerte.

Son los lobos marinos, en “Lobos”, los que reflejan el inconsciente y rugen con los llantos que la protagonista no puede emitir, aturdida como está por su duelo y por la pena de no haber tenido hijos con el difunto Gaspar. Hay muerte, enfermedad y añoranza en estos relatos. Los que quedan cargan cicatrices en sus cuerpos. Como las hermanas que, traumatizadas por su infancia de cuerpos gordos, planean dejar de comer hasta terminar en una clínica (“Tengo fotos de esa época. El tubo junto a tu nariz, como una medalla”); o una mujer que trota, trota y trota para erradicar fantasmas en “Salir corriendo”.

Lugar es un volumen que habla de la soledad, de la orfandad; de abandonos y promesas; de la (falsa) seguridad que ofrece la familia y la imposibilidad de realmente destrozar esa construcción social: “Cuando hay recriminaciones es porque aún hay esperanza. Debajo de esa amargura está la rabia de pensar que las cosas podrían ser distintas, podrían ser mejores. Pero esa batalla ya está perdida. Las cosas no pueden ser mejores. No van a ser mejores. Eso sí que se conjuga en todos los tiempos verbales”, reflexiona la voz narrativa en “Salir corriendo”.

 

***

Nicolás Poblete Pardo (Santiago, 1971) es periodista, profesor, traductor y doctorado en literatura hispanoamericana (Washington University in St. Louis).

Ha publicado las novelas Dos cuerposRéplicasNuestros desechosNo me ignoresCardumenSi ellos vieranConcepcionesSinestesia, y Dame pan y llámame perro; y los volúmenes de cuentos Frivolidades y Espectro familiar, y la novela bilingüe En la isla/On the Island. Traducciones de sus textos han aparecido en The Stinging Fly (Irlanda), ANMLY (EE.UU.), Alba (Alemania) y en la editorial Édicije Bozicevic (Croacia).

Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

María José Eleonora Navia Torelli

 

 

Portada del volumen de cuentos lanzado el 12 de octubre de 2017

 

 

Nicolás Poblete Pardo

 

 

Imagen destacada: Lagar, de María José Navia.